

Encuentran a la fémina apuñalada, muerta, para furia de
Webb, que de pronto se convierte en el
principal sospechoso del homicidio, junto con Cushing. Las pesquisas policiales
se inician, exhaustivos interrogatorios, pruebas con químicos para detectar la
sangre en la escena del crimen, John y Sampson se someten a las investigaciones,
mientras Anne no se separa de ellos
insistentemente. Inclusive se realizan pruebas a muestras de concreto, la
policía realiza gran diversidad de tests. Se inicia asimismo un juicio, al que
Cushing asiste con preocupación, junto a su mujer, la señora Cushing (Janet Beecher), y su hija Sarilla (Phyllis Brooks), su propia esposa cree que
Vincent asesinó tanto a Alma como al padre de ésta. John encuentra luego a
Sarilla intentando destruir algunas pruebas, y poco después halla a su
secretaria, también liquidada. La determinada Anne, siempre al lado de Webb,
encuentra posteriormente unos importantes documentos, la búsqueda
policial se va estrechando. Las interminables investigaciones llevan a Webb y a
Sampson incluso hasta el cementerio, lugar en el que, sorpresivamente Sampson
hiere a su camarada, que se acerca demasiado a la verdad, y tras confesar todos
los asesinatos, pelea con él, termina
muriendo accidentalmente en la riña. Webb, final sobreviviente, se queda con
Anne, con quien incluso se casará.
Se configura así un ejercicio más bien discreto, inocuo, de un comienzo muy sosegado, como el filme todo, y en el que el meollo del mismo, pese a ser éste bastante breve, no se expone rápidamente. A esa tranquilidad e inocuidad colabora un cierto toque de comedia del que pretende Garnett dotar a su filme, una comedia tan poco efectiva como la película misma, el elemento más cómico viene a ser el ascensorista negro, que contempla con silenciosa pero asombrada actitud el éxito con las féminas de Sampson. Protagoniza el ascensorista las secuencias más hilarantes del filme, el individuo de color danzando, viendo al abogado ir y venir con diversas mujeres, sorprendiéndose de sus supuestas técnicas de cortejo, y sirviendo de colofón, cayendo víctima de la aplicación de lo que consideraba un método de ligue infalible. Siguiendo la estructura clásica de narración, espera el realizador hasta la mitad de su filme, para recién exponer el meollo, el tema central, el asesinato de la novia del magnate, un homicidio ciertamente misterioso, cuyo autor es toda una sorpresa, se consigue con eso cierto suspenso, aunque lamentablemente el suspenso es tan endeble que se diluye durante el sucinto metraje, se pierde en la tibieza del filme. Tiene la cinta los ingredientes de un film noir, sí, muertes, homicidios, investigaciones policiales, intrigas que no se desvelan hasta el final, incluso algún segmento de oscuro tratamiento, sólo adolece de la femme fatale, reemplazado por la tan persistente como tonta señorita Anne. Sin embargo, los elementos son esgrimidos de forma que se materializa un ejercicio inofensivo, tibio, tímido, aunque decente, en el que, empero, ciertos detalles, como la accidental muerte de Sampson, se advierten postizos. Con actuaciones que cumplen, sin más, se termina por dar forma a un filme que no hace más que reforzar la idea de que la mejor obra de este cineasta viene a ser la citada El cartero siempre llama dos veces.
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