


Descomunal película de uno de los
más brillantes realizadores italianos, en el que nos muestra dos principales
columnas o vertientes narrativas, dos temas centrales, el choque cultural entre
el campo y la ciudad, en la forma de conflictivos tratos y discusiones entre
norteños y sureños; y por otro lado, la desintegración y degradación de la
persona que experimentan los hermanos, unos más drásticamente que otros, pero
todos aunados en esa enorme succionadora que es la ciudad, que perjudica su
estructura y cimiento familiar de una forma irreversible e irrecuperable. El
primer tema es abordado de inicio, una familia va a la ciudad en busca de
nuevos horizontes, para vivir una indecible pesadilla, con los hermanos y su
madre, provenientes de su natal Lucania, y su origen rural los hace
maravillarse y sorprenderse de la luminosa ciudad, su fulgor los va
deslumbrando aún antes de poner un pie en la ciudad, pero eso es apenas el más
somero aspecto del evidente y sensible cambio que están a punto de
experimentar; y Visconti, experto en retratar atmósferas y entornos propios de
la época, retrata a su vez el bosquejo de los ciudadanos, sus costumbres e
idiosincrasias, retratados en los constantes choques y desprecios norte-sur,
los capitalinos citadinos, despreciando a los rurales campestres. El segundo
apartado, quizás el que más dramática y potentemente se plasma, es la
degradación y descomposición que la ciudad genera en los Parondi, lo que el
italiano enfoca y nos transmite a través de apartados, uno para cada hermano,
en el que vernos sus personales vivencias, sus personales intentos por
sobrevivir en una ciudad que parece consumirlos, y sacar lo peor de ellos. La
ciudad los afecta, los desorienta, totalmente nueva experiencia, desquicia a
todos, y, particularmente en el caso de Simone, saca lo peor de él, lo más
despreciable y abyecto, su faceta más inhumana.
La cinta pues retrata miseria,
podredumbre, personajes patéticos, insalvables perdiciones, y Simone,
experimenta la más severa descomposición, es el gandul de la familia, un bueno
para nada, que se va degradando, siendo un ladrón al inicio, se relaciona con
una prostituta, bizarra pareja de la que nace el más animal intento de amor, un
ruin personaje y la mujerzuela, que lo aborrece y desprecia, cuando Simone,
enceguecido y enloquecido de celos, sea capaz de ultrajarla delante de su
hermano y nuevo amante, lo más bestial y animal queda en él representado, todo
atisbo de civilización se esfuma, su humanidad se va evaporando. Y en el otro
lado, su opuesto, comparte su misma sangre, pero son como el día y la noche, a
diferencia de Simone, reprobable patán, está Rocco, el sensible y noble
bonachón, un personaje que es nobleza pura, es idealista, es cándido, muy
cándido, prefiere ser optimista ante todas las adversidades, aunque su
optimismo tenga bases quiméricas, prefiere no temer, aunque sus respuestas
demuestren seguridad, es una ilusa seguridad de que todo saldrá bien. Con su
sencillez, ternura e inocencia, deslumbra a la atormentada y sufrida prostituta, Nadia, no acostumbrada a tratar con alguien tan puro, tan ajeno a
la podredumbre citadina, es un escenario sórdido, bizarro, de una fragilidad
que puede romperse en cualquier momento, y ciertamente así sucede. Y Rocco,
siendo el más noble, es quien más sufre con todo, y quien más es expuesto a la
infrahumana descomposición, su propio hermano, llega al animalesco estado de
ultrajar a la mujer que afirma amar, es una bestia actuando, esa bestia es su
propio hermano, Visconti no deja de retratar todo con desgarrador realismo, es
un neorrealismo como debe serlo, directo, desnudo, duro, y la secuencia más
conmovedora y potente se finaliza con la cruda y patética imagen de Nadia,
ultrajada, sollozando, rogando, suplicando casi a su amado que le diga que esto no es
verdad, que le diga que esto no ha sucedido, su fantasía de papel se ha
destruido. Pocas veces un cineasta logró generar una secuencia más desgarradora y humana, por eso Visconti está entre los grandes. La nobleza de Rocco llega a hacerlo afirmar que ellos, víctimas,
están perjudicando a Simone, agresor, renuncia a Nadia, y le dice que vaya con
su hermano, a consolarlo, nunca pierde esa parsimonia, pero sí ha perdido la
inocencia para siempre.

Muy notable ejercicio, inmortal
cinta, de lo mejor del titánico director italiano, con la que daba por
finalizada la etapa de su particular concepción y ejercicio de neorrealismo,
tres años después de la notable Noches
Blancas (1957), con la que también se desempeñaba en esta corriente, y es
que, aunque al director de conocidos orígenes aristócratas se le aticen
hechos impropios del mencionado neorrealismo –como rodar en interiores, con lo
que materializó la antes citada cinta-, siempre será un ilustre miembro de la
terna italiana neorrealista, por supuesto, con singular sello, alejándose
quizás de los principios rígidos, de las más puristas directrices de la corriente, no desprendiéndose las acciones ya de la
guerra mundial ni de las despedazadoras consecuencias del conflicto global,
pero sí retratando la más pura y dura degradación y descomposición humana, tema
obsesión que no abandonaría su arte hasta el final de sus ejercicios. Las actuaciones
son notables, aunque Alain Delon fuese por ciertos sectores acusado de
excesiva frialdad en su interpretación, de limitado actoralmente, considero que
su actuación es serena y muy seria, le da a su personaje la parsimonia precisa,
no desentona con el perfil de Rocco, y no acusa sobreactuación, algo a lo que
la cinta seguro hacía proclive a quien interpretase el papel. Renato Salvatori y Annie Girardot cumplen
ambos, a la altura de la cinta, reflejando la descomposición y podredumbre de
una situación que los consume, los degrada y descompone hasta dejarlos seres
irreconocibles y estropeados. En cuanto a la música, tuvo Visconti el
acertadísimo olfato de seleccionar a un personaje que sería un futuro dómine de
la materia, uno de los nombres más ilustres de este apartado cinematográfico,
el genial Nino Rota aporta su hermosa melodía, que sabe ser distinta y
adaptarse a los diversos momentos, parsimoniosa, tranquila y lúdica incluso, cuando los protagonistas abandonan su hogar, llegan a un nuevo escenario, y se
van familiarizando con el mismo, denotando ambiente familiar, la tierna solidez
de una familia que no sabe a qué se enfrentará. A su vez, sabrá ser intensa y
apasionada para las secuencias de amoríos, obviamente, de Rocco y Nadia, y
también se inundará de tragedia, poderosamente desgarradora, en la secuencia
más baja y patética, la deshonra de la prostituta, y su derrumbe frente a su
amado, sin duda una obra maestra de Rota, que le valdría la afición de Francis
Ford Coppola, quien lo reclutaría para alcanzar fama universal con The Godftaher. Pieza maestra de un maestro en el cine, filme mayor,
Anoche la vi en la TV por peimera vez, película desgarradora ,en donde están personificados hechos aberrantes y otros sublimes de la condición humana, no tengo nada que agregar a la crítica porque coincido totalmente con la descripción e interpretación, una de las mejores películas que he visto
ResponderEliminarLa vi programada en la TV, pero no pude ver la película anteayer como tú. Efectivamente, es una de las mejores películas, extraordinaria. Gracias por tus palabras.
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