viernes, 14 de octubre de 2011

Qué Verde era mi Valle (1941) – John Ford

La película elevada al grado de mito por un pequeño hecho, que encierra un inverosímil mérito: haber derrotado en los premios de la Academia, al ganar el Oscar a Mejor Película, a nada más y nada menos que a Citizen Kane (1941). Sí, la tantas veces referenciada como la mejor película de todos los tiempos se quedó sin el más importante reconocimiento que honraba a la mejor película, y fue la cinta que ahora comentamos la culpable de ese fracaso, aunque esa derrota estuvo influenciada sin duda por las controversias y escándalos recientes que le originó su broma radial de La Guerra de Los Mundos. Sea como fuere, con un pergamino como ese, se presenta esta gran historia del genial director norteamericano John Ford. La galardonada cinta retrata la historia de una familia galesa, estirpe de ascendencia obrera, en pleno cambio de siglo, que están siendo testigos de las revoluciones de la tecnología, de las maquinarias, en el que sus estilos de vida como obreros asalariados se ve afectada, son partícipes del desarrollo, y el cambio generacional está encarnado en el más joven del clan, cuyos infantiles ojos serán el lente a través del que presenciaremos todo el relato. La película retrata además una precisa fotografía de la familia típica de la época, su cristianismo, sus valores, costumbres, sus rígidas estructuras dentro de la misma familia, donde el lugar que le compete al hombre y a la mujer, está estrictamente delimitado, la autoridad del padre en la familia, etc. Muy completo un filme que forma parte de la historia selecta del cine, especialmente del cine hollywoodense.

         


La cinta comienza con una voz en off de un individuo que nos habla de cómo ha vivido los últimos cincuenta años en las tierras que se muestran, un pueblo minero en Gales, que proviene de una familia de larga tradición obrera, de tradición minera, los antiguos patriarcas de su familia han trabajado en las minas de carbón de la localidad. Las primeras imágenes que vemos son largas hileras de mineros que marchan cantando sonoramente hacia su centro laboral, la mina, escenas que representan la casi ritualista marcha hacia el trabajo, desde el comienzo queda claro que la película constará de la historia de ese hombre adulto, que recuerda los inicios de su estirpe, remontándose cinco décadas a su pasado. Son los años de niñez del protagonista, el chico Huw Morgan (Roddy McDowall), hijo de un minero, capataz con buena posición laboral, veremos el ambiente familiar en que creció el niño, una familia cristiana y conservadora en la que el protagonista describe al padre, Gwillym Morgan (Donald Crisp), como la cabeza de su familia, y a su madre, Beth Morgan (Sara Allgood), como el corazón de la misma, que está conformada por no pocos hermanos, y su hermana Angharad (Maureen O’Hara). Conoce a Bronwyn Morgan (Anna Lee), su hermana, que lo impresiona fuertemente, y también presenciaremos una extensa secuencia de una boda local, donde apreciaremos con detalle las costumbres y usos de la familia típica de la época, y también las celebraciones de toda la comunidad.






Entonces se anuncia la impostergable necesidad de modificar las repartición de los recursos, traducido en reducir los salarios de los mineros, que se muestran muy inquietos, al igual que los numerosos hermanos de Huw, que ante la pasiva y permisiva actitud de su padre, se unen a la huelga, y desacatan su autoridad, con el simbólico hecho de abandonar la mesa sin permiso, quedando solamente sentado Huw, un cambio irreversible ha sucedido. La situación hace que todos los obreros se pongan en contra de Gwillym, a quien su esposa defiende fervientemente, pero que en una desafortunada acción, cuando lo defiende públicamente de los obreros, sufre un accidente junto con Huw, quedando el niño postrado en cama, y con pocas esperanzas de volver a caminar. Beth se va recuperando poco a poco, mientras los obreros sienten la necesidad de formar sindicatos para articular mejor sus movimientos, y Huw es atendido por su hermosa hermana Angharad, de las escasas mujeres en la casa Morgan, poblada casi en su totalidad por hombres. Angharad está totalmente prendada del señor Gruffydd Evans (Walter Pidgeon), un importante miembro de la comunidad, trabajador de la mina por diez años, con quien hay gran mutua atracción, pero las costumbres los llevan a reprimirla. Finalmente, la huelga se levanta, las circunstancias parecen mejorar, pero los hermanos, ya reconciliados con el padre, deciden partir a Estados Unidos por mejores oportunidades.

                                                                       

 




De pronto, con ayuda de Gruffydd, Huw recupera la capacidad de caminar, hecho que le hace reforzar su fe en la religión y la iglesia, que tiene estrictos tratos para las mujeres. Poco después, el señor Evans, uno de los más acomodados hombres de la comunidad, pide permiso a Gwillym para que su hijo corteje a Angharad, y Gwillym accede, pues con esto le resuelve la vida a su hija, pero ella ama a Gruffydd. Pese a ello, Angharad se casa con el hijo de Evans. Pasa el tiempo, y Huw es el primero de su familia en tener el privilegio de ir a la escuela, donde su primer día es difícil, fastidiado y golpeado por un bravucón, pero luego es entrenado para pelear, aprende a hacerlo, vuelve a reñir con el abusivo y lo vence, ganándose el respeto de compañeros y hermanos. Pese a irle bien en la escuela, él elige el camino del obrero, quiere trabajar en la mina, seguir la tradición familiar, y se va a vivir con Bronwyn, e inicia su vida obrera, ganando jornales como los adultos. Con el pasar del tiempo, vuelve Angharad, pero sola, está insatisfecha de su vida como esposa, distanciada de su marido, enferma y cansada, quiere divorciarse, y la noticia vuela por toda la localidad, todos hablan del divorcio, la escoria del chisme y los cotilleos se esparce. Gruffydd, convertido en sacerdote, decide irse, para pesar de Huw, y de Angharad, mientras en la mina hay un terrible accidente, muchos mineros heridos deja una terrible explosión, hay incertidumbre cuando no se encuentra al viejo Gwillym, pero finalmente es hallado y rescatado. El anciano sobrevive, y la vida en ese valle ya ha calado en Huw, que se queda ahí con sus hermanos.





La película del gran John Ford nos muestra el delicado momento de transición en pleno cambio de siglo, representado en una típica familia obrera que vive en Gales, una familia de ascendencia y tradición mineras, que presencia el desarrollo y la evolución de la vida en su comunidad, de los cambios laborales en la rama de la minería, problemas salariales, necesidades de sindicatos, problemas sociales, y todo el proceso es presentado a través de la mirada de un niño, el más joven de la nueva generación, que toma la posta de una larga tradición minera, en un lugar donde la labor del trabajo es casi ceremonial, donde los hombres forman largas hileras, como hormigas, cantando y marchando al trabajo, jolgorio y algazara de una marcha ritualista a lo que es algo solemne y tradicional, el trabajo. De esta forma es que se nos presenta, siempre a través de la posición del hijo menor, la fuerte disyuntiva que se genera cuando los jornales son reducidos, situación inaceptable para la clase trabajadora, que lleva incluso hasta el punto de que los hijos desacaten la autoridad de su padre, autoridad suprema en la familia, pues él, capataz, no ve con buenos ojos una idea de huelga. Significativo el hecho, pues el padre tiene una autoridad incontestable, es el respeto a la figura paterna de la vieja escuela, que se ve quebrantado cuando los hijos, hombres ya, ven frente a ellos una injusticia que no puede dejarse pasar, aún si ello significa desobedecer al padre, y abandonar su hogar. Se presenta también, evidentemente ante la situación, el interesante tópico del surgimiento de ideas socialistas, la formación de sindicatos y uniones que velen más eficientemente por los intereses de los obreros, una situación que el padre nota alarmado, y clama que jamás pensó ver el día en que sus hijos tuvieran pensamientos socialistas, un socialismo embrionario, por supuesto, la disyuntiva de los conflictos de intereses de empleadores versus empleados no se explora a mayor profundidad, pues no es el tema central del filme, pero es presentado, aunque sea someramente.






La película es una fina y precisa fotografía de la familia de la época, conservadora, religiosa, profundamente cristiana, la religión tiene mucho peso en  su sociedad, y mantener las formas ante ella es muy importante. Como se mencionó, el hombre, el padre, es el líder de la familia, y donde el director graciosamente muestra la marcada diferencia entre los hombres, trabajadores, y las mujeres, destinadas al hogar, incapaces de entender un problema aritmético u otros problemas que sean muy ajenos a sus labores hogareñas, es una época donde sus roles están delimitados, hombres y mujeres tienen sus destinos ya trazados, el lugar de los hombres está en su trabajo, ganando el sustento de la familia, y el de las mujeres, en su casa, atendiendo al marido y a los hijos. En el prolongado prólogo vemos las costumbres propias de esos días, ambiente de festividad y regocijo, así como veremos plasmado el mencionado respeto por la figura paterna, cabeza de la familia, y de la madre, sumisión  y férreo respeto a su esposo, es la típica familia galesa de aquellos años, conservadora y cristiana. La mítica película cuenta, naturalmente, con un gran abanico de recursos técnicos desplegados, y apreciaremos encuadres y planos notables del campo, de los hombres marchando al trabajo, grandes tomas panorámicas, las clásicas imágenes de contrapicados de las fábricas, que vuelven la expresividad visual de la cinta uno de sus atractivos. Asimismo, es correcto el recurso de la voz en off, es una narración elíptica, a través de los ojos del niño, vemos el proceso de evolución de esos años. Eficiente fue Ford para capturar toda esa esencia y presentarla muy convincentemente, y eficiente para dirigir a los actores, Walter Pidgeon, a la hermosísima Maureen O’Hara, y a un por entonces infante, pero ya veterano Roddy McDowall. La cinta superó al Ciudadano en los Oscar, aunque ciertamente sea inferior a la monumental obra de Orson Welles, pero en todo caso, es una película monumental y de necesario visionado, un pedazo de historia.








  



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