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jueves, 16 de agosto de 2012

Plumas de caballo (1932) - Norman Z. McLeod


Otro ejercicio de los delirantes hermanos Marx, los inolvidables Groucho, Harpo y Chico juntos, y todavía formando equipo con Zeppo también, los cuatro hermanos se ponen a las órdenes en esta oportunidad del yanqui Norman Z. McLeod. En la comedia presente, se nos introduce en la historia de un individuo, recientemente nombrado presidente de la universidad de Huxley, donde estudia su libidinoso y relajado hijo, a quien pretende enderezar. El vástago consigue convencer a su padre de que busque sacar campeón al equipo de fútbol americano de la universidad, para lo que se busca contratar a dos estrellas del deporte, pero terminará contratando a dos lunáticos personajes, cuya misión terminará convirtiéndose en secuestrar a los originales jugadores, terminando todo en una demencial final de futbol. Otro delirio más de los hermanos Marx, en el que no se notan algunas imperfecciones de la puesta en escena y montaje de ejercicios anteriores, y de esa forma vernos al genial Groucho como el infaltable protagonista, disparando sus chistes y números musicales, sus performances, y contratando por error, a Harpo y Chico, ellos completarán la demencia, y, claro, Zeppo aparecerá en un papel de relleno, ciertamente prescindible, de mero acompañamiento a los verdaderos genios, sus tres hermanos. Cómica cinta, buen rato puede hacer pasar, sobre todo a quienes conocen y admiran a este trío inolvidable de comediantes.

        



En la universidad yanqui de Huxley, una solemne ceremonia tiene lugar, en la que se está invistiendo al nuevo decano, el no tan solemne pero distinguido profesor Quincy Adams Wagstaff (Groucho), que pronuncia su discurso, pretende rescatar a su hijo, Frank (Zeppo), individuo más preocupado en mujeres y deportes. Ya con Frank, le reprende por su dejadez, lleva doce años en la universidad, pero Frank le dice que en la universidad, el equipo de fútbol americano es todo, y convence a su padre de que se haga campeonar a la selección, y para ello, deben contratar a dos fulgurantes estrellas del deporte. Quincy llega hasta un bar, donde encuentra dos individuos, cree que son los jugadores a fichar, pero lo que no sabe es que la rival universidad de Darwin ya los contrató, ellos son una pareja de individuos al azar. Se trata de Baravelli (Chico) y Pinky (Harpo), un perrero, ambos son contratados por Quincy. El libidinoso Frank, por su parte, corteja a la viuda de la universidad, Connie Bailey (Thelma Todd), su padre recibe las quejas de este comportamiento. Se inician las clases posteriormente, Quincy impartiéndolas, su hijo, escuchándolas a regañadientes, mientras Harpo y Chico comienzan a hacer locuras por el campus.





De otro lado, Connie es en realidad una espía, va de parte de Jennings (David Landau), decano de Darwin, contrincante en la final de fútbol, para obtener información de sus rivales. Connie es cortejada por todos los hombres del lugar, todos están pendientes de ella, pero la fémina siempre está resguardada. Frank descubre que Pinky y Baravelli son dos impostores, no son jugadores, se lo comunica a su padre, sin que esto le moleste demasiado. La comedida Connie sigue engatusando y dando cabida a Quincy, mientras busca obtener señales de fútbol, los planes y estrategias para el partido clave. Quincy encomienda a los descubiertos Pinky y Baravelli que ubiquen y secuestren a los reales jugadores de fútbol, cosa que intentan, pero Pinky es golpeado, y los dos terminan siendo los secuestrados. Se inicia el partido, la final se juega, los impostores escapan de su claustro, Quincy enloquece. Disparatado y singular partido se da, Baravelly y Pinky juegan, comen, y hacen locuras en pleno juego, pero increíblemente, terminan vapuleando a Darwin. Finalmente, todos los involucrados terminan casados.





Entrañable filme protagonizado por los míticos hermanos Marx, y en el que tenemos a modo de secuencia que apertura la cinta, como costumbre era en los filmes de los hermanos, el infaltable número musical de Groucho, con su anárquico tema del Yo me opongo, (I’m against it), se comienza a materializar así la severa burla al mundo universitario, el entrante decano, la nueva autoridad, tiene singular e inverosímil discurso de presentación. Así, tenemos la infaltable rutina de Groucho, cantando y danzando, una performance en la que involucra a las distinguidas autoridades universitarias de Huxley, consigue contagiar de su locura a los presentes, que olvidan su solemnidad y seriedad con el más conocido de los Marx. Es Groucho el innegable líder del equipo, quien lleva la batuta, el que más se burla de todos, el más inquisitivo, el más mordaz, socarrón e irrespetuoso, descarado e ingenioso, en no pocos segmentos, él es el meollo, el centro de la acción, por ende, de la comedia. Y claro, otro entrañable personaje, Harpo, mudo como siempre, demencial como de costumbre, divirtiendo con momentos delirantes, capaz de sacar una taza de humeante té de su bolsillo, o sacar una foca y colocarla sobre un escritorio cuando se le pida un sello. Chico completa el tándem, el peculiar trío, si bien carece del inagotable repertorio y gracia sin igual de Groucho, así como de la locura irrefrenable y sin palabras de Harpo, se complementa a la perfección con éste último, son inseparables, es ciertamente el complemento de Harpo, son indivisibles, no serian lo mismo el uno sin el otro, el aporte de Chico es indispensable para el trabajo final. Únicamente desentona Zeppo, en una de sus últimas participaciones antes de ser escindido del grupo, no termina de encontrar su lugar con sus personajes, en efecto es prescindible, carece de la gracia natural y cómica de sus hermanos.








De esta forma, nuevamente disfrutaremos con el exquisito humor de los Marx, sus inolvidables juegos de palabras, ciertamente, mucho de su humor descansa en la versión original, la yanqui, pues el doblaje, por supuesto, sesga buena parte del humor, por citar un ejemplo, lo mencionado de Harpo, Seal, foca que entrega, por Seal, sello, palabras homógrafas que generan la confusión, la comedia, totalmente infértil broma en español. Sus locuras terminan por contagiar a los estudiantes, tiene lugar una disparatada clase, en la que se desarrolla una batalla de cerbatanas, un loquerío sin fin, siempre que los tres hermanos se involucren. Otra clásica e infaltable secuencia, el gran Harpo tocando el arpa, son los únicos instantes en los que Harpo olvida su demencia, su desenfreno y locura, y adopta un aire solemne, de seriedad, de respetuoso goce y amor por el arte, la música, inolvidables son estas secuencias, que en repetidas ocasiones se apreciarían en otros filmes suyos, el buen mudo Harpo disfruta, y hace disfrutar, haciendo música. Ya sin el excelente receptáculo de las mofas y crueles pero divertidísimas burlas que en su momento supo ser Margaret Dumont, sin ella que estoicamente aguantaba y soportaba la irrefrenable retahíla de ocurrencias e insultos, ahora los tres están tras Bailey, Thelma Todd, que carece del aporte -por decirlo de una manera-, que la primera, por ejemplo, mostró en El conflicto de los Marx (Animal Crackers, 1930); si bien la Todd no desentona, se extraña ciertamente el aporte de la anterior, no en vano considerada por algunos como la auténtica cuarta integrante del equipo, por delante del propio Zeppo. Empero, en contraparte, se aprecia una mayor pulcritud en la realización del presente filme, mayor limpieza en sus imágenes, una puesta en escena más equilibrada que en el trabajo antes citado. Delirante como todos los filmes de los Marx, con inolvidables y referenciales imágenes de humor y comedia, severas y elocuentes figuras, como Harpo y Chico serruchando circularmente el piso de madera, antes de caer por el propio agujero, una figura pues incontables veces homenajeada y re versionada en filmes, caricaturas, entre otros. Los disparates tienen su clímax en la secuencia final, en el la surreal final de fútbol americano, el descabellado partido clave, los inseparables Harpo y Chico hacen de las suyas, mientras Groucho descansa, es el colofón a sus locuras, juegan fútbol mientras hacen sus descabelladas acciones, comen en pleno juego, una situación pues delirante, en la que de alguna forma, vapulean a los contrarios, en el demencial y delirante universo de los Marx, las locuras son la razón de ser, todo es posible, por eso es maravillosa su comedia, a la altura de muy pocos otros exponentes. Filme que será la delicia para los admiradores de estos inolvidables comediantes, una gozada de comedia, con un trío de comediantes de esos que ya no existen, que se han extinguido.






martes, 26 de junio de 2012

El conflicto de los Marx (1930) - Victor Heerman


Victor Heerman dirigiría este filme, el segundo de los inolvidables y magistrales hermanos Marx en los estudios Paramount, y con el que los célebres comediantes seguirán desplegando todo su genio y comicidad. En esta oportunidad, el mítico Groucho encarna a un cazador, explorador que regresa luego de un viaje por África, y es invitado a una elegante cena por parte de una distinguida fémina, a la misma que asistirán un maestro músico, y un profesor. Durante la cena, una valiosa pintura desaparecerá, y serán los mencionados invitados quienes ayudarán a que se encuentre al ladrón, y se resuelva el misterio, aunque ciertamente, la palabra “ayudar” sea una singular definición de su aporte, pues claro, hablamos de los disparatados hermanos Marx. Espectacular comedia, en la que Groucho, siempre estelar, descolla con su hilarante encarnación del famoso explorador, además de los inseparables Harpo y Chico, como el músico y el profesor, respectivamente, ambos realizando locuras y disparates por doquier, también apareciendo el cuarto hermano, Zeppo, aunque en un papel bastante más testimonial que los otros, y siendo la terna completada por la verdadera cuarta integrante, Margaret Dumont, la anfitriona, y quien será la que recepciona en su gran mayoría, los insultos y bromas pesadas de los hermanos. Notable filme, en el que claro, la formalidad y la puesta en escena no son, ni por asomo, lo mejor, la actuación y las delirantes locuras de los Marx lo son todo, por supuesto.

        


En una refinada fiesta, a la que un capitán ha sido invitado, un gran cuadro será exhibido, la anfitriona es la señora Rittenhouse (Dumont), en la fiesta se exhibirá una gran pintura del artista Roscoe Chandler (Louis Sorin). El ayudante del capitán anuncia su llegada, además de manifestar sus excéntricas condiciones, como que hayan solo mujeres jóvenes y hermosas en su presencia, y la mínima cantidad de hombres. Llega pues el capitán Jeffrey T. Spaulding (Groucho), al que sigue un conocido músico, el señor Emanuel Ravelli (Chico), juntos gastan más de una broma a su anfitriona, y luego aparece el profesor (Harpo), en paños menores, y sin mayor motivo comienza a disparar escopetazos por toda la casa. Poco después, la hija de la anfitriona, Arabella Rittenhouse (Lillian Roth), manifiesta intención de querer adueñarse de la valiosa atracción de la fiesta, una hermosa pintura, la misma que luego será exhibida. Para ello, John Parker (Hal Thompson), novio y pretendiente matrimonial de Arabella, y pintor frustrado, la ayudará a reemplazar el cuadro. Por su parte, el capitán Spaulding gasta más de una ácida broma a la señora Rittenhouse, primero cortejándola, luego humillándola, llegando luego una amiga de ésta, la señora Whitehead (Margaret Irving); con quien siguen las bromas.




También se encuentra en la fiesta Horatio Jamison (Zeppo), y paralelamente, Arabella y Parker ya empiezan a planear su robo de la pintura, y Spaulding, siempre bromeando, siempre en medio de disparates, le propone a Chandler que financie un proyecto suyo de investigación. Mientras Ravelli y el profesor persiguen a una féminas en la residencia, Arabella y Parker ponen en marcha ya su plan de acción, los huéspedes atormentan a su anfitriona y a Whitehead mientras juegan al bridge. La hija y su novio, frustrado su primer intento, finalmente roban el cuadro, en una noche a oscuras por motivo de apagón, dejan una imitación de Parker en su lugar. Después, Spaulding deleita a los asistentes con sus relatos de aventuras en África, mientras Ravelli toca el piano, y llegado el momento de exhibir la obra artística, Chandler nota inmediatamente que se trata de una mala imitación, y, en medio de otro apagón, hasta ésta desaparece. Mientras unos preocupados Arabella y Parker planean el siguiente paso a seguir, el profesor deleita tocando el arpa. Se inician investigaciones por el robo, la policía se apersona, Spaulding interviene, sin embargo, no se hallan respuestas. Se involucra también Ravelli en la búsqueda, infructuosa, más disparatada que otra cosa, Parker es sindicado como sospechoso. Finalmente, el cuadro aparece en poder del profesor, que lo entrega, y fumiga a todos, durmiéndolos, y se duerme a sí mismo, entre las mujeres.




Espectacular y delirante comedia de los Marx, en la que la primera irrupción, del más célebre hermano, Groucho, desde el vamos desliza su terriblemente efectiva comedia, histriónico como él solo, realizando sus famosos números, bailando y declamando, haciendo gala de su flexibilidad y elasticidad. Su dominio escénico es total, realizando pequeños segmentos musicales, en los que él es siempre el corazón, y en los que va deslizando despiadadas e hilarantes a más no poder, bromas e insultos a su anfitriona, que los recibe sin mayor respuesta, solo frunciendo el ceño y recibiendo los insultos, que sencillamente nunca se detienen. Y el filme en buena medida descansa sobre Groucho, con sus memorables y recordados monólogos, en los que hasta nos habla, habla directo a la cámara, mientras ridiculiza a su anfitriona y a su amiga, que, inanimadas, quietas en el fondo, simplemente asisten a la severa comedia y burla de la que son objeto. Y claro, el buen Groucho también manifiesta su perfil de mujeriego, exigiendo, desde antes de aparecer, que en su presencia solo hayan mujeres, y no mujeres cualesquiera, sino jóvenes y hermosas, y luego, cortejando a Rittenhouse y a Whitehead, afirmando que quiere casarse con ambas, practicar la bigamia, corteja a ambas, para finalmente irse con un grupo de jovencitas, afirmando que se va a sembrar campos de avena. La incansable metralleta de bromas y chistes cortos, Groucho, desata toda su artillería, siendo el receptáculo casi siempre la Dumont, recibiendo una inacabable retahíla de bromas, insultos, cada uno más ingenioso, más exquisito, y más estupendamente deslizado por el genial Groucho, delirante su actuación, delirante su humor, con la inmortal apariencia del bigote pintado, atormentado a su anfitriona, o a las invitadas, exigiendo que el tema pianístico del músico sea breve, es una demencia total, comedia y locura juntas.








Y el espectáculo continúa con los demás hermanos por supuesto, el gran Harpo, demente mudo, al igual que Groucho, su irrupción es notable, en paños menores y disparando una escopeta, un loco enajenado disparando, con expresión despistada, disparándole incluso a unas estatuas, las mismas que cobran vida y devuelven los disparos, animación, una alucinada lo que hacen los Marx. Y posteriormente, genera Harpo una de las secuencias más notables del filme, el mudo, el cómico sin palabras, de esa forma, siempre sin palabras, genera la hermosa melodía del harpa, y milagrosamente, olvida por unos instantes las morisquetas, los brincos, las locuras y piruetas, y adopta una actitud de seriedad, de sensibilidad artística, es otro Harpo, definitivamente, y cierra ese paréntesis en su persona con un bostezo, la singular secuencia pues culmina. Chico Marx, por supuesto, pone también su valiosa cuota en la comedia, socio de Groucho, e inseparable de Harpo, participa en la cómica secuencia del juego de bridge, una de las secuencias donde más se tortura a la Dumont. Como sabido es, Zeppo es más un personaje de relleno, su intervención no es determinante, y no es indispensable en el engranaje Marx. La que es el verdadero complemento de los hermanos es, pues la Dumont, es mítica su participación, es mítica su expresión, extraña combinación de vergüenza, desconcierto, es ella quien completa el cuarteto, es ella necesaria para la comedia, y su aporte, meramente recibimiento las inacabables ocurrencias de Groucho y compañía, es invaluable. Así, la veremos arqueando las cejas, frunciendo el ceño, haciendo esto cada segundo, pues tal es la fecundidad de los insultos y bromas de los hermanos, y abriéndose incluso un innecesario debate de si ella es ciertamente parte de la comedia, pues su participación es demasiado pasiva, pero esa posición es inadmisible, pues esa función, la del receptáculo de toda la artillería pesada de los Marx, es invaluable, y la enorme mujer lo hace de inolvidable forma. Se le atiza al director Heerman su llamativamente deficiente puesta en escena, pues ciertamente la cámara se muestra por momentos sorprendentemente errática, pero no se debe atizar eso, ni ciertas flaquezas del guión, ni inconsistencias en su estructura narrativa. Todo se supedita a la comedia, a la diversión, y la cinta es lucimiento de los Marx, la gente quiere divertirse y deleitarse con los hermanos, y vaya que el filme es proclive a eso, es casualmente ese desorden el que colabora a la desenfrenada anarquía de los filmes de los Marx, severo caos, descontrol, un desastre perfecto, una armonía caótica, en el que la comedia se abre paso y domina todo. Excelente comedia. Inolvidable trabajo de los Marx, dómines inmortales de la comicidad, imprescindible es este ejercicio producido por la Paramount.









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