



Y a su alrededor, los seres que
se relacionan con él, que, por su propia naturaleza de verdugo, están
impregnados de la sordidez del mensajero de la muerte. Empezando por Carmen, la hija del hombre que
ejecuta a los condenados, la mujer que espanta todo atisbo de cortejo, que
ahuyenta a cualquier tibio aspirante a pretendiente al saber la clase de suegro
que tendría, y ella no es ajena a su situación, ella sabe que la vida le está
ganando, que envejece y se acerca a convertirse en una solterona. Por el otro
lado, José Luis, en similar situación, ahuyentando a toda fémina que se puede
interesar en él en cuanto se enteran de su oficio, enterrador, lidiando con
cadáveres para vivir; la afinidad, pues, es inmediata e ineludible, y claro,
ella, que no es tonta, se lo asegura prontamente ni corta ni perezosa, con el
embarazo, le pone el grillete de por vida. Y es aquí donde se produce el punto
de inflexión, donde la situación dilema se materializa, donde la mayor
disyuntiva invade y atormenta al atribulado José Luis: de pronto se ve
enfrascado en ineludible obligación, se ve forzado a ejercer un oficio que
abomina, la sociedad, y todo su peso, lo abruman, absorben y vencen su inútil
resistencia, su individual élan es subordinado a la colectividad de la gigantesca
sociedad, de pronto se ve en la disyuntiva, entre la espada y la pared, si no mata, si no ejecuta, si no ejerce de verdugo, perderá el piso, la morada donde su creciente
familia reside, el más bizarro e impensado de los dilemas se le presenta. Queda
evidenciada también la poderosa y corrosiva crítica al sistema, a la
despreciable e insoportable burocracia y toda su frialdad, cuando el anciano, por
jubilarse, perderá el piso que se le ha designado, y al querer dárselo a su
hija, el piso se pierde pues ella ha contraído nupcias, el piso es para el
verdugo, y si se desea habitarlo, un verdugo debe hacerlo, el único, pues, que
puede hacerlo es el atormentado José Luis. La sociedad misma engendra absurda
situación, la sociedad misma engendra ridícula circunstancia, incontrolable
remolino, incontrolable succionadora que terminará por abrumar y doblegar al
derrotado José Luis, el individuo es devorado y consumido por la sociedad, una
sociedad en la que se pierde el valor de su individualidad.
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La infeliz víctima de una sociedad que lo consume y absorbe. |
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Singular y bizarra pareja, la hija del verdugo, y el enterrador. |
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Ante su disyuntiva, ineludible imposición de la sociedad. |


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Inmortal Pepe Isbert. |
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El fetiche berlanguiano en acción. |
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Dando una nueva cátedra de actuación. |
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