martes, 17 de julio de 2012

Carne trémula (1997) - Pedro Almodóvar


Una de las más representativas películas del tan incompresiblemente afamado Pedro Almodóvar, una cinta que, para ser franco, me animé a visionar para de una buena vez convencerme de si el supuesto talento de este ibérico era tal, o era más bien una invención de los medios, ávidos con voracidad de un nuevo referente de su otrora glorioso cine. Adapta el español para este ejercicio la obra homónima de Ruth Rendell, y se involucra directamente en la elaboración del guión para dar vida a esta historia, la historia de un individuo, un don nadie, que, tras involucrarse con una fémina en una relación de una noche, discute con ésta, para después, cuando arriben dos policías, dejar, al parecer accidentalmente, paralitico a uno de ellos. Cuatro años después, y tras salir de prisión, el sujeto encontrará al policía lisiado como una estrella del básquet en silla de ruedas, casado con la mujer de la que se enamoró, y sus destinos volverán a cruzarse, con consecuencias fatales e impensadas. Un buen ejemplo de todas las limitaciones y liviandades que plagan irremediablemente el cine de este personaje ibérico, ciertamente sirvió a quien escribe para salir de dudas, de si su cine eran tan malo como me imaginaba, y ciertamente se me dio la razón en un filme liviano, nada atractivo, sino aburrido, que en ningún momento me llevó a siquiera acercarme a esos individuos que vanaglorian e inflan tanto a este en exceso sobrevalorado cineasta.

         



En Madrid, en Enero de 1970, en una quinta de mala muerte, Isabel Plaza Caballero (Penélope Cruz), repentinamente tiene trabajo de parto, y da a luz en un autobús. El gobierno le asegura buen futuro al niño, y 20 años después, el recién nacido se ha convertido en adulto, es Víctor Plaza (Liberto Rabal), su madre feneció en el alumbramiento. Paralelamente dos policías, David (Javier Bardem) y Sancho (José Sancho) están haciendo patrullaje, éste último llama a su mujer, Clara (Ángela Molina), sospecha que le es infiel. Víctor, por su parte, llama a otra fémina, Elena (Francesca Neri), mujer con la que tuvo sexo casual, pretende volver a salir con ella, pero ésta le rechaza. Con argucias se interna en la casa de ella, que lo encañona, hay disparos y forcejeos. A la casa llegan los policías mencionados, hay más peleas, y finalmente, un arma se acciona, impacta en David, lo deja paralitico. Cuatro años pasan, Víctor sale de prisión, cumplió su condena, y encuentra a David convertido en una estrella del básquet para minusválidos, y casado con Elena, la mujer de la que está enamorado. La sigue por un entierro, ella nota su presencia, alerta a David, que se apersona a la residencia del ex presidiario para decirle que se aleje de su mujer. 




Posteriormente, advierte que tiene encuentros con Clara, y los fotografía. Poco después, Víctor intenta obtener trabajo en el kindergarten donde Elena labora, y lo consigue, siempre está tras ella, mientras paralelamente, continúa sus carnales encuentros con Clara; ésta a su vez, no puede zafarse aún de Sancho. Trabajando ya Víctor con Elena, enfrenta al lisiado David, a quien le revela que en verdad, el disparo que lo postró a la silla de ruedas fue intencional, provocado por su propio compañero Sancho, sabedor éste de que David era con quien Clara lo engañaba. Acto seguido, Víctor decide dejar de verse con la mujer del policía, ésta no lo toma bien, y luego Elena es quien busca al ex presidiario, se consuma intenso adulterio. Elena termina por confesar su engaño a su esposo, le admite que el adulterio fue con David, mientras una harta y cansada Clara, para deshacerse y dejar a Sancho, lo hiere de bala. Un enfurecido David le muestra a Sancho las fotografías de sexo de su mujer con Víctor, se produce un severo enfrentamiento, del que resultan muertos tanto Sancho como la adúltera Clara. Otra vez pasa el tiempo, Elena termina estando con Víctor, y símilmente a su propio nacimiento, ella se encuentra de pronto en trabajo de parto, ya no en un bus, sino en un taxi, otro infeliz está en camino, por llegar al mundo.





Tras un comienzo en el que se nos habla del estado de emergencia y de algunos derechos en tierras españolas, que ciertamente no tienen directa injerencia en lo que sucede, más allá de que se muestra a un hipócrita gobierno asegurando el futuro del recién nacido, se inicia la acción. Almodóvar después pretende hacer gala de un decente dominio de cámara, nos deleita con un travelling que ciertamente denota cierto dominio, aletargado y extenso ejercicio, pero más allá de un buen recurso o técnica con cierta eficiencia esgrimido, no trasciende jamás el ibérico. A ese respecto, he de decir que se advierten algunos experimentos en el montaje del realizador, que se anima y atreve a jugar con su instrumento y realiza encuadres dinámicos, oblicuos, algún plano diferente presenta Almodóvar, un niñito aplicado, un estudiante esmerado y que trata de impresionar al profesor, que conoce las lecciones porque las estudió, y responderá bien a las preguntas, pero nunca agrega nada más, sino que por el contrario, termina, con su uso sin norte de esas técnicas, por frivolizar a las mismas. Otro segmento plenamente identificable con esta naturaleza es la secuencia en que nos documenta y muestra, siempre aletargado, una viva flama, vivo fuego que se siente desperdiciado, adornadas las imágenes son con decente música, sí, pero el paquete audiovisual final se siente siempre vacío, siempre sin norte, siempre sin conexión o filiación íntima a lo que sucede, es ver a una buena técnica, a un buen recurso, ser utilizado sin directriz definida.




En sus manos, las grandes técnicas se pierden y ahogan, tan triste como irremediablemente, en situaciones frívolas y sin sentido; en sus manos, un bello acompañamiento musical, nobles melodías, se sienten disparadas sin sentido, se sienten como si todo el rédito que tenían por ofrecer, es despilfarrado. Es Almodóvar, el estudiante aplicado que utiliza las mejores técnicas, e infamemente las condena a la liviandad, a lo frívolo, a lo somero y superficial, a lo facilista y estéril, como su cine mismo, pues su cine está hecho para impresionar paladares de pasmarotes, de ineptos pazguatos, que se regodean con la hiper textualidad que reclaman inherente a su cine, que ven lo que quieren ver. Son estos individuos, personificaciones vivientes de snobs, los que le granjean su tan injustificable fama, y personalmente encuentro indescriptiblemente indignante cuando se le pone a la altura del prodigioso Luis Buñuel, por el mero hecho de que tiene repercusión mediática, es una comparación infinitamente ruin, tan abyecta como el cine mismo de este individuo, menudo insulto para el último gran exponente del otrora glorioso cine español. La historia original no es suya, cierto, es la novela de Ruth Rendell, pero el tratamiento frívolo y vacio sí que son suyos, la responsabilidad en ese sentido es ineludible. Ciertamente considero a directores como este como termómetros para todo aquel que con él se relacionen, llámese Javier Bardem, Liberto Rabal, o la insufrible Penélope Cruz, que para fortuna mía tiene efímera participación en esta cinta, todos son personalidades que uno debe saber identificar para evitar desigualar el humor, para evitar movimientos súbitos del ánimo, pues solo eso genera este tipo de películas, donde uno está deseando que termine desde mucho antes de la mitad. Solamente lo lamento por Ángela Molina, que en su momento supo brillar con Buñuel, pero ahora, es presa de la ausencia de cineastas de esa talla. Ni García Berlanga, ni Serrano de Osma, ni Erice, ni Carlos Saura, con Almodóvar, con Amenábar como tristes puntas de lanza, el cine de la Madre Patria no tiene indicios de levantar cabeza.


2 comentarios:

  1. exelente,pero los paginas espanolas no deja ver la peli en serbia,como si tenemos antrax,o no se que.......saludos a mi bueno amigo pedro(almodovar)

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    1. Vaya restricción.. innecesaria realmente..

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