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lunes, 16 de julio de 2012

Mar adentro (2004) - Alejandro Amenábar


El director chileno Amenábar, que se formara y creciera en Madrid, continuaría su hasta ahora breve filmografía con este filme, en el que si un acierto tiene, es -sin caer en el cliché de esta frase- volver a sus raíces, se aleja del aparatoso y frívolo Hollywood, y todo su artificioso y degradante glamour, para volver a realizar trabajos que se escinden de aquello, trabajos, al menos, con intención más profunda. Tras un nuevo thriller de este director, Los Otros (2012), nos presenta este drama de la vida real, que se sustenta en un tema muy controversial y que en los últimos años viene siendo un tema de discusión y de actualidad en el mundo, la eutanasia y el derecho a pedir la muerte, un tema por el que Amenábar ciertamente se aseguró una respuesta y empatía en el público. Se trata de la historia verídica de Ramón Sampedro, un personaje que ha quedado tetrapléjico tras un infortunado accidente, es cuidado por sus familiares, y su existencia ya ha dejado de tener dignidad, al menos a su concepto, y por ello, emprende una batalla legal de treinta años para finalmente acceder al derecho de poner fin a su vida. El filme será la exploración por la relación de Ramón con diversas féminas, desde su cuñada que lo cuida, hasta una abogada que se le une en su objetivo, y una mujer que queda prendada de él, además de los intentos de ellas y otros individuos por convencerle de que aún vale la penar vivir.

        


Iníciase la acción con una voz femenina que hace una suerte de hipnotismo, de sugestión, tras la cual, la abogada Julia (Belén Rueda), llega a casa de los Sampedro, a ver a Ramón (Javier Bardem), un tetrapléjico que añoraba su presencia. Ramón le expone a la abogada su postura, quiere suicidarse, acabar con su vida pues la encuentra indigna, quiere luchar en un juicio para ganar el derecho a la eutanasia. Su cuñada Manuela (Mabel Rivera) es quien lo atiende, junto a otros familiares. La abogada va conociendo a sus familiares, y Ramón recibe un buen día la visita de Rosa (Lola Dueñas), una locutora de radio local, con quien terminan de mala forma su primer contacto cuando ella juzga su forma de pensar. Entre los habitantes de la casa que lo cuidan, también está Gené (Clara Segura), mientras Julia va documentando la vida de Ramón, que se muestra hosco, pero va narrándole algo de su juventud, como marinero, antes de quedar en ese estado. Sucedió en el mar, cuando se lanzó en un clavado muy mal calculado, se golpeó la cabeza, no hubo marcha atrás; a través de sus relatos, y de algunas fotografías que se le muestra, la abogada va conociendo más a su cliente. Rosa regresa eventualmente con sus hijos, se hacen amigos con Ramón, que a su vez sigue firme en su determinación de buscar la eutanasia.




Manuela simplemente se supedita a los deseos del desafortunado, le muestra a la abogada poesía escrita por su cuñado. Javier tiene fantasías con Julia, ella le atrae de cierta forma, pero hay cierta incomodidad por los versos vistos, y es entonces que ella tiene un infarto, resulta tener también una enfermedad, es muy proclive a esos ataques. Julia sobrevive, pero queda casi minusválida, se confraterniza más con Javier, se recupera a la distancia, lucha por mejorar. Aparece entonces el Padre Francisco (Josep Maria Pou), también tetrapléjico individuo, sacerdote que sale en televisión esparciendo un mensaje de esperanza, exhortando a los que son como él, a seguir viviendo. Se entera del caso de Ramón, lo visita, al no poder subir las escaleras a su cuarto, se comunican a distancia gritando, pero de su entrevista, nada positivo se obtiene, aunque su familia se esmera por reanimarle la vida. Se acerca la fecha del juicio, y es entonces que Julia vuelve, en silla de ruedas, un somero idilio se da entre los personajes, despertando celos en Rosa. El libro de poemas de Ramón es acabado y publicado, hasta intenta motorizar éste su silla de ruedas. Pero ya iniciado el juicio, no cambia su actitud, y al margen de los jueces, arregla con unos amigos la preparación de un vaso con líquido letal, de tal forma que no se considere asesinato, y bebe el contenido. Finalmente, Julia, desmemoriada, recibe en vano una carta del fenecido Ramón.




Amenábar corrige y evita muchos de los errores y falencias cometidos o padecidos en el pasado, deja atrás sus thrillers, de mayor o menor efectividad, deja atrás la insufrible y por su bien irrepetible Tesis (1996), así como la mencionada Los Otros, y en esta oportunidad nos introduce en el drama verídico del tetrapléjico, y sin perder tiempo nos expone la coyuntura, en una de las primeras secuencias, el encuentro de abogada y cliente, expone rápidamente el meollo, un drama de la vida real, y controversial como pocos, combinación con la que el director se aseguraba no pasar desapercibido, lo cual es hasta cierto punto, bastante ocioso. Así, presenciamos un drama perfectamente verídico, se siente que no se hace más que exponer todo lo que una persona aquejada por ese terrible mal padece, se siente un drama que no podía no ser real, el severo dilema del que dejó atrás toda una vida para afrontar una existencia que considera indigna, y quiere terminar con eso. No se advierte algo más que eso, salvo algún intento de romper lo convencional con esa secuencia de fantasía, la secuencia del sueño de Ramón, que se siente como un buen intento, pero no más que eso, el viaje surreal, el vuelo por bosques y la playa se siente muy artificial, no natural, prefabricado en exceso, e incluso, como una suerte de secuencia de videojuego adornado con decente música; se advierte una buena intención, más no lo es su realización. Tenemos un filme en el que el realizador al menos supera las insoportables y frívolas falencias de su ópera prima -aunque ciertamente eso no es de por sí un gran mérito-, además de una actuación de Javier Bardem aceptable y decente -curiosamente, haciendo nuevamente de lisiado, como en Carne trémula (1997) de Pedro Almodóvar-, pero de ahí, a cosechar todos los premios y reconocimientos que obtiene, considero que hay distancia. Lo considero más una prueba fehaciente de la severa avidez que tienen los medios españoles de encontrar un nuevo referente cinematográfico internacional, cueste lo que cueste, aunque ello signifique deificar e inflar sobremanera a directores como este, y como Almodóvar, y futura prueba de esto es que muy probablemente los próximos filmes de estos personajes, con su predecible calidad -o ausencia de ésta-, serán múltiplemente premiados. Se configura así un filme de vida y muerte, de auto superación, de apreciación por la vida, de dignidad en la misma, temas pues que en mucha gente calarán, y mucho.




Tesis (1996) - Alejandro Amenábar


Me sometí al visionado de este filme decidido a darle una última oportunidad a este individuo, Alejandro Amenábar, supuesto último ejemplar de los otrora gloriosísimos cineastas ibéricos, solo para darme con la ineludible e incontestable realidad, se trata de un personaje tan extremada como incomprensiblemente sobrevalorado, cuyo cine está a años luz de los nombres españoles que plasmaron su leyenda en letras de oro en el cine. Es la ópera prima de Amenábar, otros ejercicios suyos alguna infortunada vez visioné, pero este filme siempre fue referenciado como una de sus, por así llamarlas, cumbres, por lo que especial cuidado le dediqué, y en igual magnitud, decepción coseché. El filme del español nos introduce en el sórdido mundo de las películas snuff, toda una subcultura en la que se ve inmersa una joven estudiante de ciencias audiovisuales, que prepara su tesis, casualmente sobre violencia audiovisual, pero la fémina se involucrará más de la cuenta en el proyecto, descubriendo una red insospechada de crímenes, muertes, bizarrías y verdadero morbo, en el que su propia existencia se pondrá a riesgo máximo, cuando descubra a personajes de su propia facultad involucrados en ese oscuro mundo. El film, debo decir, llamó mi atención antes de verlo por la inclusión en el proyecto de la recordada Ana Torrent, cuyo aporte ya detallaré más adelante, en una de las películas que más recordaré por haber despedazado mis ilusas expectativas.

        



En la capital de España, el itinerario de un tren es interrumpido por la muerte de un individuo, que ha sido partido en dos al tirarse a las vías. Una de las presentes fue Ángela (Torrent), que después se dirige a su universidad, a su facultad, ciencias de la información, donde prepara un proyecto sobre violencia audiovisual para el que pide apoyo su profesor, Figueroa (Miguel Picazo). Para documentarse mejor sobre el tema, acude a su compañero Chema (Fele Martínez), quien inicialmente le niega ayuda, pero que después le muestra su bien surtida colección de raros videos pornográficos y de otras severas desviaciones. Mientras Ángela observa hostigada las imágenes, Figueroa busca en la filmoteca de la facultad un film, un film snuff, pero tras verlo, Ángela lo encuentra muerto en la sala de proyecciones, y se lleva la película que veía. La revisa después con Chema, éste reconoce a la víctima del video, una chica desaparecida tiempo atrás, estudiante de la facultad, además de advertir unos raros cortes en la edición del film. Ángela se interesa en el tema, mientras Chema re visiona el filme, busca ella al dueño de la rara cámara en él usada, y su búsqueda lo lleva hasta Bosco Herranz (Eduardo Noriega), que casualmente conoció a la chica torturada, Vanessa, y la nerviosa Ángela se compromete a hacerle un reportaje al respecto.




Pero el extrovertido Bosco, tras hacerse la entrevista, llega hasta la casa misma de Ángela, le propone enriquecer su trabajo y reportaje, hasta almuerza allí y conoce a la madre y hermana de la estudiante. Mientras Chema se molesta porque ella se acerca a Bosco, rozando los celos, la fémina se siente perturbada, vigila de lejos al extraño joven. Por otra parte el profesor reemplazante de Figueroa, Castro (Xabier Elorriaga), la cita para que trabajen en la tesis, un personaje completamente vendido, que ve el cine como una industria de hacer dinero, no un arte. Chema advierte a Ángela que Castro está directamente vinculado a la muerte de Figueroa, lo cual es cierto, y poco después, la novia de Bosco, Yolanda (Rosa Campillo), le dice que la muerte de Vanessa fue real y que hay una cadena de personajes haciendo filmes de ese tipo, snuff, en la facultad. Introdúcese la pareja de estudiantes a investigar a un escondido almacén, el mismo en el que se va luz, ellos quedan encerrados y en penumbra, y Castro está detrás de todo. Cuando el profesor está perpetrando un nuevo film, Chema aparece, pelea con Castro, que termina siendo eliminado de un balazo. Parece todo resuelto, pero es Bosco quien también estaba involucrado, intenta repetir la figura con Ángela, pero la joven se libera, y lo ultima. Finalmente, Chema, herido, se recupera en el hospital, mientras los medios hacen eco de todo lo sucedido.





Comenzaré a desmenuzar el filme y las que considero sus múltiples falencias, así como algún eventual acierto, si lo hay. Para empezar, uno de los pseudo méritos por los que me referenciaban que el filme era valioso, una utilización de los espacios en off para generar un terror psicológico que jamás encontré en el filme. Un intento, sí que lo hay, los jóvenes presenciando el filme snuff, secuencias en las que supuestamente el terror no debía verse, el filme mismo del asesinato, materialización máxima del morbo y el terror, no debía verse. Amenábar afirmaba que quería jugar con las expresiones de los actores viéndola, solo jugar con sus expresiones y reacciones, jamás mostrar las sórdidas imágenes, lo cual, a primera vista, me pareció estupendo. A primera vista digo, pues eso fue antes de visionar el producto, en el que, francamente, siento que al director “le ganaron” las ganas de mostrarlo, finalmente el cineasta fue presa de la que supuestamente es una de las aristas de su filme, denunciar el hambre de morbo en los medios ibéricos. Finalmente él se convierte en exponente de lo que denuncia, pues ciertamente las ganas de mostrar el morbo le ganan, y muestra escenas de snuff -por cierto ni siquiera se sienten realmente ofensivas o chocantes, símil a lo que sucede con el personaje Chema, supuesto individuo retorcido que nunca da tal impresión, ya conociéndolo a través de la cinta-, arruinando, estropeando la intención, que ciertamente tenía buena directriz inicial, y escindiéndose por completo de un verdadero maestro en ese aspecto, Roman Polanski (con infinitiva candidez llegué a pensar que este muy menor director español llegaría a acercarse a ese auténtico terror en off del otrora genial polaco). A ese triste e infértil intento de terror sugerido y psicológico, se suman un acompañamiento musical insultante, que jamás cumple su cometido, impregnar de sordidez las acciones, sino más bien las trivializa, las acerca a baratos y trillados ejercicios yanquis contemporáneos o afines.





Se configura pues un terror –si es que realmente existe, lo cual dudo poderosamente- barato que nunca llega a cuajar, como el filme mismo, sosas investigaciones, sosos suspensos, un tema que pintaba bien, pero recibe anodino tratamiento, que realmente ya debíame anunciar lo que se venía. El tema y las sensaciones que produce el filme son tan inefectivos como el insufrible Eduardo Noriega, de lo peor entre lo peor; particularmente insoportable la secuencia en que se acerca a Ángela en su casa, intentando seducirla, qué culminación tan inútil e inservible de una secuencia. De pronto uno se pregunta si lo que se observa es un supuesto ejercicio de terror, o un infantil ejercicio de flirteos y liviandades entre jovencitos ibéricos y sus frívolos juegos de seducción; y otra lamentable secuencia, la del sueño de Ángela, es un claro ejemplo de la inefectividad y lo liviano que es el intento de aterrar de Amenábar. Pero si algo hay, en calidad de lamentable, que supera todo lo anterior, eso es sin  duda el desperdicio de una actriz que empezó como lo más cercano a un prodigio contemporáneo, Ana Torrent, a quien con tanta maestría digiriera el gigante Carlos Saura en Cría cuervos (1976), o antes Víctor Erice en El espíritu de la colmena (1973), ambos filmes en los que la entonces infante Torrent dejaba todo un mar de buenos augurios, personalmente dejó impronta en mi lo suficiente como para decidirme a darle una oportunidad a esta película, pero todo se ahoga en la inefectividad del realizador, triste desperdicio de actriz, en lo que es lo que sucede al darse la ausencia de un director de más categoría para dirigir a un buen intérprete. Durante sus dos horas de metraje se exhibe así un filme muy flojo, predecible y barato, que se siente colindando peligrosamente con los filmes yanquis contemporáneos, algo que en la actualidad terminó de plagar a este español de orígenes chilenos. Esta es su ópera prima, la que se supone es su mejor obra, y de ser así, esto ya me dijo más que suficiente, un filme en el que el final al menos desliza la doble moral y la enajenada hambre por morbo, de la gente y de los medios -y de la que no escapa el propio director, por supuesto-. Para finalizar, si una secuencia me pareció cómica fue la del anunciamiento de la muerte de Figueroa, visionando un filme, a la que Chema dice, socarronamente, "seguramente fue una película española", yo complementaria, "sí, seguramente una cinta española; sí, seguramente una cinta de Amenábar".


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