martes, 31 de julio de 2012

El baile de los malditos (1958) - Edward Dmytryk


El gran director canadiense Edward Dmytryk presenta esta atractiva cinta de diversas directrices y contenidos, adaptación de la novela de Irwin Shaw, en la que cuenta con multitudinario reparto para dar vida a una historia que tiene lugar durante la Segunda Guerra Mundial, y con múltiples y controversiales enfoques. Se nos introduce en el mundo de tres soldados que se preparan para partir el combate, la mayor guerra que la humanidad conoce hasta el momento, los tres de distinto origen: uno, un oficial alemán, en constante conflicto con las filiaciones de su partido, el nazi; otro, un yanqui de origen judío, que lidiará, aparte del combate mismo, contra las humillaciones, discriminaciones y abusos de la milicia de la propia tierra que está defendiendo; y un tercero, un norteamericano relajado y buscando evadir responsabilidades, que encontrará la oportunidad de redimir su dejadez. Los tres serán las lupas por las que se irá explorando el severo enfrentamiento bélico, además de sus personales dramas e historias. Cinta de largo aliento, que cuenta entre sus principales bastiones y alicientes, al gran reparto estelar, comandado por el gigante Marlon Brando, en el peculiar papel del teniente nazi, secundado por el buen Montgomery Clift, como el judío discriminado, aún superando el accidente que apenas un año atrás sufriría durante la filmación de una cinta del mismo cineasta canadiense. Completan el muy decente reparto Dean Martin, como el yanqui, Hope Lange, Barbara Rush y May Britt como féminas a los protagonistas ligadas, y que se convertirán en influyente factor de las acciones.

        




Nos ubicamos en 1939, la víspera de año nuevo, aparece en escena el teniente alemán Christian Diestl (Brando), que pasa un momento con Margaret Freemantle (Rush), ella debe marcharse, pero, por petición suya, se queda a la fiesta de año nuevo. Es una celebración nazi, de seguidores de Hitler, lo cual incomoda a la mujer, y Christian, que los apoya tibiamente, termina por hacer que ella se retire. Después, la BBC anuncia ya el comienzo de la guerra, Francia se ha rendido a la invasión germana, que avanza también en Inglaterra, nación que se va quedando sola. En territorio francés, el teniente Diestl y su escuadrón se enfrentan a soldados locales, y, tras sitiarlos, los liquidan. Por otra parte, Noah Ackerman (Clift), judío soldado, se conoce, en la oficina de reclutamiento, con Michael Whiteacre (Martin), se caen bien, y éste último lleva a Noah a una animada fiesta, donde le presenta a Hope Plowman (Lange), nace química, y luego un idilio; en la misma fiesta está Margareth, Michael y ella tienen también un romance, mientras en Francia, los nazis son repudiados por los sometidos locales. Noah, de otro lado, avanza su relación con Hope, es aceptado por el padre de ella, pese a ser judío, se casarán. El teniente Diestl, siempre dubitativo en su papel de nazi, no está cómodo reclutando soldados y combatiendo, pide una transferencia, en vano, sus superiores le llaman la atención.





Tiene Christian amistad con el capitán Hardenberg (Maximilian Schell), quien le pide que le lleve efectos personales a su esposa, la hermosa Gretchen (Britt), con quien materializa intenso adulterio. Mike sigue también su romance con Margaret, el soldado siempre evita ir al frente de combate, elude la responsabilidad, para molestia de la fémina, que quiere casarse con él, pero también que cumpla su deber. Es momento de partir, Noah llega a las misiones en líneas británicas, en Sudáfrica, el mismo frente en que está Diestl, su gente avanza asesinando enemigos sin piedad. El judío Ackerman es hostigado y discriminado en las compañías yanquis, golpeado severamente, Mike siempre está de su lado, pero las golpizas continúan, hasta que, tras enfrentárseles y pelear con fiereza, se gana Noah su respeto. Sin embargo, su acción le cuesta ser acusado de desertor, Hope va a visitarlo, embarazada de cinco meses. Mientras tanto, Diestl y Hardenberg tienen un accidente con una mina, el capitán queda desfigurado, nuevamente manda al teniente con su esposa, Christian la rechaza por ofrecerse muy fácilmente. El combate continúa, Diestil siempre hostigado, Mike es suspendido pero se redime en combate, Noah participa en incursiones, hasta que finalmente la guerra acaba. Christian, con la guerra acabada, es hallado por soldados yanquis, que lo acribillan, Noah está también ahí, luego regresa con Hope, y su hija ya nacida.





Toda la primera parte viene a ser una explotación de sus particulares historias, de sus motivos, de sus antecedentes a la guerra, es una introducción a sus humanos lados, a lo que los motiva, lo que los mueve, todo previo al combate: romances, filiaciones, asuntos ajenos a lo bélico, y que ya nos van diagramando a cada personaje. Si bien evidentemente la primera parte del filme se centra mucho en esto, por ser el segmento introductorio, el aspecto de las vivencias personales de los soldados jamás abandona el filme, y el lado humano de los protagonistas siempre es desmenuzado y estudiado, por lo que el filme no es un mero filme de guerra, retrata intensamente relaciones humanas, conflictos y coyunturas de las vidas de los protagonistas, al avanzar las acciones, se centra evidentemente más también en la guerra misma, pero los personajes jamás dejarán de ser ejes principales, ellos son el corazón de la cinta. Así, se vuelve inevitable ahondar en el análisis de estos protagonistas; empezando con el judío, se retrata la discriminación en líneas estadounidenses, algo inevitable, que siempre ha existido, y siempre existirá, sobre todo en una nación de tan mala memoria como la norteamericana, y el judío se vuelve blanco de humillaciones, robos, maltratos físicos, hasta que demuestra su entereza peleando contra más de uno de sus agresores. A ese respecto, Monty Clift venía de superar el traumático accidente que apenas un año antes sufriera trabajando para el mismo Dmytryk, en Raintree County (1957), que lo desfigurara y le uniría íntimamente con su amiga, la mítica Liz Taylor. Se aprecia a un Clift naturalmente mermado, su actuación está pues sesgada, sin que llegue a ser deficiente, es un mito actoral, que comenzaba su lamentable y tristemente célebre declive, recuperándose en este filme del accidente aún, y no es difícil advertir que en su participación en la cinta, mucho tuvo que ver el gran Brando, muy cercano amigo suyo, que luchó por salvar a Clift de sus demonios internos, cosa en la que fracasó, viéndolo sumirse gradualmente en la perdición .

 





De otro lado, está Dean Martin, el otro yanqui, una suerte de playboy, relajado y despreocupado, siempre buscando escurrir el bulto, es decir, evadir la responsabilidad, el personaje va madurando durante el filme, hasta encontrar redención y redimirse frente a su patria, y Martin ofrece una actuación sólida, no es el personaje principal, pero su aporte es positivo y favorece la solidez de un filme que tiene en su reparto a su cimiento principal. Y claro, el plato fuerte, como suele ser todo filme en el que se involucre, veremos a un singular Brando como nazi, uno de sus papales más polémicos, lo veremos interpretando a los odiados germanos, y es peculiar oirlo en algunos segmentos imitando al acento nazi, aunque lo hace a cuentagotas; de cualquier forma, el magistral Brando, como para no perder la costumbre, impregna de su clase y grandeza a su personaje, la gravedad de su situación, su perenne conflicto interior, su solemnidad, que lo lleva a retraerse muchas veces, de actitud incierta, el descomunal actor siempre cumple, siempre descolla. Es precisamente en torno al personaje de Brando que va creciendo la complejidad del filme, desde la secuencia inicial, en la fiesta vemos su apoyo a las fuerzas nazis, tibio, pero apoyo al fin, aunque siempre dubitando, y esa tibia filiación lo acaba distanciando de Margaret. Esto lo lleva a sentir repulsión por la guerra, por reclutar soldados, por matar, generando un constante conflicto interno en el nazi, volviéndolo un seductor carácter, un nazi que tiene misericordia, que tiene alma, nunca encausado completamente en el enfrentamiento bélico, lo cual eventualmente, lo hostiga, lo harta y colma. El aporte femenino también es solvente en la cinta, desde Hope Lange, correcta como la conservadora y discreta yanqui que se enamora del judío, también Barbara Rush como la mujer primero de Brando, luego de Martin, y, claro, también la etérea May Britt, como la mujer fácil, despampanante y perturbadoramente seductora, una lástima que la participación de la exuberante y hermosa actriz sea efímera, las tres conforman el tándem femenino de la cinta, que colabora a darle solidez. De esta forma, el tema que sobre el papel parecía principal, la guerra, queda relegado a un segundo plano, las historias humanas, sus avatares y peripecias, son los que se vuelven meollo. Se configura de esta forma un muy atractivo filme, en el que distintas y diversas historias de fusionan, diversas realidades, puntos de vista yanquis, judíos y nazis, todos amalgamados en el filme, esas perspectivas conforman el final bosquejo en el que la guerra acaba siendo un mero contexto, el variado abanico humano se vuelve el pilar de apoyo a la obra. Gran filme, de excelente reparto, brillante cimiento, además de historias que atraen, un filme bien realizado, en sereno y solemne blanco y negro, enaltecido por buena fotografía, un trabajo necesario de visionar para quien quiera deleitarse con un gran director, dirigiendo a actores de leyenda.










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