

Tras conversar, él le da a Joe otra oportunidad, tendrá un trabajo y recuperará sus privilegios. Por otra parte, se niegan a trabajar en los talleres creados, y Jameson debe controlarlos, aplicándoles el castigo de dejarlos sin comida. Hay indisciplina, desorden y anarquía, los reclusos llaman la atención de los medios de comunicación, y Jameson es cuestionado por los malos resultados que obtiene. Jameson se reconcilia con May, y es que habían tenido un malentendido por su manejo de los reclusos, y los demás colaboradores de San Quintín observan la estrecha relación que tiene con la hermana de Red. Joe empieza a trabajar honestamente, incluso ignora a 'Sailor Boy' Hansen (Joe Sawyer), que le exhorta a escapar, pero cuando los demás internos se burlan de cómo el jefe corteja a su hermana, cambia totalmente su actitud. Es así que logra escapar con Sailor, se realiza una persecución en auto, ellos cambian de vehículo, pero colisionan. Sailor y Druggin resultan muertos tras la correría, Boggie escapa, y Jameson desea probar su posición, y va con May, encontrando ahí a “Red”. Toda la verdad es sabida, que el interés del ex oficial por May es genuino, como fue genuina su intención de ayudar a Joe, ojo de la tormenta y señalado como prueba viviente del fracaso del Capitán. Pese a todo, rebelde siempre, huye, y es herido en su escape. Con aventones, agonizante, regresa a San Quintín, donde fenece tras reconocer el trabajo de Jameson.
El norteamericano Lloyd Bacon termina de esa forma su cinta, interesante película de muy corta duración, superando por poco la hora de metraje, en un agradable ejercicio de cine que se aproxima al film noir, y centrando mayor parte de la atención en Boggie, que encarna a una suerte de antihéroe, el recluso que quiere cambiar, desea a conciencia mejorar, pero no puede consigo mismo, no puede con su genio, y cuando se entera de tergiversadas versiones de su benefactor cortejando y enamorando banalmente a su hermana, echa todo a la basura. Resultó más que interesante ver a un joven Boggie, pero no por eso menos intenso, sigue siendo el recio personaje, indomable, indómito, que se lleva todo por delante, con la pequeña diferencia que en esta oportunidad ya no es un detective privado desenmarañando misterios y enamorando a toda presencia femenina que se le cruce. Bogart estaba por entonces lejos aún de conocer al amor de su vida, la hermosa e imperial Lauren Bacall, a una década aún de sus inmortales y estupendas colaboraciones, Humphrey ya nos daba muestras de su recia personalidad, actor de carácter que siempre deja al espectador enganchado con toda su fuerza interpretativa. Con las correctas actuaciones de Pat O'Brien y Ann Sheridan, además del joven y furibundo Bogart, se configura una algo aleccionadora película, materializado en el final reconocimiento que el indomable recluso hace por el trabajo del oficial que corteja a su hermana, su arrepentimiento lo redime, lo convierte en una persona digna, deja de ser reprobable. Agradable y disfrutable cinta breve, algo que los verdaderos fanáticos de Boggie no dejarán pasar inadvertido.
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