viernes, 7 de octubre de 2011

Gigante (1956) – George Stevens

La titánica película que nos despidió para siempre del inmortal James Dean, una película cuyo título está justificado, pues gigante es Dean, y gigante es su interpretación en este filme. Sin duda uno de los mayores alicientes del filme, sino el mayor, es su imperial reparto estelar: la hermosa Elizabeth Taylor en la plenitud y esplendor de su beldad, Rock Hudson en el papel del galán, y el inmortal Jimmy Dean conforman un tándem mítico. Ambientada en  Texas, la cinta nos narrará la larga historia de la poderosa y respetada estirpe Benedict, su formación, descendencia, los avatares del segundo eslabón de la cadena, Hudson, su lucha por perpetuar todo lo que se ha logrado desde sus antepasados, en una tierra poblada tanto por blancos yanquis como por indios mexicanos, a quienes se desprecia completamente, se les llama “espaldas mojadas”. Y en medio de todo ese florecimiento y traspaso de posta generacional, se encuentra el antiguo trabajador del rancho, Jett Rink, el querido Dean, interpretando su inmortal papel, el típico Dean, el rebelde e incomprendido, huraño pero sensible, misterioso y taciturno, un personaje que vive e interactúa con los demás, pero que siempre da la impresión de pertenecer a otro universo. Dean es un carácter aparte, es un personaje aparte, es como si se nos presentara, paralelamente a la historia de los Benedict, la historia de Jett Rink, pues él también va creciendo, floreciendo, envejeciendo y finalmente se ve acabado, conformando él sólo una historia que es igual de interesante, o, a juicio personal, quizás más interesante que la de la propia pareja estelar. Gigante, Dean.

   



La historia se enmarca, antes de entrar en el desierto texano, en una zona urbana, donde se conocen los jóvenes y atractivos Leslie (impresionante y hermosa la Taylor, con sus inolvidables ojos violetas) y Jordan Benedict Jr (Hudson), si bien ella acomodada, él es simplemente realeza, pues sus recursos, tierras, ganados, parecen no poder agotarse. Se conocen y la atracción mutua es inevitable, se enamoran, se casan y se mudan a la tierra de él, a Texas, un caluroso desierto, de abrasadora temperatura, rodeados de ganado, y con costumbres que inicialmente le chocarán a Leslie, y le harán dura su inicial aclimatación a este nuevo y extraño ambiente. En su nueva casa, no será rápidamente la señora y ama del hogar, pues encontrará a una recia y curtida ranchera, su cuñada Luz (Mercedes McCambridge), que no le dará la más cálida de las bienvenidas. Inicialmente reacia a aceptar a una forastera como la nueva señora de la casa, Luz se siente celosa, siente que usurpa su lugar, esto tensa su relación con Leslie. Hará su aparición también el trabajador e insurrecto Jett, quien siempre riñe con el señor Jordan, él es antisocial, un tanto extraño, un aura de misterio le rodea todo el tiempo, es realmente ver a un mito actuando. Luz muere, y al morir una de las pocas personas, o quizás la única que se pueda considerar amiga de Jett, se le ofrece a él una generosa cantidad de dinero para que se vaya, pero él decide quedarse y probar suerte por su cuenta en Texas.






Durante buena parte del filme, sumado al correcto ritmo del que goza toda la historia, apreciaremos un muy correcto uso de los escenarios, de las imágenes paisajísticas que, sumado a una expresiva música, lograrán que los distintos ambientes nos “hablen,” que cobren vida, que nos narren también el momento y los sentimientos de la historia. El tiempo pasa y llega la prole, los hijos de Leslie y Jordan nacen y van creciendo, al igual que su abolengo. Paralelamente, el indomable Jett también prospera por su lado, independiente ya, se lanza al negocio de los pozos petroleros, un floreciente negocio que le rinde generosas ganancias, le brindan comodidad, y poder afrontar negocios mayores. Veremos al propio Jett manejando sus pozos, extrayendo el oro negro él mismo, veremos cómo el petróleo fluye y es extraído de la tierra, igual que su inconformidad y desencanto del mundo que lo rodea, brota poderosamente de su interior para enfrentar un nada acogedor exterior. Sólo con Leslie se muestra afable, dócil, un tanto accesible, siente cierta atracción por ella. Los años van pasando, e iremos viendo a todos envejecer, Leslie, Jordan, Jett se irán convirtiendo en maduros adultos, mientras los retoños se convierten en jóvenes, pero con la particularidad de que ninguno de ellos desea ser lo que su padre espera que sean, ellos tienen aspiraciones distintas. Principalmente Jordan Benedict III, de quien se espera que sea el nuevo patriarca y que continúe con el trabajo del rancho familiar, desea ser un eminente doctor, con lo que deja al poderoso imperio Benedict sin su natural heredero.

                                                                       






Tras esto, los hijos se casan y forman sus propias familias, todos excepto Luz Benedict Jr., quien permanece soltera, y que aparte de fijar su atención en Jett, aparentemente también le ha robado el corazón. Estando ya la primera generación anciana, el paso del tiempo tendrá un mayor efecto en Jett, que representa la gradual y paulatina descomposición, pues si bien se ha convertido en un exitosísimo hombre de negocios, a nivel humano su persona se ha descompuesto. Jett ahora es uno de los hombres más respetados de Texas, uno de los hijos predilectos del estado, tiene dinero a montones, hasta inaugura un aeropuerto con su nombre, pero el dinero no le ha significado felicidad o satisfacción. Encarna Jett al texano puro y duro de esos años, es un acaudalado magnate, y tiene cimentados unos profundos sentimientos racistas, desprecia a los indios espaldas mojadas, y esto generará enfrentamientos con Jordan Benedict III, quien se casó con una joven india. Sobre el final del filme, en el marco de una condecoración a Jett por parte del estado y sus funcionarios, él esta convertido en un viejo solitario y alcohólico, siempre incomprendido, siempre aislado, acostumbrado a una prosperidad que nunca le dio felicidad. Enamorado desde siempre de Leslie, pero tan espinoso que es imposible acercársele, Jett termina completamente solo, alcoholizado, derrotado. El filme culmina con una poderosa imagen, dos infantes en un corralito, uno indio y el otro rubio, el indio es Jordan Benedict IV, heredero y seguidor de la línea del imperio, mientras sus padres conversan sobre sus sentimientos, y sus planes del futuro de la familia.








Termina así una película que está destinada a ser inmortal pues presenta el impensado papel de despedida del inolvidable Jimmy Dean, antes que las garras de la muerte nos lo arrebataran al estrellarse en su Porsche Spider, poco después del estreno del filme. La película es relativamente reivindicativa sobre los tintes racistas y clasistas de Texas, y de las tierras yanquis en general, plasma con crudeza y realismo el sentir respecto a ese tema de la sociedad americana de entonces. El reparto, como ya se apuntó, es inmenso, y cuenta además de los colosos estelares, con un joven Dennis Hopper, la sensual Carroll Baker, y con Sal Mineo, el que hizo dupla con Dean en el clásico Rebelde sin Causa. La historia es muy atractiva, la película está dotada de buen tratamiento rítmico, no permite que la atención del espectador se disuelva, y tiene actuaciones de primer nivel, y, por supuesto, tiene al atractivo principal, tiene al descompuesto Jett Rink, ese James Dean interpretando su papel de mayor madurez, de mayor exigencia histriónica. Y Jimmy pasa el examen con sobresaliente, es un papel que él hace cobrar vida por su cuenta, es una historia independiente, su misterio, la incomprensión y soledad en que actúa, el rostro siempre oculto, ya sea por sombras, ya sea por el sombrero, lo hacen inalcanzable, de otra dimensión, y ciertamente la realidad de Dean, en ese momento, no distaba demasiado de su papel, por lo que su interpretación es de mayor fuerza. Titánica la película, gigante el filme, y gigante eres tú, Jimmy, hasta siempre.

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