


Penn realiza un muy interesante retrato del Missouri en una época no del todo determinada, mostrándonos agradablemente la llanura, el páramo y la flora de las tierras yanquis, el río que da nombre original al filme, el Missouri, en cuyos quiebres, brazos, (breaks), se asientan en valles las haciendas, los ranchos en los que toda la acción que observamos se desarrolla, una escenografía que se encarga de enriquecer y complementar con la música, todas también campestres, que nos dan el contexto en el que sus rígidas y estrictas costumbres se aplican, como la inicial escena del sujeto al que se ahorca, en una suerte de ejecución comunal, con muchos miembros de la comunidad presentes cuando expira el agraviador. A la trama central, relativamente seria, un roba caballos que se enfrenta a un sicario contratado específicamente para detenerlo a él y a su banda, se le agregan ciertos toques cómicos que vuelven a la cinta un tanto más ligera, accesible. Es así que vemos a Nicholson, Logan, colgando de un tren en lo alto de un puente en el aire, inexpertos en el tema de asaltar trenes, burlesco toque que le quita gravedad y densidad al filme, siempre acompañado por la música acorde al momento, al campo, y es que nunca deja de ser esta película un western, singular y distinto al usual, pero western al fin, llegando incluso a mencionar al legendario Jessie James. Es un mundo de vaqueros, con los elementos infaltables presentes, aunque tratados de manera quizás algo liviana, como el prostíbulo donde los vaqueros se olvidan de los problemas y relajan pasando un buen rato, una diversión infaltable y usual entonces. Como se mencionó, es un western atípico, que algunas críticas le supuso a su director, pues los personajes centrales no son para nada el estereotipo de vaquero héroe, esos personajes del clásico western ya no están, y quizás donde se halle un resquicio de estos caracteres es en el hacendado Braxton, humillado completamente con una muy ofrecida hija que entrega su virginidad al causante de las penurias de su padre, y que se va descomponiendo, experimenta decadencia, y termina siendo eliminado por el central personaje, el villano, Nicholson.



Es de esta forma que vemos a los gigantes enfrentados, y no en vano el titulo en algunas áreas latinas es Duelo de Titanes, con un Jack Nicholson en un atípico e inédito papel, lo veremos como un bandido, un vaquero malhechor, ladrón de caballos que amplía su abanico laboral a asaltante de trenes, y de esta forma lo veremos en la impensada representación de un vaquero, con toda la indumentaria del caso, el traje y sombrero, montando casi todo el tiempo a caballo, de imagen algo descuidada, la barba muy crecida, modales toscos, pistolero brutal, asistiendo a los prostíbulos, todo un bandido, un malhechor del oeste, un papel ciertamente inédito en él, pero que por eso mismo vuelve a su representación inusual y atractiva. Es lo más cercano al héroe, de desbordante virilidad, que vuelve loca a Jane, hija de quien quiere verle muerto, capaz de apoyar a su amante por encima, incluso de su padre, pues Logan es todo en la película, con su particular gallardía de villano. Y su gran rival, el gran Brando, estrafalario desde su presentación, burlesca, es un decadente sicario, poco ortodoxo, pero que mantiene, a duras penas, su talle imperial, es prestigioso, respetado y recomendado, pero definitivamente está venido a menos, extravagante en su vestir, descuidado aspecto, subido de peso, bromeando sobre sus males de estómago y sus flatulencias, configura pues una singular autoridad. Casi paródico su papel, rústico hombre que hace todo a su manera, y también a su manera, con sus singulares métodos -que incluyen sesiones voyeristas observando a Logan con Jane-, parece tener todo bajo control. Sin duda no dejan de ser llamativas las características del papel de Brando considerando su momento en la vida real, en su vida personal, donde su sobre peso también le había hecho caer en una suerte de decadencia física, explorado ya ese aspecto en la bizarra cinta antes mencionada de Bertolucci, y ahora nuevamente prácticamente haciendo hincapié en ese detalle, un Brando, como Clayton, venido a menos, pero capaz de, desde su sordidez, entregarnos excelencia, y esa sordidez y oscuridad alcanzaría su clímax con Coppola y su Apocalypse Now (1979).
El director Arthur Penn tuvo el acertadísimo olfato de no desperdiciar a tamañas personalidades en su set, y nos obsequia no pocas secuencias de las dos leyendas juntas, todas con distintas tonalidades, distintos momentos e intensidades, pero siempre, por supuesto, enriquecidas por los protagonistas. La primera secuencia es en la que ambos se conocen, ambos a caballo, el mercenario y caza recompensas Clayton que se presenta a un aparentemente pacífico y parsimonioso Logan, ambos, viejos lobos, curtidos, se toman el pulso, se tasan, se van conociendo, y sin palabras, van entendiendo el rol de cada uno, saben que intenso duelo se avecina. El segundo con un Clayton que sorprende a Logan con la guardia baja, siempre sin mencionar directamente los hechos, dejando muy clara la situación, soltando balazos a escasa distancia de Logan, probando sus nervios, declarando ya directamente la guerra, y un Logan que debe afrontar con aplomo el acecho, sabedor de que su momento llegará. Y su momento llega, cuando, en su tercer encuentro, halle a un orondo Brando en la tina de baño, rebosando tranquilamente en la espuma, despreocupado, pero prácticamente entregándose a la muerte, siempre displicente, cuando es ahora un Logan que lo domina todo quien dispare a pocos metros de él, la confrontación es directa, y el descompuesto Clayton, al igual que Logan, no teme a la muerte. Su último encuentro será el desenlace, cuando Logan elimina finalmente a Clayton, un ser tan descompuesto y estrambótico que parece encontrar alivio en la muerte. La atractiva película así junta a los titanes, y es tan atractiva por la forma en que quedan contrapuestos, no solo por ser rivales Brando y a Nicholson en el filme, sino por contraponer sus respectivos momentos, un Brando que ya iniciaba su etapa de decadencia física, un Brando que después de haber hecho sus más inmortales representaciones, iniciaba ya la cuesta abajo de los mejores momentos de su carrera, y un Nicholson joven y ascendente, que ya había hecho memorables interpretaciones, pero alguien para quien, sin duda, lo mejor estaba aún por venir, un gigante descendiendo, versus un gigante en ascenso. La película es imperdible, y a una trama que pueda parecer algo plana y sin mayor aliciente, queda compensada con creces por los ilustres protagonistas. Controvertida, pero más que aceptable película, de necesario visionado por las razones ya explicadas. Soberbias ambas leyendas.
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Para el recuerdo, Brando y Nicholson juntos. |
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Leyendas unidas por el arte. |
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Prodigiosos maestros juntos. |


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