Última de las cinco colaboraciones de la sociedad Kinski-Herzog, y una de las más poderosas visualmente hablando. Herzog es ya a estas alturas un viejo zorro, curtido, experimentado en casi todos los aspectos de un realizador, que estando ya en la quinta (y sin saberlo última) de sus colaboraciones con el irascible Kinski, sabe exactamente cómo extraer lo mejor de este temperamental actor, ese loco arrebatado, que retrataba perfectamente sus lunáticos personajes, y que moriría tres años después de estrenada esta película.




El final es tremendamente simbólico. Un agotado Cobra Verde decide abandonar todo, retirarse y dejar toda esa tierra, toda esa esclavitud, toda esa imperante enfermedad e inanición. En una secuencia profunda y muy rica, vemos a Kinski caminando por la bahía, seguido por un hombre enfermo de polio, que asiste silencioso a sus últimos instantes: Cobra Verde intenta llevar un bote al mar para así poder escapar de toda la podredumbre. En una simbólica imagen vemos a Kinski jalando el bote, tirando de las sogas con sus propias manos, en una tranquila alegoría al terrible yugo de la esclavitud del que no pudo escapar, una esclavitud con la que él inició traficando, pero que finalmente se apoderó de él y se convirtió en su condena; una esclavitud de la que él mismo no pudo liberarse, que lo arrastró a la muerte, cuando, completamente agotado, cae rendido, bañado por las aguas del mar, rozando solo superficialmente la libertad, tocando solamente la espuma del océano, incapaz de escapar de la esclavitud; incapaz de despegarse de esa tierra, expira. El cuadrúpedo testigo silenciosamente contempla todo, mientras se nos muestran los créditos finales teniendo de fondo a las mujeres guerreras cantando con una sonrisa que, con lo visto, resulta escalofriante, las mujeres guerreras, las mujeres asesinas son la imagen final de este crudo relato, con el que nos despedimos de la colaboración Kinski-Herzog. En la final colaboración del dúo, deja por supuesto Herzog patente todo su dominio como realizador en tierras indómitas, salvajes, visualmente potentes, y el director dota a su filme de toda la fuerza cromática que el escenario puede ofrecer, configura una cinta con su sello, que se siente hermanada a las otras cuatro, parte de lo que podríamos denominar una serie, la serie de cinco cintas juntos colaborando. Hasta siempre y gracias, maestros.
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