
Tras iniciar cantando y haciendo sutiles y delicadas mofas de la llamada alta sociedad, el maestro Armstrong se encamina hacia una acomodada mansión, donde debe laborar junto a sus músicos. En la residencia vive la hermosa Tracy Lord (Kelly), junto a su madre, la señora Lord (Margalo Gillmore) y su pequeña hermana, Caroline (Lydia Reed), con los bríos de la inquieta juventud, hostigada del aburrido refinamiento de su mundo, y que extraña al primer esposo de su hermana, Dexter-Haven (Bing Crosby), un fracasado compositor por el que ella aún tiene sentimientos, pero ahora Caroline está por casarse con George Kittredge (John Lund). Su padre, Seth Lord (Sidney Blackmer) exitoso hombre de prensa separado de su madre, desea fotografiar la glamorosa boda de su hija, y aunque ella encuentra eso denigrante y frívolo, finalmente lo consiente. Uno de los fotógrafos seleccionados es Mike Connor (Sinatra), que llega a la casa, es recibido por una sospechosamente hospitalaria y amable Caroline, y se entera de los pormenores de la fiesta, donde también está invitado Dexter. En esa artificial reunión, Caroline hasta intercambia los roles de su separado padre con su tío Willie (Louis Calhern).


El elemento diferenciador por excelencia de esta segunda versión es el recurso musical, la música que se acopla a la narración, la enriquece, se vuelve el medio perfecto para expresar sentimientos, pensamientos, ideas, exponen los personajes todo su sentir, y hasta la niña en su momento se encarga de cantar, sin duda es una de las expresiones de un género cinematográfico que se encontraba entonces en su apogeo, en sus años dorados, lo cual hizo sentirse a los realizadores con el poder y la facultad de re-versionar grandes clásicos, como se hizo en esta oportunidad. Es bastante evidente, empero, que la decisión de versionar el clásico The Philadelphia Story no se tomó a la ligera, pues se reclutó, para combinar la historia original con el efervescente musical, a lo mejor de la escena de la música, representado por el inolvidable Louis Armstrong, y al personaje que combina dos artes, actuación y música, el legendario Frank Sinatra, dos presencias que con solo manifestar su personalidad y decir presente, realzan el filme, y es gracias a las posibilidades del musical que vemos la estupenda participación de La Voz cantando y cortejando a la hermosísima Grace Kelly, excelente recurso. Son no pocos los aciertos que vemos en esta segunda adaptación, ahora a colores, donde cambiará la forma, pero no el fondo, pues se tiene el correcto acierto de respetar la historia original -enriquecida por los elementos ya mencionados-, es el festivo y divertido relato, por momentos burlesco, de la aristocracia yanqui de la respectiva época, su frivolidad, lujos y la vacía pompa, en el que una acomodada señorita se siente indecisa de con quién quiere desposarse, ella no busca que la traten como a un monumento de porcelana, sino que la amen como un ser humano de carne y hueso. Interesante ejercicio en el que se toma el pulso a la sociedad contemporánea norteamericana, y con tonos cómicos, se muestran todas sus ligerezas, sus complejos e inseguridades. Notable remake, estupendos detalles novedosos, y claro, un reparto de primerísimo nivel, un gran musical hollywoodense.
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