jueves, 26 de julio de 2012

Ossessione (1943) - Luchino Visconti


Inolvidable primera película del descomunal cineasta italiano Luchino Visconti, uno de los apellidos más ilustres de la cinematografía italiana, y mundial. Una de las novelas que mayores y más ricas y variadas adaptaciones ha tenido se manifiesta, teniendo en el presente filme su antecedente cinematográfico primigenio, es la primera adaptación que se hiciera de la novela de James M. Cain The Postman Always Rings Twice (El cartero siempre llama dos veces), y ciertamente la que más variaciones contiene. Se trata de la conocida historia de un buscavidas, un tunante sin rumbo que se topa con un matrimonio, una atractiva fémina que vive tiranizada y esclavizada por su esposo, mujer con la que prontamente se sentirán poderosamente atraídos, pero esa atracción pasional tendrá consecuencias riesgosas, incluso fatales, mientras los amantes luchan por que su unión supere todo obstáculo que en su camino se presente. Entrañable e inolvidable historia, en la que el soberbio cineasta italiano adapta la novela del yanqui Cain para representar, como trasfondo, la imagen de una Italia terriblemente golpeada por una severa guerra que en aquel entonces se encontraba en desarrollo, lejos de terminar, adquiriendo pues el filme una doble complejidad de la que carecen sus sucesoras versiones. Inolvidable y remarcable debut de Visconti, al que todavía algún detalle por pulir se le detecta, pero jamás deja de ser un filme que no por pocos es considerado como el auténtico primer filme neorrealista, fundador por ende de dicho movimiento.

       



Prontamente la acción nos sitúa en territorio italiano, donde Gino Costa (Massimo Girotti), un nómade errante, llega hasta la casa de Giuseppe Bragana (Juan de Landa). En la casa, funciona un pequeño restaurante, atendido por la esposa de Bragana, Giovanna (Clara Calamai), atractiva fémina que despierta interés en Gino, que la piropea. Gino consume alimento y pretende irse sin pagar, para furia de Bragana, pero el visitante, gracias a sus habilidades de mecánico, le repara un camión y una bomba de agua al anfitrión, y consigue su anuencia para quedarse en casa. Mientras el esposo sale al pueblo en una diligencia, Gino se queda con Giovanna, y no le cuesta mucho materializar intenso adulterio, confiándole ella sus pensamientos, de cómo se casó con Bragana más por el dinero, por asegurarse la vida, pero esto le resultó tormentoso, encuentra en Gino un alivio, éste le ofrece, por su parte, irse de ahí y dejar todo, y ella, reacia al inicio, se entrega completamente al tunante Gino. Se planea ya su escape, se empacan las cosas, pero finalmente Giovanna opta por quedarse, para irritación severa del buscavidas, que se va de la casa del matrimonio, aborda un tren. En el trayecto, conoce a El Español (Elio Marcuzzo), artista personaje que se vuelve rápidamente su amigo, y  hasta se alojan juntos.


 



Mientras recorren la ciudad de Ancona, se van haciendo buenos amigos, y Gino le cuenta su desventura amorosa con Giovanna. Trabajan en pequeños oficios de entretenimiento, hasta que un día, de pronto se vuelve a encontrar con el matrimonio Bragana, nuevamente Gino insiste a la mujer en que escapen, obteniendo otra negativa. Tras acudir los tres a un espectáculo sonoro, Bragana se emborracha, los tres abordan un vehículo, el mismo que hacen desbarrancarse con el borracho adentro. Con la premura y el temor del asesinato, Gino insiste más que nunca en que se vayan de ese lugar, pero Giovanna se obstina en no dejar atrás su bar, su forma de vida. Es entonces que reaparece el Español, sostiene una discusión con Gino por su negativa a continuar, recibe un golpe de éste, finaliza la amistad. Mientras su amante no cambia de idea sobre quedarse, Gino conoce a la bella bailarina Anita (Dhia Cristiani), con quien pretende irse ante las negativas de Giovanna, mientras ésta ha cobrado ya el seguro por la muerte de su esposo. Giovanna enloquece, afirma a Gino que lo delatará y mandará a prisión si la deja, y es que está embarazada. Tras discutir, finalmente llegan a una tregua, deciden escapar juntos pero, mientras se transportan en un vehículo, otra vez se desbarranca su medio de transporte, feneciendo Giovanna.





Memorable e inolvidable filme para el cinéfilo versado, instruido, que sepa que únicamente no existen las versionas yanquis de Tay Garnett y Bob Rafelson de una obra literaria de autor yanqui también, que también existe esta hermosa versión europea, que ciertamente ofrece y aventaja a sus homólogas en riqueza de contexto, en detalles para analizar que sobrepasan la historia misma que se cuenta, pues ofrece un trasfondo. Pero yendo en orden, uno de los primeros aspectos a remarcar, y es que incluso es uno de los primeros aspectos en el filme mostrados, es el notable trabajo de cámara, se advierte, siente y disfruta la descomunal libertad y comodidad con que Visconti maneja su instrumento de trabajo, una cámara agradable y expresiva en su desenvolvimiento, en su amplia movilidad. Esto cobra mayor vitalidad e importancia, es digno de mayores loores cuando uno se detiene a pensar que se trataba de las primeras tomas del cineasta, sus tomas debut, eran cierta y absolutamente las primeras pinceladas del artista, que ya manifestaba gran soltura y dominio de la herramienta, un pulso sorprendentemente seguro y determinado, se trataba pues de alguien diferente, de un grande, de Visconti. Si bien el trabajo de cámara, intenso y bello en los instantes iniciales, irá menguando su injerencia y participación durante el filme, sabrá rebrotar con toda su fuerza y omnipresencia en momentos determinantes, potenciándose también todo con un decente y apreciable trabajo de música, acompañamiento musical siempre acorde al drama de la historia. Ahondando ya en el filme, retrata Visconti, como era normal bajo los cánones de aquellos años, 1943, unas muy sublimadas escenas sentimentales donde el sexo explicito es impensable, todo es insinuado, jamás mostrado, pero perfectamente entendible y lógico. Combina este aspecto con el ya señalado excelente dominio expositivo para mostrarnos, para disimular esas situaciones eróticas, para suavizarlas y sublimaras, con la elegancia de un maestro, cuando Gino y Giovanna consuman su intenso idilio, desliza sutilmente su cámara, hasta llegar a cortarse la secuencia con un espejo, siempre sin perder la sutileza, poniendo fin a las imágenes que pueden ser presentadas, y dando al espectador la tarea obvia de recrear lo que ha sucedido, el coito.









Sería esta la primera de las hasta el momento tres versiones de la novela de James M. Cain, y ciertamente es la que se escinde más de sus posteriores obra análogas, naturalmente emparentadas en mayor grado entre ellas, tanto por sus yanquis directores, como por el tratamiento y contexto. Dejando al final la cinta que nos ocupa en este articulo, tenemos primero a la versión de Tay Garnett que tres años después vería la luz, en la que se centra más la atención en el intenso drama y conflicto severo de los personajes, ahondando en ellos; posteriormente, fluyó la versión de Bob Rafelson de 1981, utilizando al gran maestro Jack Nicholson, haciendo mayor hincapié en la carnalidad y lujuriosa intensidad del prohibido idilio; ambas versiones se apegan bastante a la primigenia obra literaria, sin romper demasiado el molde, cosa que ciertamente haría Ossessione. Naturalmente, era casi necesario, ineludible que sea pues un cineasta europeo quien realice la versión más diferenciada, y Visconti fusiona de manera maravillosa, tanto el intenso drama del filme, de la historia propiamente, con su realidad, con el innegable y desgarrador contexto sociopolítico y económico que entonces no dejaba indiferente a ningún artista decente, la Segunda Guerra Mundial que azotaba al planeta entero. No es desquiciado el hecho de que no pocos críticos señalaran a este filme como el auténtico iniciador de la corriente neorrealista italiana –se aventuran a aseverar que se adelantó a la considerada convencionalmente como iniciadora de dicha corriente, Roma, Ciudad Abierta (1945) del maestro Roberto Rossellini-, y es que muchas de sus piedras angulares estaban ya manifestadas en el presente filme, mostrar lo patético y devastado que era el escenario contemporáneo de entonces, anular todo artificio u ornamento innecesario, mostrar el drama desnudo, tal cual es, el drama crudo, puro y duro, -una característica, un santo y seña en el que Visconti descolló como pocas otras figuras durante su carrera entera-, ciertamente se siente ya un filme neorrealista, ajeno a los estudios, filmando en exteriores, con luz natural, mostrando las calles italianas, se prescinde de ornamentos, la realidad es todo, algunos puntillazos y detalles por apuntalar ya serían luego plasmados con desgarradora fuerza por el mismo Rossellini, el inolvidable y sensible De Sica, y el propio Visconti con su particular estilo.







Así, si bien no se hace alusión directa a la guerra –somero motivo por el que se pudiera descreditar su naturaleza neorrealista-, apreciamos lo devastado y degradado que quedó el escenario económico y humano de Italia, desmenuzando a los turbulentos y atormentados personajes, explorados por los encuadres y primeros planos de un Visconti que terminaba de dar forma a su inicial trabajo, a su estupenda ópera prima. Materializa ya Visconti uno de sus temas corazón durante toda su carrera, el patetismo de seres humanos atormentados, acongojados, castigados por el destino y la vida, y que se desenvuelven entre podredumbre y descomposición, muchas veces descomposición espiritual más que la corpórea. Así, se nos retrata la patética figura de la mujer, Giovanna, víctima principal en la historia de las circunstancias, urgida por la premura de la austeridad y la miserias, se prostituyó, y ante lo desesperado de su situación, se casó por necesidad, el matrimonio fue su salida, pues, de la precaria realidad, una Italia despedazada por la guerra, obligaba a aquello, ella encarna y representa a la máxima víctima pues de ese desolador ambiente. Inevitable también era que sufriese ciertos cambios la historia, dejando de lado la violencia y la sexualidad, para centrarse más en la realidad, en el contexto entonces contemporáneo, en darle otra directriz a su tratamiento. A ese mismo respecto, uno de los más sensibles cambios viene a ser la inclusión y aparición del personaje del Español, inexistente en la obra litería, y sin duda símbolo tunante de la situación italiana de entonces, a la deriva, sin rumbo, sin norte, a su suerte, reforzando la imagen del también nómada Gino. En los personajes radica mucha de la poderosa y compacta fuerza del filme, la ya mencionada Giovanna, como emblema de la desgracia italiana, prostituta atormentada, tiranizada por un infeliz que fue su único escape a su realidad de pesadilla, que se incendia en la pasión del adulterio, su pasión desbordará su razón, y eventualmente la conducirá al fenecimiento, su vida es un frenesí sin fin de desgracias, y Clara Calamai está excelente en su sufrida y tormentosa encarnación de la fémina. Arderá de pasión por Gino, el tunante busca fortunas, su destino es también incierto, y se verá envuelto en remolino pasional, que lo llevará eventualmente al homicidio, a liquidar a quien entorpece sus planes, la descomposición y degradación humana está presente, elemento Viscontiano por excelencia, estamos ante un filme pues enteramente reconocible con su persona como artista, y que tiene el clímax, el colofón desgarrador en la muerte de la sufrida e infeliz ex prostituta, terminando de colmar de desgracias la existencia de su igualmente infeliz compañero. Únicamente se siente quizás cierta flaqueza en los segmentos finales, Visconti, con su conocida tendencia a realizar relatos extendidos, lo manifiesta también desde su primer filme, sintiéndose por momentos dilatada sin necesidad la secuencia final, el desenlace, sintiéndose que las acciones por momentos navegan con un rumbo no tan determinado y firme como en otros pasajes; pero en cuenta definitiva, se trata de fisuras juveniles de un cineasta que ya apuntaba las maneras de uno de los grandes de un país tan rico en arte como Italia. Un filme hermoso, quizás eclipsado por lo mediático de las posteriores versiones yanquis, pero es una joya, el debut de Luchino Visconti, filme que navega entre los trabajos desconocidos del cine, pero de una fuerza y valía innegable y eternamente vigente, un filme necesario.









1 comentario:

  1. Lo que nunca entendi es porque hay un niño escuchando la conversación de Gino y Giovanna.

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