El notable británico John
Boorman, que ya nos había presentado un trabajo tan estupendo como perdurable
con su maravillosa Excalibur (1981), en esta oportunidad nos presenta un
trabajo que se percibe como su propia concepción de lo vivenciado durante uno de los
eventos seguramente más significativos y recordados por el director, el
bombardeo a Londres por parte de los nazis durante el mayor conflicto bélico
hasta el momento, la segunda guerra mundial. Definitivamente con directrices e
inclinaciones que algo guardan de autobiográfico, Boorman nos introduce en lo que vieron los londinenses, en su experiencia de primera mano, todo mostrado a través de la
lupa, a través de los ojos de un niño de nueve años, que vive con su familia, y
que irá creciendo en medio de los escombros, ese sería su bizarro playground,
temiendo y escuchando los bombardeos, y a la vez los miembros de su familia van
creciendo también, y tiene la cinta un final conciliador, perfecto colofón,
simbólico y preciso. Mantiene el buen británico una de sus características en
su película, la utilización de una banda sonora soberbia, que se luce por
muchos momentos, y que enmarca la historia de una familia común y silvestre,
los vecinos de al lado, una familia cuyo hijo nos servirá de lente para
apreciarlo todo, desde su infantil perspectiva. No alcanza definitivamente el
nivel ni grandiosidad de su magna obra épica, pues tiene obviamente otra directriz,
pero es un film apreciable y disfrutable.

Los niños juegan entre las ruinas y escombros, y entonces
el padre regresa, Clive está de vuelta. Se divierten todos apreciando un dirigible en una ocasión,
Dawn intensifica su romance, mientras ha llegado Navidad, los brindis se
suceden. Bruce debe partir a combatir de nuevo, sepáranse con su chica. Clive también
debe partir otra vez, y entonces la madre tiene un acercamiento a un viejo amigo
de su esposo, (Colin Higgins), personaje con
el que quedó un amor trunco en el pasado. Entonces se produce un intenso incendio
en el barrio, todo queda severamente agraviado. Sin casa, surcan las aguas de
un lago buscando nuevos horizontes. Llegan hasta la casa del abuelo George (Ian Bannen), donde se quedan, y con quien
Bill se divierte jugando, e impensadamente, una bomba caída en el lago les proporciona
grandes cantidades de pescado. Entonces regresa Bruce del frente, se junta
nuevamente con Dawn, se casan, hay muchas celebraciones y regocijo en
la familia, la guerra también se perfila hacia su recta final. Dawn resulta
embarazada, nace el hijo, un nuevo Rowan llegó al mundo, y finalmente la escuela
de Bill es bombardeada, en escombros e incendiándose, los niños gritan y
celebran con algazara.

Todo es un entramado de las vivencias de los Rowan, y la
voz en off del protagonista, si bien escasa durante el filme, sirve para dar
mayores adentramientos y acotaciones a la historia. Como se mencionó, la banda
sonora es un elemento a resaltar, como siempre con el buen Boorman, que domina estupendamente
este apartado, la música sabrá ser intensa, señorial, elegante, potenciando y enriqueciendo
mucho las determinadas situaciones, irá desde arreglos de orquesta hasta muy vívidas
y movidas secuencias de jazz, abundante e intenso jazz durante principalmente
las escenas de los rapaces divirtiéndose entre la destrucción, es un soundtrack
con un amplio registro en su contenido. Alejado ya de la superproducción, del sobrenatural
mundo épico de su obra magna, ahora vemos el mundo real, tocaba explorar el
mundo real, y nos presenta esta notable obra de comedia y drama, con poderosas figuras
para presentar con maestría una historia bizarra y lamentable, tristemente célebre,
aparte de lo mencionado, niños jugando entre la destrucción, vemos a niños
usando máscaras de gas en su escuela. Son pues bizarras imágenes, verídicas imágenes
de algo que ocurrió, algo vergonzoso, pero el gran Boorman tiene el pulso y el
tacto de mostrárnoslo con exquisita clave cómica por momentos, dosis de drama
en otros, y claro, ese estupendo final conciliador, todo ha terminado ya, pero
algo nuevo inicia, y no sería la última vez que el realizador se animara a
dirigir cintas sobre guerra. Agradable película, digerible y divertida, no es lo
mejor del director, pero se erige como un trabajo muy serio, inteligentemente
realizado, un trabajo a la altura de su realizador.
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