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jueves, 26 de julio de 2012

Ossessione (1943) - Luchino Visconti


Inolvidable primera película del descomunal cineasta italiano Luchino Visconti, uno de los apellidos más ilustres de la cinematografía italiana, y mundial. Una de las novelas que mayores y más ricas y variadas adaptaciones ha tenido se manifiesta, teniendo en el presente filme su antecedente cinematográfico primigenio, es la primera adaptación que se hiciera de la novela de James M. Cain The Postman Always Rings Twice (El cartero siempre llama dos veces), y ciertamente la que más variaciones contiene. Se trata de la conocida historia de un buscavidas, un tunante sin rumbo que se topa con un matrimonio, una atractiva fémina que vive tiranizada y esclavizada por su esposo, mujer con la que prontamente se sentirán poderosamente atraídos, pero esa atracción pasional tendrá consecuencias riesgosas, incluso fatales, mientras los amantes luchan por que su unión supere todo obstáculo que en su camino se presente. Entrañable e inolvidable historia, en la que el soberbio cineasta italiano adapta la novela del yanqui Cain para representar, como trasfondo, la imagen de una Italia terriblemente golpeada por una severa guerra que en aquel entonces se encontraba en desarrollo, lejos de terminar, adquiriendo pues el filme una doble complejidad de la que carecen sus sucesoras versiones. Inolvidable y remarcable debut de Visconti, al que todavía algún detalle por pulir se le detecta, pero jamás deja de ser un filme que no por pocos es considerado como el auténtico primer filme neorrealista, fundador por ende de dicho movimiento.

       



Prontamente la acción nos sitúa en territorio italiano, donde Gino Costa (Massimo Girotti), un nómade errante, llega hasta la casa de Giuseppe Bragana (Juan de Landa). En la casa, funciona un pequeño restaurante, atendido por la esposa de Bragana, Giovanna (Clara Calamai), atractiva fémina que despierta interés en Gino, que la piropea. Gino consume alimento y pretende irse sin pagar, para furia de Bragana, pero el visitante, gracias a sus habilidades de mecánico, le repara un camión y una bomba de agua al anfitrión, y consigue su anuencia para quedarse en casa. Mientras el esposo sale al pueblo en una diligencia, Gino se queda con Giovanna, y no le cuesta mucho materializar intenso adulterio, confiándole ella sus pensamientos, de cómo se casó con Bragana más por el dinero, por asegurarse la vida, pero esto le resultó tormentoso, encuentra en Gino un alivio, éste le ofrece, por su parte, irse de ahí y dejar todo, y ella, reacia al inicio, se entrega completamente al tunante Gino. Se planea ya su escape, se empacan las cosas, pero finalmente Giovanna opta por quedarse, para irritación severa del buscavidas, que se va de la casa del matrimonio, aborda un tren. En el trayecto, conoce a El Español (Elio Marcuzzo), artista personaje que se vuelve rápidamente su amigo, y  hasta se alojan juntos.


 



Mientras recorren la ciudad de Ancona, se van haciendo buenos amigos, y Gino le cuenta su desventura amorosa con Giovanna. Trabajan en pequeños oficios de entretenimiento, hasta que un día, de pronto se vuelve a encontrar con el matrimonio Bragana, nuevamente Gino insiste a la mujer en que escapen, obteniendo otra negativa. Tras acudir los tres a un espectáculo sonoro, Bragana se emborracha, los tres abordan un vehículo, el mismo que hacen desbarrancarse con el borracho adentro. Con la premura y el temor del asesinato, Gino insiste más que nunca en que se vayan de ese lugar, pero Giovanna se obstina en no dejar atrás su bar, su forma de vida. Es entonces que reaparece el Español, sostiene una discusión con Gino por su negativa a continuar, recibe un golpe de éste, finaliza la amistad. Mientras su amante no cambia de idea sobre quedarse, Gino conoce a la bella bailarina Anita (Dhia Cristiani), con quien pretende irse ante las negativas de Giovanna, mientras ésta ha cobrado ya el seguro por la muerte de su esposo. Giovanna enloquece, afirma a Gino que lo delatará y mandará a prisión si la deja, y es que está embarazada. Tras discutir, finalmente llegan a una tregua, deciden escapar juntos pero, mientras se transportan en un vehículo, otra vez se desbarranca su medio de transporte, feneciendo Giovanna.





Memorable e inolvidable filme para el cinéfilo versado, instruido, que sepa que únicamente no existen las versiones yanquis de Tay Garnett y Bob Rafelson de una obra literaria de autor yanqui también, que también existe esta hermosa versión europea, que ciertamente ofrece y aventaja a sus homólogas en riqueza de contexto, en detalles para analizar que sobrepasan la historia misma que se cuenta, pues ofrece un trasfondo. Pero yendo en orden, uno de los primeros aspectos a remarcar, y es que incluso es uno de los primeros aspectos en el filme mostrados, es el notable trabajo de cámara, se advierte, siente y disfruta la descomunal libertad y comodidad con que Visconti maneja su instrumento de trabajo, una cámara agradable y expresiva en su desenvolvimiento, en su amplia movilidad. Esto cobra mayor vitalidad e importancia, es digno de mayores loores cuando uno se detiene a pensar que se trataba de las primeras tomas del cineasta, sus tomas debut, eran cierta y absolutamente las primeras pinceladas del artista, que ya manifestaba gran soltura y dominio de la herramienta, un pulso sorprendentemente seguro y determinado, se trataba pues de alguien diferente, de un grande, de Visconti. Si bien el trabajo de cámara, intenso y bello en los instantes iniciales, irá menguando su injerencia y participación durante el filme, sabrá rebrotar con toda su fuerza y omnipresencia en momentos determinantes, potenciándose también todo con un decente y apreciable trabajo de música, acompañamiento musical siempre acorde al drama de la historia. Ahondando ya en el filme, retrata Visconti, como era normal bajo los cánones de aquellos años, 1943, unas muy sublimadas escenas sentimentales donde el sexo explicito es impensable, todo es insinuado, jamás mostrado, pero perfectamente entendible y lógico. Combina este aspecto con el ya señalado excelente dominio expositivo para mostrarnos, para disimular esas situaciones eróticas, para suavizarlas y sublimarlas, con la elegancia de un maestro, cuando Gino y Giovanna consuman su intenso idilio, desliza sutilmente su cámara, hasta llegar a cortarse la secuencia con un espejo, siempre sin perder la sutileza, poniendo fin a las imágenes que pueden ser presentadas, y dando al espectador la tarea de recrear lo que obviamente está sucediendo, el coito.









Sería esta la primera de las hasta el momento tres versiones de la novela de James M. Cain, y ciertamente es la que se escinde más de sus posteriores obras análogas, naturalmente emparentadas en mayor grado entre ellas, tanto por sus yanquis directores, como por el tratamiento y contexto. Dejando al final la cinta que nos ocupa en este articulo, tenemos primero a la versión de Tay Garnett que tres años después vería la luz, en la que se centra más la atención en el intenso drama y conflicto severo de los personajes, ahondando en ellos; posteriormente, fluyó la versión de Bob Rafelson de 1981, utilizando al gran maestro Jack Nicholson, haciendo mayor hincapié en la carnalidad y lujuriosa intensidad del prohibido idilio; ambas versiones se apegan bastante a la primigenia obra literaria, sin romper demasiado el molde, cosa que ciertamente haría Ossessione. Naturalmente, era casi necesario, ineludible que sea pues un cineasta europeo quien realice la versión más diferenciada, y Visconti fusiona de manera maravillosa, tanto el intenso drama del filme, de la historia propiamente, con su realidad, con el innegable y desgarrador contexto sociopolítico y económico que entonces no dejaba indiferente a ningún artista decente, la Segunda Guerra Mundial que azotaba al planeta entero. No es desquiciado el hecho de que no pocos críticos señalaran a este filme como el auténtico iniciador de la corriente neorrealista italiana -se aventuran a aseverar que se adelantó a la considerada convencionalmente como iniciadora de dicha corriente, Roma, Ciudad Abierta (1945) del maestro Roberto Rossellini-, y es que muchas de sus piedras angulares estaban ya manifestadas en el presente filme, mostrar lo patético y devastado que era el escenario contemporáneo de entonces, anular todo artificio u ornamento innecesario, mostrar el drama desnudo, tal cual es, el drama crudo, puro y duro -una característica, un santo y seña en el que Visconti descolló como pocas otras figuras durante su carrera entera-. Ciertamente se siente ya un filme neorrealista, ajeno a los estudios, filmando en exteriores, con luz natural, mostrando las calles italianas, se prescinde de ornamentos, la realidad es todo, algunos puntillazos y detalles por apuntalar ya serían luego plasmados con desgarradora fuerza por el mismo Rossellini, el inolvidable y sensible De Sica, y el propio Visconti con su particular estilo.







Así, si bien no se hace alusión directa a la guerra -somero motivo por el que se pudiera desacreditar su naturaleza neorrealista-, apreciamos lo devastado y degradado que quedó el escenario económico y humano de Italia, desmenuzando a los turbulentos y atormentados personajes, explorados por los encuadres y primeros planos de un Visconti que terminaba de dar forma a su inicial trabajo, a su estupenda ópera prima. Materializa ya Visconti uno de sus temas corazón durante toda su carrera, el patetismo de seres humanos atormentados, acongojados, castigados por el destino y la vida, y que se desenvuelven entre podredumbre y descomposición, muchas veces descomposición espiritual más que la corpórea. Así, se nos retrata la patética figura de la mujer, Giovanna, víctima principal en la historia de las circunstancias, urgida por la premura de la austeridad y la miserias, se prostituyó, y ante lo desesperado de su situación, se casó por necesidad, el matrimonio fue su salida, pues la precaria realidad, una Italia despedazada por la guerra, obligaba a aquello, ella encarna y representa a la máxima víctima pues de ese desolador ambiente. Inevitable también era que sufriese ciertos cambios la historia, dejando de lado la violencia y la sexualidad, para centrarse más en la realidad, en el contexto entonces contemporáneo, en darle otra directriz a su tratamiento. A ese mismo respecto, uno de los más sensibles cambios viene a ser la inclusión y aparición del personaje del Español, inexistente en la obra litería, y sin duda símbolo tunante de la situación italiana de entonces, a la deriva, sin rumbo, sin norte, a su suerte, reforzando la imagen del también nómada Gino. En los personajes radica mucha de la poderosa y compacta fuerza del filme, la ya mencionada Giovanna, como emblema de la desgracia italiana, prostituta atormentada, tiranizada por un infeliz que fue su único escape a su realidad de pesadilla, que se incendia en la pasión del adulterio, su pasión desbordará su razón, y eventualmente la conducirá al fenecimiento, su vida es un frenesí sin fin de desgracias, y Clara Calamai está excelente en su sufrida y tormentosa encarnación de la fémina. Arderá de pasión por Gino, el tunante busca fortunas, su destino es también incierto, y se verá envuelto en remolino pasional, que lo llevará eventualmente al homicidio, a liquidar a quien entorpece sus planes, la descomposición y degradación humana está presente, elemento Viscontiano por excelencia, estamos ante un filme pues enteramente reconocible con su persona como artista, y que tiene el clímax, el colofón desgarrador en la muerte de la sufrida e infeliz ex prostituta, terminando de colmar de desgracias la existencia de su igualmente infeliz compañero. Únicamente se siente quizás cierta flaqueza en los segmentos finales, Visconti, con su conocida tendencia a realizar relatos extendidos, lo manifiesta también desde su primer filme, sintiéndose por momentos dilatada sin necesidad la secuencia final, el desenlace, sintiéndose que las acciones por momentos navegan con un rumbo no tan determinado y firme como en otros pasajes; pero en cuenta definitiva, se trata de fisuras juveniles de un cineasta que ya apuntaba las maneras de uno de los grandes de un país tan rico en arte como Italia. Un filme hermoso, quizás eclipsado por lo mediático de las posteriores versiones yanquis, pero es una joya, el debut de Luchino Visconti, filme que navega entre los trabajos desconocidos del cine, pero de una fuerza y valía innegable y eternamente vigente, un filme necesario.









domingo, 6 de mayo de 2012

Rocco y sus hermanos (1960) - Luchino Visconti

Una de las cintas más aclamadas y reconocidas del gigante Luchino Visconti, extraordinaria película que podría considerarse su adiós a su particular estilo de neorrealismo, la corriente que fructificó y cobró fuerza a finales de los 40 e inicios de los 50. Nuevamente Visconti toma los conflictos sociales, expuestos de la forma más directa y pura, para entregarnos un hermoso retrato de un crudísimo drama, en el que las peores y más bajas caras de la naturaleza humana aflorarán. Es la historia de Rocco Parondi, y de sus cuatro hermanos, que deben mudarse, junto con su madre, del campo, su natal tierra, a Milán, luego de haber fenecido su padre, y al llegar a la urbanidad, serán presas de cómo la ciudad va descomponiendo su núcleo familiar, desencadenándose los más impensables enfrentamientos, y sacando a relucir uno de los hermanos, su faceta más abyecta y ruin, mientras todos tratan de adaptarse al nuevo estilo de vida citadino, en medio de la industrializada y abrumadora capital, con todas sus luces y ruidosas máquinas. Visconti retrata tanto el choque cultural entre norte y sur de su país, así como la degradación humana que experimentarán principalmente dos personajes, Rocco y Simone, cuya relación dual será uno de los hilos conductores de la narración. Protagonizada por Alain Delon, Renato Salvatori y Annie Girardot, en los roles principales, tendremos además el gusto de apreciar unos minutos de una por entonces bisoña Claudia Cardinale, en uno de sus primeros trabajos.

     


Inicia la cinta con la señora Rosaria Parondi (Katina Paxinou), en un tren, que llega con sus cuatro hijos a Milán, buscan encontrarse con su quinto hijo, Vincenzo (Spiros Focás). Al no estar ahí, van a una casa, encontrándolo en la celebración de su compromiso, con Ginetta (Cardinale). Con su padre muerto, Rosaria tiene en Vincenzo una importante fuente de sustento, al enterarse del inminente matrimonio, siente la están dejando en segundo plano, se retira, arruinando la celebración. La familia se las arregla como puede, hospedándose en un cuartucho, en el que Vincenzo ayuda a Nadia (Girardot), mujer maltratada por su padre, y los hermanos la conocen. Trabajan paleando nieve, no tienen dinero, Nadia les comenta que el boxeo es muy redituable, tras lo cual, escapa de la casa con un abrigo de Rosaria. Simone (Salvatori) y Rocco (Delon) van a probar suerte con el mencionado deporte, y afirman a Simone que tiene potencial. Inicia Simone su andadura de pugilista, ganando por K.O. su primer combate. Primer apartado, historia de Simone, que habla e intima con Nadia, mientras Rocco trabaja en una lavandería. Simone se enreda con la jefa de la lavandería, róbale un broche, que obsequia a Nadia, pero ella envía a Rocco a que se lo devuelva, sabedora del origen del broche, y con el mensaje de que lo deja. Éste se enfurece.




Pasa el tiempo, se han mudado los Parondi, Vincenzo embarazó y se casó con Ginetta, Simone ha seguido practicando boxeo, y Ciro (Max Cartier) ha comenzado a trabajar, es el único que lo hace, mientras Rocco está cumpliendo servicio militar. Catorce meses después, sale del servicio, y se encuentra con Nadia, frecuentan, se enamoran. El hijo de Vincenzo ha nacido, Simone ha seguido practicando, pero ha tenido una derrota importante, y se fijan en Rocco como prospecto para el deporte, que sigue saliendo con Nadia. Le cuentan al derrotado boxeador que su hermano frecuenta a Nadia, se enfurece al saberlo, los sigue y encuentra juntos, y se desquicia, golpeando a su hermano, y ultrajando a la mujer en su delante. Tras el terrible suceso, Rocco dice a Nadia que todo ha cambiado ya, que vaya con Simone; ella lo ama, y a la vez lo odia por su decisión. Nadia termina viviendo pues con Simone, a quien aborrece, mientras Rocco va mejorando en el boxeo. Segmento de Ciro, que tiene una novia (Alessandra Panaro), su madre está atormentada por lo mal que le va a sus hijos, solo Ciro trabaja, Simone está en la ruina, acusado de un cuantioso robo por la policía. Rocco se compromete a pagar la deuda, con un contrato de diez años en el boxeo. Un desquiciado Simone mata a Nadia, que lo desprecia, mientras Rocco gana su primera pelea. Segmento de Luca (Rocco Vidolazzi), Simone arrepentido vuelve a casa, por dinero, Ciro sigue trabajando, Rocco está nostálgico de casa, solo Luca, ya citadino, es el futuro ahora.




Descomunal película de uno de los más brillantes realizadores italianos, en el que nos muestra dos principales columnas o vertientes narrativas, dos temas centrales, el choque cultural entre el campo y la ciudad, en la forma de conflictivos tratos y discusiones entre norteños y sureños; y por otro lado, la desintegración y degradación de la persona que experimentan los hermanos, unos más drásticamente que otros, pero todos aunados en esa enorme succionadora que es la ciudad, que perjudica su estructura y cimiento familiar de una forma irreversible e irrecuperable. El primer tema es abordado de inicio, una familia va a la ciudad en busca de nuevos horizontes, para vivir una indecible pesadilla, con los hermanos y su madre, provenientes de su natal Lucania, y su origen rural los hace maravillarse y sorprenderse de la luminosa ciudad, su fulgor los va deslumbrando aún antes de poner un pie en la ciudad, pero eso es apenas el más somero aspecto del evidente y sensible cambio que están a punto de experimentar; y Visconti, experto en retratar atmósferas y entornos propios de la época, retrata a su vez el bosquejo de los ciudadanos, sus costumbres e idiosincrasias, retratados en los constantes choques y desprecios norte-sur, los capitalinos citadinos, despreciando a los rurales campestres. El segundo apartado, quizás el que más dramática y potentemente se plasma, es la degradación y descomposición que la ciudad genera en los Parondi, lo que el italiano enfoca y nos transmite a través de apartados, uno para cada hermano, en el que vernos sus personales vivencias, sus personales intentos por sobrevivir en una ciudad que parece consumirlos, y sacar lo peor de ellos. La ciudad los afecta, los desorienta, totalmente nueva experiencia, desquicia a todos, y, particularmente en el caso de Simone, saca lo peor de él, lo más despreciable y abyecto, su faceta más inhumana.




La cinta pues retrata miseria, podredumbre, personajes patéticos, insalvables perdiciones, y Simone, experimenta la más severa descomposición, es el gandul de la familia, un bueno para nada, que se va degradando, siendo un ladrón al inicio, se relaciona con una prostituta, bizarra pareja de la que nace el más animal intento de amor, un ruin personaje y la mujerzuela, que lo aborrece y desprecia, cuando Simone, enceguecido y enloquecido de celos, sea capaz de ultrajarla delante de su hermano y nuevo amante, lo más bestial y animal queda en él representado, todo atisbo de civilización se esfuma, su humanidad se va evaporando. Y en el otro lado, su opuesto, comparte su misma sangre, pero son como el día y la noche, a diferencia de Simone, reprobable patán, está Rocco, el sensible y noble bonachón, un personaje que es nobleza pura, es idealista, es cándido, muy cándido, prefiere ser optimista ante todas las adversidades, aunque su optimismo tenga bases quiméricas, prefiere no temer, aunque sus respuestas demuestren seguridad, es una ilusa seguridad de que todo saldrá bien. Con su sencillez, ternura e inocencia, deslumbra a la atormentada y sufrida prostituta, Nadia, no acostumbrada a tratar con alguien tan puro, tan ajeno a la podredumbre citadina, es un escenario sórdido, bizarro, de una fragilidad que puede romperse en cualquier momento, y ciertamente así sucede. Y Rocco, siendo el más noble, es quien más sufre con todo, y quien más es expuesto a la infrahumana descomposición, su propio hermano, llega al animalesco estado de ultrajar a la mujer que afirma amar, es una bestia actuando, esa bestia es su propio hermano, Visconti no deja de retratar todo con desgarrador realismo, es un neorrealismo como debe serlo, directo, desnudo, duro, y la secuencia más conmovedora y potente se finaliza con la cruda y patética imagen de Nadia, ultrajada, sollozando, rogando, suplicando casi a su amado que le diga que esto no es verdad, que le diga que esto no ha sucedido, su fantasía de papel se ha destruido. Pocas veces un cineasta logró generar una secuencia más desgarradora y humana, por eso Visconti está entre los grandes. La nobleza de Rocco llega a hacerlo afirmar que ellos, víctimas, están perjudicando a Simone, agresor, renuncia a Nadia, y le dice que vaya con su hermano, a consolarlo, nunca pierde esa parsimonia, pero sí ha perdido la inocencia para siempre.





Estupendo retrato el que realiza Visconti, retrato de una familia que llega a la ciudad, seducida por su brillo e industrialización, pero que verá estrellarse todas sus esperanzas contra infranqueables obstáculos, la madre llegaba esperando hallar horizontes prometedores, pero la ciudad que le ilusionó antes, pudre y descompone a su prole después, la burbuja se ha reventado de la forma más dolorosa, y su candidez les costó su propia familia. Queda en Rocco retratada toda la decepción, es el receptáculo de los mayores horrores, y él expresa a Nadia, recién acontecida la deshonra de Simone, su sentir, afirmando “no hay esperanzas”, lapidarias y ciertas palabras, pues ya no hay marcha atrás, es indeleble en sus existencias lo sucedido, pero Rocco jamás pierde su nobleza, y decide cuidar de Simone pese a todo, hacerse cargo de sus desórdenes y robos. El director contrapone de la forma más frontal y brutal dos momentos opuestos, Nadia, el objeto de deseo y motivo de conflicto, es asesinada por Simone, mientras paralelamente Rocco gana su primera pelea, un horizonte terminó para siempre, mientras otro parece abrirse esperanzadoramente, la caída total contra un atisbo de mejoría. La hecatombe final termina de sepultar a la familia Parondi, Ciro, a quien su madre define como el único hijo bueno, el único que trabaja, se ha ido, la familia ha sido destruida, la ciudad los absorbió y liquidó, ya no hay vuelta atrás, la nostalgia de Rocco al final expresa que él entendió lo sucedido, es consciente del efecto que la ciudad tuvo en ellos, añora los viejos tiempos en casa, pero sabe que es un ciclo pasado, al que es imposible regresar, y ve con esperanzas a Luca, esperando que éste regrese a casa, y el niño configura el simbólico final del infante caminando, adentrándose en la modernidad, hacia un enorme edificio, símbolo de la industria y la máquina, pero portador de la esperanza, propia de la juventud, de hacer un cambio, de poder volver a sus raíces, camina mientras la canción que aperturó la cinta, la clausura, una melancólica y nostálgica melodía italiana sobre el corazón que se quedó en la tierra natal.






Muy notable ejercicio, inmortal cinta, de lo mejor del titánico director italiano, con la que daba por finalizada la etapa de su particular concepción y ejercicio de neorrealismo, tres años después de la notable Noches Blancas (1957), con la que también se desempeñaba en esta corriente, y es que, aunque al director de conocidos orígenes aristócratas se le aticen hechos impropios del mencionado neorrealismo –como rodar en interiores, con lo que materializó la antes citada cinta-, siempre será un ilustre miembro de la terna italiana neorrealista, por supuesto, con singular sello, alejándose quizás de los principios rígidos, de las más puristas directrices de la corriente, no desprendiéndose las acciones ya de la guerra mundial ni de las despedazadoras consecuencias del conflicto global, pero sí retratando la más pura y dura degradación y descomposición humana, tema obsesión que no abandonaría su arte hasta el final de sus ejercicios. Las actuaciones son notables, aunque Alain Delon fuese por ciertos sectores acusado de excesiva frialdad en su interpretación, de limitado actoralmente, considero que su actuación es serena y muy seria, le da a su personaje la parsimonia precisa, no desentona con el perfil de Rocco, y no acusa sobreactuación, algo a lo que la cinta seguro hacía proclive a quien interpretase el papel. Renato Salvatori y Annie Girardot cumplen ambos, a la altura de la cinta, reflejando la descomposición y podredumbre de una situación que los consume, los degrada y descompone hasta dejarlos seres irreconocibles y estropeados. En cuanto a la música, tuvo Visconti el acertadísimo olfato de seleccionar a un personaje que sería un futuro dómine de la materia, uno de los nombres más ilustres de este apartado cinematográfico, el genial Nino Rota aporta su hermosa melodía, que sabe ser distinta y adaptarse a los diversos momentos, parsimoniosa, tranquila y lúdica incluso, cuando los protagonistas abandonan su hogar, llegan a un nuevo escenario, y se van familiarizando con el mismo, denotando ambiente familiar, la tierna solidez de una familia que no sabe a qué se enfrentará. A su vez, sabrá ser intensa y apasionada para las secuencias de amoríos, obviamente, de Rocco y Nadia, y también se inundará de tragedia, poderosamente desgarradora, en la secuencia más baja y patética, la deshonra de la prostituta, y su derrumbe frente a su amado, sin duda una obra maestra de Rota, que le valdría la afición de Francis Ford Coppola, quien lo reclutaría para alcanzar fama universal con The Godftaher. Pieza maestra de un maestro en el cine, filme mayor,









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