La pareja de comediantes Bud Abbott y Lou Costello encontraron en los 40 su década dorada, cuando eran santo y seña de la comedia en el escenario cinematográfico yanqui. Numerosas fueron sus apariciones, y en numerosos medios, ya sea en el cine, ya sea en el teatro, en la televisión, o inclusive la radio. Estos multifacéticos caracteres se encargaron de esparcir su chispa prácticamente por todos los rincones. Como es sabido, numerosas fueron sus incursiones, y consagrados y sendos invitados hubo para muchos de ellos. En esta ocasión, cerrando ya su década dorada, y empezando a probar suerte en el cine, el invitado sería pues uno de esos grandes consagrados, una de las leyendas del cine de terror, que evidentemente daría realce a la película, es el gran Boris Karloff. Es así que veremos nuevamente al buen Abbott, cuidando del irremediablemente torpe Costello, que ha sido acusado de un asesinato, situación que lo hará víctima de una constante e inacabable persecución, hasta que se esclarezca la verdad. Durante la seguidilla de disparatadas situaciones se involucrará un singular telépata, un médium con ciertos tintes de fraude, un excelente Boris Karloff que se parodia un poco a sí mismo en un papel pintoresco, para una cinta de desenfreno y divertidas situaciones, con cuerpos que aparecen dentro de los roperos, y hasta alguna aventura en antiguas cavernas. Divertida comedia del dúo, cerrando así su década de consolidación, para posteriormente materializar la mayoría de sus entregas cinematográficas.


Así culmina esta cinta de comedia y detectives, en la que la pareja Abbott y Costello comienzan ya a cimentar sus incursiones en la pantalla grande, pues tras sus iniciales obras en esta década, serían los 50 su etapa más prolífica en cuanto a largometrajes para el cine se refiere, pues su extensa producción, como ya se mencionó, abarcó prácticamente todos los medios de la época. La cinta tiene efectivos momentos cómicos, protagonizados en su mayoría, por supuesto, por el irremediablemente torpe Costello, cobarde y tonto, dependiendo siempre de Abbott, pero ambos están desconcertados ante el enmarañado caso, y ante los cuerpos que no dejan de aparecer en los armarios. Efectiva parodia detectivesca, que tiene como elemento distintivo, y que definitivamente le da realce, al invitado estelar de la cinta, el icono del cine terror, Boris Karloff, que se burla un poco de si mismo encarnando al telépata, un médium que no termina de hipnotizar ni de convencer nunca, caricaturizada versión, el toque de cierta malevolencia, estrafalario personaje. Un siempre apreciable Karloff realza los bonos de la cinta, aunque haya sido efímera su participación en la misma, resaltando la particularmente cómica secuencia del intento de inducido suicidio de Costello, que es capaz de sacar de quicio con sus torpezas hasta al hierático y lejano Talpur. Aceptable y digerible comedia ligera, parodiando al género detectivesco, una de tantas sátiras que el exitoso dúo yanqui protagonizaría.
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