lunes, 16 de julio de 2012

Tesis (1996) - Alejandro Amenábar


Me sometí al visionado de este filme decidido a darle una última oportunidad a este individuo, Alejandro Amenábar, supuesto último ejemplar de los otrora gloriosísimos cineastas ibéricos, solo para darme con la ineludible e incontestable realidad, se trata de un personaje tan extremada como incomprensiblemente sobrevalorado, cuyo cine está a años luz de los nombres españoles que plasmaron su leyenda en letras de oro en el cine. Es la ópera prima de Amenábar, otros ejercicios suyos alguna infortunada vez visioné, pero este filme siempre fue referenciado como una de sus, por así llamarlas, cumbres, por lo que especial cuidado le dediqué, y en igual magnitud, decepción coseché. El filme del español nos introduce en el sórdido mundo de las películas snuff, toda una subcultura en la que se ve inmersa una joven estudiante de ciencias audiovisuales, que prepara su tesis, casualmente sobre violencia audiovisual, pero la fémina se involucrará más de la cuenta en el proyecto, descubriendo una red insospechada de crímenes, muertes, bizarrías y verdadero morbo, en el que su propia existencia se pondrá a riesgo máximo, cuando descubra a personajes de su propia facultad involucrados en ese oscuro mundo. El film, debo decir, llamó mi atención antes de verlo por la inclusión en el proyecto de la recordada Ana Torrent, cuyo aporte ya detallaré más adelante, en una de las películas que más recordaré por haber despedazado mis ilusas expectativas.

        



En la capital de España, el itinerario de un tren es interrumpido por la muerte de un individuo, que ha sido partido en dos al tirarse a las vías. Una de las presentes fue Ángela (Torrent), que después se dirige a su universidad, a su facultad, ciencias de la información, donde prepara un proyecto sobre violencia audiovisual para el que pide apoyo su profesor, Figueroa (Miguel Picazo). Para documentarse mejor sobre el tema, acude a su compañero Chema (Fele Martínez), quien inicialmente le niega ayuda, pero que después le muestra su bien surtida colección de raros videos pornográficos y de otras severas desviaciones. Mientras Ángela observa hostigada las imágenes, Figueroa busca en la filmoteca de la facultad un film, un film snuff, pero tras verlo, Ángela lo encuentra muerto en la sala de proyecciones, y se lleva la película que veía. La revisa después con Chema, éste reconoce a la víctima del video, una chica desaparecida tiempo atrás, estudiante de la facultad, además de advertir unos raros cortes en la edición del film. Ángela se interesa en el tema, mientras Chema re visiona el filme, busca ella al dueño de la rara cámara en él usada, y su búsqueda lo lleva hasta Bosco Herranz (Eduardo Noriega), que casualmente conoció a la chica torturada, Vanessa, y la nerviosa Ángela se compromete a hacerle un reportaje al respecto.




Pero el extrovertido Bosco, tras hacerse la entrevista, llega hasta la casa misma de Ángela, le propone enriquecer su trabajo y reportaje, hasta almuerza allí y conoce a la madre y hermana de la estudiante. Mientras Chema se molesta porque ella se acerca a Bosco, rozando los celos, la fémina se siente perturbada, vigila de lejos al extraño joven. Por otra parte el profesor reemplazante de Figueroa, Castro (Xabier Elorriaga), la cita para que trabajen en la tesis, un personaje completamente vendido, que ve el cine como una industria de hacer dinero, no un arte. Chema advierte a Ángela que Castro está directamente vinculado a la muerte de Figueroa, lo cual es cierto, y poco después, la novia de Bosco, Yolanda (Rosa Campillo), le dice que la muerte de Vanessa fue real y que hay una cadena de personajes haciendo filmes de ese tipo, snuff, en la facultad. Introdúcese la pareja de estudiantes a investigar a un escondido almacén, el mismo en el que se va luz, ellos quedan encerrados y en penumbra, y Castro está detrás de todo. Cuando el profesor está perpetrando un nuevo film, Chema aparece, pelea con Castro, que termina siendo eliminado de un balazo. Parece todo resuelto, pero es Bosco quien también estaba involucrado, intenta repetir la figura con Ángela, pero la joven se libera, y lo ultima. Finalmente, Chema, herido, se recupera en el hospital, mientras los medios hacen eco de todo lo sucedido.





Comenzaré a desmenuzar el filme y las que considero sus múltiples falencias, así como algún eventual acierto, si lo hay. Para empezar, uno de los pseudo méritos por los que me referenciaban que el filme era valioso, una utilización de los espacios en off para generar un terror psicológico que jamás encontré en el filme. Un intento, sí que lo hay, los jóvenes presenciando el filme snuff, secuencias en las que supuestamente el terror no debía verse, el filme mismo del asesinato, materialización máxima del morbo y el terror, no debía verse. Amenábar afirmaba que quería jugar con las expresiones de los actores viéndola, solo jugar con sus expresiones y reacciones, jamás mostrar las sórdidas imágenes, lo cual, a primera vista, me pareció estupendo. A primera vista digo, pues eso fue antes de visionar el producto, en el que, francamente, siento que al director “le ganaron” las ganas de mostrarlo, finalmente el cineasta fue presa de la que supuestamente es una de las aristas de su filme, denunciar el hambre de morbo en los medios ibéricos. Finalmente él se convierte en exponente de lo que denuncia, pues ciertamente las ganas de mostrar el morbo le ganan, y muestra escenas de snuff -por cierto ni siquiera se sienten realmente ofensivas o chocantes, símil a lo que sucede con el personaje Chema, supuesto individuo retorcido que nunca da tal impresión, ya conociéndolo a través de la cinta-, arruinando, estropeando la intención, que ciertamente tenía buena directriz inicial, y escindiéndose por completo de un verdadero maestro en ese aspecto, Roman Polanski (con infinitiva candidez llegué a pensar que este muy menor director español llegaría a acercarse a ese auténtico terror en off del otrora genial polaco). A ese triste e infértil intento de terror sugerido y psicológico, se suman un acompañamiento musical insultante, que jamás cumple su cometido, impregnar de sordidez las acciones, sino más bien las trivializa, las acerca a baratos y trillados ejercicios yanquis contemporáneos o afines.





Se configura pues un terror –si es que realmente existe, lo cual dudo poderosamente- barato que nunca llega a cuajar, como el filme mismo, sosas investigaciones, sosos suspensos, un tema que pintaba bien, pero recibe anodino tratamiento, que realmente ya debíame anunciar lo que se venía. El tema y las sensaciones que produce el filme son tan inefectivos como el insufrible Eduardo Noriega, de lo peor entre lo peor; particularmente insoportable la secuencia en que se acerca a Ángela en su casa, intentando seducirla, qué culminación tan inútil e inservible de una secuencia. De pronto uno se pregunta si lo que se observa es un supuesto ejercicio de terror, o un infantil ejercicio de flirteos y liviandades entre jovencitos ibéricos y sus frívolos juegos de seducción; y otra lamentable secuencia, la del sueño de Ángela, es un claro ejemplo de la inefectividad y lo liviano que es el intento de aterrar de Amenábar. Pero si algo hay, en calidad de lamentable, que supera todo lo anterior, eso es sin  duda el desperdicio de una actriz que empezó como lo más cercano a un prodigio contemporáneo, Ana Torrent, a quien con tanta maestría digiriera el gigante Carlos Saura en Cría cuervos (1976), o antes Víctor Erice en El espíritu de la colmena (1973), ambos filmes en los que la entonces infante Torrent dejaba todo un mar de buenos augurios, personalmente dejó impronta en mi lo suficiente como para decidirme a darle una oportunidad a esta película, pero todo se ahoga en la inefectividad del realizador, triste desperdicio de actriz, en lo que es lo que sucede al darse la ausencia de un director de más categoría para dirigir a un buen intérprete. Durante sus dos horas de metraje se exhibe así un filme muy flojo, predecible y barato, que se siente colindando peligrosamente con los filmes yanquis contemporáneos, algo que en la actualidad terminó de plagar a este español de orígenes chilenos. Esta es su ópera prima, la que se supone es su mejor obra, y de ser así, esto ya me dijo más que suficiente, un filme en el que el final al menos desliza la doble moral y la enajenada hambre por morbo, de la gente y de los medios -y de la que no escapa el propio director, por supuesto-. Para finalizar, si una secuencia me pareció cómica fue la del anunciamiento de la muerte de Figueroa, visionando un filme, a la que Chema dice, socarronamente, "seguramente fue una película española", yo complementaria, "sí, seguramente una cinta española; sí, seguramente una cinta de Amenábar".


2 comentarios:

  1. los adjetivos para calificar la pelicula se parece mucho a lo que so nlos españoles en todos los rubros, en todos los pueblos y ciudades distintos. De los 40 millones y pico que existen los de doble moral falta de sentido comun y enceguecidos por el consumismo materialismo enfermizo son lo smás. los buenos epañoles sea del pueblo qeu sea siempre son retraidos y o mas bien ignorados

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Esa realidad no es exclusiva de España.. saludos..

      Eliminar

Posicionamiento Web Perú