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lunes, 16 de abril de 2012

El Escritor (2010) - Roman Polanski

Polanski continúa su particular travesía por el cine contemporáneo, diversificando y ampliando su abanico de trabajo da una forma cada vez más sorprendente, aunque lamentablemente, no sea involucrando las mejores sorpresas. Tras ya no pocos ejercicios en áreas que no son su usual arena de desempeño, en esta oportunidad el director polaco irrumpe en un escenario hasta ahora inédito para él, el, cine de thriller político, cine testimonial, en el que se esfuerza por generar suspenso, intriga, y ciertamente se queda en un infructuoso intento. Representará Polanski su enésima adaptación de una novela al cine, en esta oportunidad la novela del 2010 de Robert Harris The Ghost Writer, aunque en esta ocasión ya no contará con su habitual colaborador, su  guionista Gérard Brach a lo largo de los años. La cinta retrata el mundo de un eminente diplomático británico, un ex ministro, que está por publicar sus memorias, un interminable documento, y esta misión se le encomienda a un escritor, que, mientras trabaja en esto, irá descubriendo vínculos y relaciones clandestinas del político, que van convirtiendo su labor en un campo minado, pues mientras más se adentra en la verdad, más se pone en peligro su propia existencia. Con intrigas políticas, mentiras, descubrimientos e investigaciones a través de la red, la cinta termina siendo difícil de deglutir, y más bien lenta en su desarrollo. Recluta Ponalski a un insípido Ewan McGregor y a Pierce Brosnan en los papeles más resaltantes, en medio de una variopinta selección actoral.

         


Después de ver un inconveniente vehicular en la carretera, vemos directamente a El fantasma, el escritor, (McGregor), a quien un compañero le habla de una gran oportunidad escribiendo las memorias de un ex político. No muy animado al inicio, los grandes emolumentos del trabajo lo convencen, se presenta a la gente de Lang, el político, y es aceptado. El documento físico de las memorias, un conglomerado de más de 600 páginas, está estrictamente resguardado, pero esto no impide que apenas empezando, unos motorizados ataquen al escritor y le quiten el documento. En los noticieros, se habla de las tensas relaciones con Oriente, escándalos y noticias que son encubiertas, todo siempre relacionado a Lang, el escritor ve todo, y viaja a la residencia del ex diplomático, una isla, donde conoce a todo el equipo, su esposa Ruth (Olivia Williams), y su secretaria Amelia Bly (Kim Cattrall). Termina de leer el interminable documento de las memorias, considera que necesita retoques, Ruth lo avala, y conoce finalmente al ex ministro, Adam Lang (Brosnan), y bajo extrema seguridad, le hace una breve entrevista. Las turbulencias políticas no hacen más que intensificarse, y Lang sigue estando en el ojo de la tormenta, e incluso se le reduce el plazo de término de su labor al escritor.




El escritor se mueve e investiga algunas de las inquietantes noticias respecto a Lang, aislado por los escándalos, que incluyen asesinatos en Oriente. Cuenta con el apoyo de Ruth, presente con él en la gran residencia en la isla, investigan ambos. La CNN informa sobre crímenes de guerra, mientras el escritor nota cabos sueltos, Lang esconde muchas mentiras, y pasa más tiempo con la señora Lang, hasta que se consuma un inevitable adulterio; él se irá de la isla por ello, y ella pedirá el divorcio. Entonces se entrevista con un conocido de Lang, Paul Emmet (Tom Wilkinson), éste afirma no haberlo visto en años, y no arroja demasiadas luces al respecto. Descubre luego en internet que Emmet estuvo vinculado a la defensa nacional, y a la CIA, hay fotografías que incriminan al ex primer ministro, y siempre se encuentra con sujetos enviados por poderosos personajes, que lo registran y amedrentan. Averigua que su predecesor escritor fue asesinado, y encara a Lang sobre sus acciones en los escándalos, pero éste no reconoce nada. Poco después, el desacreditado político es asesinado a balazos. Las memorias se publican de todas maneras, y el escritor finalmente descubre que Ruth también se vinculó a la CIA, ella realmente estuvo detrás de todo.





Polanski termina de esta forma lo que se podría considerar un thriller, un intento de thriller político en todo caso, el director sigue sorprendiendo, y en esta oportunidad esa sorpresa se traslada a otra área, cambió el director su campo de cultivo, para aventurase en las intrigas y entramados políticos, tema ciertamente no demasiado estimulante. Imposible que deje de resultar llamativo ver a Polanski dirigiendo una cinta de misterio político, se pregunta uno qué hace rodando sobre temas de terrorismo, de Iraq, en su thriller donde el suspenso se insinúa, pero no acaba de fluir, y termina siendo de ritmo aletargado. A ese respecto, me sorprendió, y no poco, la forma en que el realizador involucra tecnología a montones, vemos desde memorias USB, celulares, alarmas, investigaciones en el buscador Google, componentes que siempre he sentido remiten a un escenario más bien ocioso, peligrosamente cercano a banales historias, recursos que, no bien utilizados, pueden envolver a la historia en ese ocio, hacerla sentirse artificiosa, y que, por momentos, sentí, estrictamente en ese sentido, demasiado cercana a la pueril Los Infiltrados (2006) de Scorsese. Continúa también el realizador utilizando de llamativa forma a actores del ámbito comercial, actores de cintas comerciales y hasta ridículas, y desde el inicio, ya se sentirá una atmósfera ajena a Polanski (cómo no, si vemos al soso Ewan McGregor, sin que más de alguno deje de recordar al burdo Obi Wan Kenobi, o ver a Brosnan y rememorar a uno de los más mediocres James Bond), además de actores tan irrelevantes como James Belushi, Jon Bernthal, aunque con la excepción de Tom Wilkinson. Con todo esto, el polaco configura un inocuo thriller, inocuo suspenso, se siente como que sí hubo suspenso, la incertidumbre estuvo ahí, pero nunca terminó de cuajar, nunca se nos ofreció momentos de espasmo y arrebato, el clásico desenfreno de los mejores momentos de Polanski. Nunca explota la acción, y otra vez, los actores no colaboran mucho que digamos a eso, y es que no mucho pueden hacer tampoco, ya sea por limitaciones propias, o por causa de la historia misma. Un cine testimonial, de investigación, una firme conclusión luego de su visionado es que este tipo de “thriller” no le va a Polanski, como no le van ni lo político, terrorismo ni modernidad, se sienten aburridos e inocuos temas. Como agua y aceite para Polanski, pero es la actualidad del director. Nos quedamos con las ganas todo el filme de ver un clímax poderoso como a los que tan acostumbrados nos tuvo antes, pero ese mal intento de algidez al final resultó tan soso como la cinta misma. Buen ejemplo del nuevo Polanski.






martes, 23 de agosto de 2011

El Libro de Cabecera (1996) – Peter Greenaway

Excelente película que continúa con la senda anterior de Greenaway, sus directrices y características previamente apreciadas en trabajos pasados. En esta ocasión el británico se adentra profundamente en la cultura asiática, específicamente las culturas japonesa y china, para obtener un producto visualmente poderoso, lo cual es una característica ya usual en él, pero a esto se suma la solemnidad de la mencionada cultura, su belleza estética, lo cual conformará un lenguaje visual/narrativo soberbio, único. Las historias extrañas y plagadas de morbo son cosas inherentes al cine de Greenaway, y ahora apreciaremos nuevamente ese instinto de mostrar un ambiente enfermo, así como las bizarras acciones de sus protagonistas. La trama es muy original, atrapa, y las acciones inverosímiles definitivamente terminan por enganchar a la audiencia, que presencia un ejercicio narrativo visualmente distinto, disfruta de la estética oscura y hermosa del británico, potenciada por la belleza de la cultura asiática, su música, sus rasgos literarios, sus respetuosas costumbres.

                                                                               

La protagonista, Nagiko (Vivian Wu), es pintada en su rostro cada cumpleaños por su padre, acción que la deja marcada física y espiritualmente, en una peculiar presentación del director, que con música e imágenes va retratando situaciones ligadas a las costumbres asiáticas, específicamente la pintura corporal,  y su solemne importancia y significancia en esa cultura. Al cumplir 16 años, es exhortada a llevar un diario (Pillow Book), que llenará con sus observaciones, y que ella piensa que en el futuro puede ser un recopilatorio de sus amantes. Nagiko conoce a su futuro esposo, los años van pasando, ella crece y su cuerpo sirve más y más como lienzo de escrituras, una acción ritualista que cala en sus aspiraciones como mujer, donde las capacidades sexuales y caligráficas de su amante serán indivisibles. Ya casada, su esposo, hijo adoptivo de un editor que tiene relaciones homosexuales tanto con él como con el padre de Nagiko, reprueba sus escritos, y los quema, por lo que ella abandona Japón y se va a USA. En tierras yanquis, siendo una exitosa diseñadora, sigue a la búsqueda de su perfecto amante y calígrafo. Conoce a Jerome (Ewan McGregor), un versátil traductor que resulta ser el amante del editor (Yoshi Oida), que la rechaza en sus intentos de publicar sus escritos.





Ella lo seduce para convencer al editor, pero se enamora de él, pinta en el cuerpo de él, y sus textos son aceptados. Ella también utiliza otros cuerpos para escribir sus otros libros, lo cual enloquece de celos a Jerome, que termina suicidándose involuntariamente, y ella regresa a Japón. En una bizarra y terrible acción, el editor descubre que hay un escrito en la piel del cadáver de Jerome, por lo que exhuma el cadáver, lo desolla y encuaderna su piel, obteniendo su propio Pillow Book. Indignada, ella le escribe el resto de sus 13 libros al editor, exigiéndole que le devuelva el libro humano de Jerome, lo cual él acepta, y va recibiendo los textos en distintos cuerpos de personas. En el texto final, enviado en el cuerpo de un sumo, ella desvela su identidad, y le confronta directamente por sus crímenes: haber humillado a su padre, corromper sexualmente a su esposo y a Jerome, y lo peor, haber profanado su cadáver, ante lo cual, el editor acepta la culpa y se deja eliminar por el sumo. Finalmente, Nagiko entierra el libro bajo un bonsái, y le pinta la cara a su hija, hija de Jerome, siguiendo la tradición en su cumpleaños 28, fecha en que cumple mil años el diario original, inspirador del suyo.




Una de las cosas más llamativas del filme es su original narrativa visual, la constante superposición de imágenes, combinación de momentos, que sirve por momentos de ilustración de las páginas del diario de Nagiko. Combina estas superposiciones con la presentación de unas mini pantallas, donde presenta eventos futuros, juega con los colores, plasma su sello estético, está intacta su capacidad creadora de ambientes, utilizando la música, y claro, una atmósfera oscura. Un filme de Greenaway generalmente es plenamente reconocible, y esta no es la excecpción, ya sea por la mencionada originalidad en el tratamiento audiovisual, o por la sordidez, el morbo de ciertas situaciones que se den en la cinta, lo que se hace evidente durante el visionado. Asimismo  la fusión de los idiomas, hasta seis, tanto en los escritos, en la escenografía, en la pintura corporal, expresan poderosamente los momentos, especialmente los momentos de sexo de la pareja, repleta de intensa pasión, bellamente complementados con las mini imágenes, y unas canciones donde de maximiza esa fusión de idiomas. La solemnidad oriental, su severidad, se reflejan bien en la cinta, en la que el arte transgrede los medios convencionales, en la que el cuerpo humano se funde literalmente con el arte, una nueva muestra de lo inconteniblemente irreverente pero a la vez visualmente poético que el director sabe ser. Es una película muy de Greenaway, bizarra, morbosa, hermosa, que se ve potenciada por la narrativa visual y musical, además de los experimentos técnicos que realiza, que observaremos asimismo en posteriores obras del siempre consecuente y coherente cineasta inglés. Excelente titulo del británico, muy recomendable, que dejará satisfechos a los seguidores del realizador, y a los que no lo son, probablemente les dejará un sinsabor seguido de algún malestar de estómago.



  
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