


En éste el último filme de Chabrol no descubriremos novedades en su estilo, y es que otra vez, como en sus trabajos inmediatamente anteriores a éste, la narrativa es lineal, no hay mayor profundidad o situaciones que impliquen algo más allá de esa linealidad en la historia, la narración ya no tiene los recursos pasados. Pero si bien la narrativa es un tanto convencional, todavía se aprecian muestras de la fuerza visual que siempre exhibió Chabrol, un breve guiño de esto es la secuencia de baile de Leullet con su amante, completamente oscura, ausencia de otros elementos del entorno, oscuridad total en una suerte de sótano donde practicaban y donde su esposa lo observaba todo. La película es también la exploración de la intimidad de Paul, un tranquilo y apacible detective, conservador y adverso a los cambios, vive feliz con su esposa, y es muy bien interpretado por ese gran actor francés, el siempre cumplidor Gérard Depardieu, que le imprime una serena convicción y fortaleza al personaje.

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El director y el actor. Dos grandes. |
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