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sábado, 7 de abril de 2012

Chinatown (1974) - Roman Polanski

El genial Polanski, uno de los directores de cine polacos más importantes, sino el más importante, y ciertamente uno de los más atormentados, dirigiría esta, la que fue su tercera película después de los traumáticos acontecimientos que sucedieron en 1969, el asesinato de su esposa a manos del demente psicópata Charles Manson. Tras el normal alejamiento temporal de unos años, Polanski comienza a volver, tibiamente al inicio, luego con más fuerza. Y es con Chinatown con la que finalmente consuma su regreso, exitosamente, tanto para el público como para la crítica, y es que el realizador logra configurar una de sus cintas de mayor reconocimiento, muchas veces llamada su mejor película. Excelente cinta del género denominado neo-noir, una suerte de reactualización del film noir, en la que el polaco recrea la historia de un gran magnate del negocio del agua, en Los Ángeles, California, que ha sido asesinado, y un detective deberá investigar la raíz de este suceso, primero por encargo de la esposa del finado, pero su búsqueda, tras superar muchas intrigas, y resolver muchos misterios, terminará por sacar a la superficie aberrantes verdades, descubriendo al impensado culpable. La cinta, entre sus tantos elementos remarcables, cuenta con un reparto de primer nivel, primeramente el genial Jack Nicholson, nombre que habla por sí solo, como el detective que investiga todo, Faye Dunaway, y la participación de un titán del cine, el inmortal director John Huston, que hace una aparición como actor, algo que no es inusual en su carrera. Una de las mejores cintas de su director, y una cinta referencial del género, policial y misterio, un gran e imprescindible clásico.

      


Nos ubicamos en Los Ángeles, es la oficina de un detective, un sujeto observa una fotografías, tras lo cual,  J.J. "Jake" Gittes (Nicholson), lo saca de ahí, y recibe a una mujer, que afirma ser la esposa de Hollis Mulwray, gran empresario, magnate del negocio del agua; afirma que su esposo le es infiel, y desea que averigüe más detalles. Acepta la misión, comienza a seguir al susodicho personaje, en un simposio de negocios, se está realizando un gran proyecto, una presa de agua, que Mulwray rechaza, pues implica un gran robo de aguas a un valle. Lo sigue en sus actividades, a un canal seco, todo el tiempo, está relacionado a su negocio, y finalmente halla la infidelidad, la divulga, sale en todos los medios. Es entonces que aparece otra mujer, resulta ser la verdadera esposa de Mulwray, Evelyn, (Dunaway) furiosa por lo sucedido, asegura demandará a Gittes. Ridiculizado, Gittes busca de nuevo al magnate, primero en su oficina, no lo halla, luego en casa, encuentra a su esposa, que de pronto, afirma no lo demandará, pero el detective está determinado a encontrar a Mulwray, pues sospecha algo oculto. Cuando llega hasta una suerte de zona acuífera exclusiva de empresarios, encuentra a Mulwray, cadáver. La policía busca entonces a Gittes, como él, están detrás de la farsante, la mujer que lo buscó inicialmente. 




Gittes investiga por su cuenta, en locaciones donde vio a Mulwray, pero unos hampones lo interceptan, le advierten que no siga, y uno de ellos le da un gran corte a en la nariz. Llámalo entonces la mujer buscada, se identifica como Ida Sessions, está temerosa, no quiso causar problemas, Gittes pregunta a Evelyn, pero ella no da respuestas concretas. Gittes va con Yeilburton (John Hillerman), vinculado a la compañía, y sospechoso, descubre un conflicto dentro de la empresa. Su investigación lo lleva hasta el padre de Evelyn, Noah Cross (Huston), antiguo dueño de la empresa, que ofrece una gran cantidad de dinero a Gittes por encontrar a Sessions, según Evelyn, hermana suya. Sigue investigando sobre la presa, y nuevamente, hampones lo interrumpen y golpean, es un engañoso asunto, que involucra peligrosos personajes. Socorrido por Evelyn, tienen un romance, e insinúa que su padre podría estar detrás de todo lo sucedido. Gittes, intrigado, la sigue, y con sorpresa descubre que tiene a Sessions (Diane Ladd) atada, secuestrada en una habitación. Descubre Gittes una gafas en una laguna dentro de la casa Mulwray, está seguro de que éste no se ahogó, y al confrontar a Evelyn por todo, ella confiesa que Ida es su hermana, e hija a la vez, Hollis la cuidó, y fue asesinado por orden de su padre, al chocar sus intereses en la compañía. Finalmente, Cross acepta todo, quiere recuperar y criar a su hija nieta, pero Evelyn, al tratar de escapar con ella, es eliminada por la policía.




Excelente ejercicio de cine policial, cine negro, repleto de misterio, un misterio que el realizador se encarga de generar prontamente y que no se acabaría durante toda la cinta. Polanski hace gala de su especialidad, de la sugerencia, de la insinuación máxima, y esta característica, en un filme policial cargado de incertidumbre y misterio, termina por hacerla indescifrable, impredecible, seductora y provocativa. El genial polaco de esta forma se vale de recursos muy propios de él para generar una atmósfera de siniestra intriga, un ambiente de peligro constante, de que el riesgo está siempre presente, y la muerte es una posibilidad siempre alta, pero todo esto aplicado ahora a un filme policial, donde la investigación siempre tiene que seguir un norte, y donde esa intriga y angustia extremas y perennes, dotan al relato de una tensión palpable, la atmósfera creada por Polanski impregna todo el relato, lo densifica, le da un sello muy personal suyo. Nuevamente, utiliza la música para generar lo que desea, suave y sutil por momentos, pero más intensa y frenética en otros, que sabe remarcar y multiplicar el misterio, intensificar las sorpresas, es una muy particular música de film noir, en la que se siente la directa influencia, la más que nunca oscura personalidad de Polanski, sonidos en off, inteligentemente utilizados, terminan de configurar el medio donde se desenvuelve el detective. Y ese siniestro ambiente también, por supuesto, se complementa con los podridos personajes, siempre la sordidez, siempre la bizarría, siempre los personajes corrompidos, turbulentos y atormentados; se siente la mano del cineasta en la construcción de los personajes, decadentes, capaces de las mayores aberraciones, y al frente de todos, por supuesto, se encuentra el retorcido y desviado Cross, putrefacto personaje, padre de su nieta, o abuelo de su hija, es la más vil representación y encarnación de la sordidez de Chinatown, pesadillesco lugar que consume, que invade, que corrompe y domina.







Un detalle para considerar es que Polanski es un asiduo escritor de sus propios guiones, sin embrago, en esta ocasión, recibiría el trabajo ya hecho. Por lo tanto, hay ciertas imposiciones que se le hacen a ese respecto, una de las cuales, la que más hubiese sido lamentable de haberse concretado, es la imposición de que la cinta tenga un final feliz. Polanski no podía concebir un final feliz a un historia tan retorcida, hubiera sido una traición a su arte, a su alma, y a la película misma, demasiado retorcida como para tener un desenlace convencional y feliz, era necesario que muera alguien, y según el propio director, era necesario que muera Evelyn. El más atormentado personaje, la victima de la mayor aberración, ella es poseída por su padre, aunque las circunstancias no son por ella esclarecidas del todo; fue poseída por su progenitor, engendrando un vástago, producto de la retorcida acción, ella ha sido impregnada, ha sido víctima de la podredumbre de la ciudad, y no podrá escapar de ella, termina siendo sometida, feneciendo, devorada por ese decadente y envolvente universo. Sin embargo, el personaje despreciable por excelencia es, por supuesto, Cross, arruinando la existencia de su hija, y engendrando con ella a su nieta, e hija también, aberrante incestuoso, alguna vez dueño de la compañía, luego asociado con Mulwray, poco a poco desplazado por éste, es capaz de liquidarlo, de eliminar al esposo de su hija, al que cuidó y cobijó a la prole producto de su desviación, finalmente termina por ser causante de la inevitable muerte de Evelyn, que sucumbe ante él, y ante Chinatown. Tenemos, último pero no menos importante lógicamente, al detective, J.J. Gittes, duro y recio investigador, pero igualmente, otro atormentado ser, trató de ayudar a su mujer en el pasado, para terminar causando su muerte; él, como Evelyn, tiene un sórdido pasado, un bizarro background que lo persigue, y que él quiere dejar atrás, pero que finalmente, entenderá que está demasiado adentro, que ya ha sido impregnado por la descomposición de su destino, y, sí, de Chinatown. Ambos son espíritus afines, almas afines, encuentran refugio y alivio en su mutua compañía, pero es un amor condenado a fracasar, las circunstancias lo vuelven imposible, amor bizarro que no se concreta, pues en Chinatown, como en la vida, no hay un final feliz.













Vuelve Polanski por todo lo alto con esta genial cinta a la cumbre del cine, director camaleónico que se paseó por casi todas las locaciones geográficas existentes materializando su arte cinematográfico, asimilando naturalmente el entorno europeo, y toda la delicadeza, pulcritud y limpieza de ese cine, asimilando posteriormente los cánones yanquis, y habiendo experimentado ya la indecible pérdida de su bella esposa, Sharon Tate en la sangrienta orgía de Manson. Se va acercando al equilibrio, un equilibrio, por supuesto, de Polanski, de un polaco que lleva en la sangre el sufrimiento, estirpe atormentada por la guerra, el director tiene un universo en su mente inigualable. Injustamente, en los entonces aún valiosos Oscar, la cinta obtuvo un asombroso número de nominaciones, obteniendo únicamente el galardón al mejor guión, para Robert Towne, pero naturalmente también cosechó otros reconocimientos. Un apartado de suma importancia, una de las piedras angulares de la cinta, son las actuaciones, un Jack Nicholson que esos años aún no podía presumir de ningún premio de la Academia, pero todos sabemos lo que después obtendría y realizaría este genio, su actuación es digna de una leyenda viviente, el recio detective, a menudo golpeado, pero que no se amilana ante el peligro. Nicholson protagonizaría la famosa secuencia del corte de nariz, tremendo corte que le tendría investigando con medio rostro vendado durante buena parte de la cinta, ataque perpetrado, por cierto, por el propio Polanski, que encarna a un chulesco hampón; no resistió el director involucrarse y desempeñarse en su otra gran faceta, la actoral. Faye Dunaway también es correcta como la atormentada y malograda Evelyn, siempre esconde demasiado, y al final entendemos por qué, su existencia ha sido arruinada por su padre, termina por sucumbir ante toda la degradación humana que le rodea. Y por supuesto, un excelente y dominador de todo John Houston realza y da distinción a la cinta, añoso, brillante, curtido, genial, un señor del cine, una personalidad que eclipsa, su participación fue un pedido expreso de Polanski, y aunque más bien breve, su personaje es vital, vinculado directamente al clímax del filme, y apreciaremos su más sórdida y bizarra versión; como dije, es un señor del cine, que disfruta haciendo cine, y como inmortalizara en su célebre frase, encima le pagan. Polanski había vuelto por todo lo alto, había materializado otra obra maestra, había realizado una de esas cintas que se vuelven referentes de un género. Imperdible e imprescindible clásico.








miércoles, 18 de enero de 2012

Salvaje de Corazón (1990) – David Lynch

Esta es una de las obras de lo que podría llamarse la primera etapa de uno de los directores más irreverentes e inusuales de las décadas contemporáneas. El norteamericano Lynch es un realizador de los pocos que han adoptado y llevan con decencia el estilo surrealista, herencia de los ilustres realizadores europeos a él precedentes, y es que es muy llamativo observar a un yanqui ejercer con tanto desenfado y soltura su particular y personalísimo estilo. Tras sus conocidos cortos, completamente alucinantes, oníricos y por momentos casi pesadillescos, Lynch dirigió unas cuantas películas bastante más convencionales que esos primeros pasos, y también más convencionales que posteriores obras suyas. En esta oportunidad, utiliza al por entonces apreciable Nicolas Cage, un actor que hoy en día parece un total desconocido comparado con esa inicial faceta suya, en la que era un auténtico representante del cine underground, del cine subterráneo, enfermo y mórbido, de personajes marginales y opuestos a lo que se consideraría lindo, buena muestra de ello es esta particular cinta. Lynch dirige a Cage para ilustrar una muy personal y adulta adaptación del Mago de Oz, donde también sería protagonista Laura Dern, una suerte de musa suya en sus primeros pasos, generando una cinta bastante atractiva, para verse con atención.

        


En una fiesta con tintes burgueses, Sailor Ripley (Cage), y Lula Fortune (Dern), conforman una joven pareja que es acechada y hostigada, un hombre negro ataca a Sailor con ferocidad, armado con una navaja, pero lejos de correr riesgo fatal, la supuesta víctima, Sailor, contraataca brutalmente a su agresor, en un arranque de adrenalina, lo elimina salvajemente, mientras Lula grita desesperadamente. Sailor es enviado a una correccional, donde se le tiene prohibido ver a Lula, pero el tiempo pasa rápidamente, es libre otra vez y se reencuentran, tienen un carnal e intenso episodio en un hotel, hay mucha confianza, y ella le relata algunos malos recuerdos de una pasada violación. Por otra parte, la madre de ella, Marietta (Diane Ladd), sigue prohibiéndole ver a Sailor, para ello pide ayuda a su pareja, Jhonnie Farragut (Harry Dean Stanton), para que se encargue de separar a los amantes, pero la verdad es que ella intentó seducir a Sailor, y, rechazada, sólo busca venganza. Pero los amantes se divierten en bares underground de música metal, donde el salvaje y vigoroso joven se trenza a golpes sin vacilar por defender a su chica, es un auténtico salvaje, mientras siguen juntos, intiman más y fortalecen su relación. Pero sus acciones lo llevan a violar su libertad condicional, por lo que deben huir y su rumbo es California. Mariett, impotente, y ante la inefectividad de Farragut, contacta a Marcelles Santos (J.E. Freeman), un sicario que tiene una relación con ella, para que elimine a Sailor, y también pone manos a la obra.






La joven pareja se escabulle de su perseguidor, mientras una desesperada Marietta está cada vez más desequilibrada, se pinta el rostro con lápiz labial, está obsesionada con encontrarlos, y, sobretodo, con matar a Sailor. Mientras tanto, el susodicho galán revela a Lula que él fue el chofer de Santos, el personaje que fue a visitar al padre de ella, la noche en que supuestamente se suicidó, pero en realidad fue Santos su asesino, y Lula siente que definitivamente algo se rompió con esa revelación. Después, Johnny es capturado, torturado y eliminado, por sórdidos personajes entre los que está Perdita Durango (Isabella Rossellini). En un bar conocen al bizarro Bobby Perú (Willem Dafoe), un personaje muy excéntrico. Lula parece estar embarazada, y Sailor no tiene problemas con la situación, pero ella sí, está incómoda. Posteriormente, Perú acosa a Lula, la excita, y le propone a Sailor realizar un gran robo. Por vez primera, hay problemas en la pareja, hay angustia, llanto. Después, Perdita, Perú y Sailor consuman el robo, pero el estrafalario Perú lo traiciona, aunque termina siendo eliminado por los policías. Sailor es capturado y enviado a prisión otra vez, esta vez serán seis años. Pasa el tiempo otra vez, sale y encuentra a Lula ahora con el hijo de ambos, pero decide apartarse de ella, y deja a una sollozante Lula. Mientras se marcha, es asaltado y agraviado por pandilleros, después de lo cual ve a un hada, que lo hace recapacitar, y finalmente regresa con su amada Lula.





Uno de los puntos más altos de la cinta es la forma en que el realizador estadounidense emplea un muy notable estilo para la materialización de fantasías, de recuerdos, a través del poderoso elemento fuego, que más de una vez y en significativos momentos, veremos aparecer, las intensas flamas que remarcan momentos pasionales, ya sea una llama directamente encendida, o unos fósforos que se prenden y desatan al intenso y cálido elemento. Esta intensidad también se ve poderosamente reforzada por la gradual descomposición y desequilibrio del que se ve presa la madre de Lula, una Marietta que se pinta completamente de rojo, es una demencia también intensa que no por casualidad se concreta así, es acorde a lo antes descrito. Es remarcable también el aspecto interpretativo de la cinta, vemos al más salvaje Nicolas Cage, vigoroso e indomable, joven e irrefrenable, incluso lo veremos en alguna faceta de karaoke, cantando a capella una que otra canción a su amada, vuelve loca a una hermosa Laura Dern, conforman una pareja notable; mientras también está un monstruoso Willem Dafne, una actuación bastante descompuesta, pues así lo requería el personaje, colabora y aumenta a ese ambiente de enfermad, de morbosa decadencia underground. Y por supuesto, Lynch, sabedor ya de las estupendas cualidades de Isabella Rossellini, dirige a la ilustre hija de Roberto Rossellini cuatro años después de la espectacular Blue Velvet (1986), y esa actriz, tan hermosa como talentosa, sabe lo que el director quiere, y nos lo entrega a lo grande.









El resultado es una muy atractiva cinta de descomposición, sordidez y decadencia moral y psicológica por parte de este siempre llamativo cineasta. En este, unos de los primeros largometrajes de Lynch, ya empieza a manifestar su innegable directriz surrealista, adaptando con tintes muy personales el cuento del Mago de Oz, y es muy interesante también la particular visión que tiene del cuento, imprimiéndole evidentemente su singular estilo en una adaptación bastante adulta. Es así que vemos a la Dern como la chica que huye de casa para dejar atrás todo lo que la sofoca y hostiga, escapando de la tiránica madre, por un camino impensadamente difícil, vemos incluso la presencia del camino amarillo que debe seguir la fugitiva chica, mientras tiene intensos experimentos sexuales con su salvaje amante. Asimismo, era infaltable el elemento maldad, representado, cómo no, por la bruja, ese ser repudiable que aparece en el momento en que Sailor le revela que colaboró con el hombre que acabó eliminando a su padre. Ese es un momento de inflexión, su amado, el hombre que jamás la decepcionaría ni lastimaría, le ha fallado, y ese fallo, es una ruptura, un quiebre, del que ella difícilmente se recuperará, y vemos a la bruja aparecer en un nigérrimo cielo nocturno, ahora ella sabe que la inmundicia, el mal, se esconde hasta en lo más hermoso que ella pueda pensar o concebir, y eso está retratado con el notable simbolismo de la bruja apareciendo surrealmente. De la misma forma, hasta oiremos la tonada de “somewhere over the rainbow”, y claro, la alusión al paraíso o arco iris, más que evidentes alegorías que enriquecen este ejercicio surreal, enriquecen el bizarro pero bello mundo de Lynch, un universo que debe ser visto con atención, pues en este extraño lugar, lo que aparentara ser anodino, no lo es.


   



 


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