
Tras un vistoso y notable espectáculo, protagonizado por
las cantantes y bailarinas Dorothy Shaw (Jane Russell), y Lorelei Lee
(Monroe), Gus Esmond Jr, (Tommy Noonan) le da un inmenso diamante a Lorelei, tienen
planes de casarse, pese a la oposición del padre de él. Por ese motivo, ella
decide tomar un viaje en crucero a Francia, lejos del alcance de su futuro suegro, viajará
solo con Dorothy, sin Esmond, con un equipo de deportistas olímpicos, mientras
hay un fisgón que las observa. El crucero parte, Esmond se queda en Norteamérica,
parten las dos amigas, y los deportistas. Ya en altamar, Lorelei se preocupa
por encontrarle novio a Dorothy, un novio con mucho dinero, que considera es lo
más importante, mientras Ernie Malone (Elliott Reid), el fisgón,
la sigue cada vez más de cerca. Conoce
Dorothy primero al propio Malone, que oculta su labor, y luego a Sir Francis “Piggy”
Beekman (Charles Coburn), riquísimo personaje, dueño de minas de
diamantes en Sudáfrica, luego inevitablemente Lorelei lo conoce, hombre casado,
con una mujer con muchos diamantes. Lorelei sigue buscando a los más ricos del barco,
decepcionándose de que Henry Spofford III (George Winslow), uno de ellos, sea un niño. Dorothy después tiene un idilio con Malone, pero luego
lo ve fotografiando a Lorelei y Piggy.
Lorelei se infiltra en la habitación del detective para recuperar
las fotos, no las encuentra, con su amiga prepara un ardid para obtenerlas. Lo embriagan
y quitan sus pantalones, recuperan las fotos, pero Malone y Dorothy están genuinamente
enamorados, mientras la irresistible Lorelei logra engatusar a Piggy, y ha obtenido
la impresionante diadema de su esposa. Pero Lady Beekman (Norma Varden), se
mueve inmediatamente para recuperar su joya, las amigas son demandadas, Esmond
les cancela el crédito por lo sucedido, aunque después aparece arrepentido. La policía inicia pesquisas, ambas son
acusadas de robo, Lorelei se niega a devolver la diadema. Se apertura un juicio por lo sucedido, en el que la señorita Shaw aparece de pronto haciéndose
pasar por Lorelei, nadie nota la diferencia, hasta que aparece Malone. Piggy se apersona discretamente, mientras Esmond es persuadido por
Dorothy para que no hable nada de lo que sabe, todo es desconcierto. La diadema
desaparece, pero está en poder de Malone, todo está ya esclarecido, Lorelei, o
Dorothy, es declarada inocente, y ya libre, la real rubia se enfrenta al padre
de su supuesto novio, Esmond Sr. (Taylor Holmes), que no se resiste a su persuasión. Finalmente,
la boda se materializa, Lorelei ha obtenido lo que tanto quería, un esposo
rico.

Y sí, el film está concebido para el pleno lucimiento de
ella, y ella se luce como muy pocas veces lo logró, se muestra dominadora, picara,
imperial incluso, con amplitud y variedad en sus registros, lo domina todo, a su singular manera, la etérea
blonda, encaja perfectamente en el personaje, y eso vuelve a su actuación notable,
memorable, no en vano es pues ella puesta en el tándem mítico de actores representativos de
su generación, la MM junto a los igual de míticos Montgomery Clift y el prodigioso
Jimmy Dean. Bellísima y ataviada como una reina, es su película, se materializa
la inmortal secuencia de Marilyn cantando en su vestido rosa, rodeada por los hombres,
que la desean intensamente, y de mujeres, que la envidian con la misma intensidad,
mientras interpreta la legendaria secuencia de su canción, Diamonds are a Girl's Best Friends, en el
repertorio selecto de la bomba sexual, todo un clásico, ostentoso e inolvidable segmento, selecta secuencia del cine. No pocas son las
canciones interpretadas, algunas por ambas féminas, otras sólo por Jane
Russell, como ella cantando y bailando entre los deportistas olímpicos, o ella
cantando en el juicio, muy hilarante secuencia, también delirante es escucharla
imitando el inconfundible acento de la Monroe, y todas las secuencias de esta naturaleza
son magnificadas por la teatralidad que aplica Hawks en su enfoque, enriqueciendo
las secuencias con su conocido dominio expositivo, y claro, éste se manifiesta más
poderosamente que nunca en la secuencia mencionada de Marilyn. Por supuesto,
como no podía ser de otra forma, Lorelei se sale con la suya, se casa con un
adinerado sujeto, que le soluciona vida, y con su irresistible persuasión,
convence incluso al reacio suegro, la bella rubia se casa, y ella realmente
ama, ama a su manera, con dinero necesario de por medio, pero lo hace, con su peculiar amor y filosofía. Disparatada,
descabellada, hilarante, delirante, comedia inmortal, diosa inmortal, de un
director inmortal, que todo lo que hacía, lo hacía bien, que aparentemente no podía
dejar de hacer obras cumbres, obras maestras, HH, Howard Hawks.
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