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martes, 7 de agosto de 2012

Encadenados (1946) – Alfred Hitchcock


Hitch completaba ya seis años laborando en el por entonces competitivo y decente escenario de los estudios cinematográficos yanquis, con su habitual y prolífico estilo de trabajo, materializado había ya ciertos ejercicios, algunas obras mayúsculas, otras obras de mediano impacto, pero siempre ejercicios apreciables y rescatables. Enmarcado en 1946, año en que todavía estaba fresco el fenecimiento de la segunda guerra mundial, el cineasta nos adentra en la historia de una mujer, a quien, viviendo la desvergüenza de que su padre sea encontrado culpable de traición a la patria, USA, y condenado a décadas de prisión, se le pide que colabore en el desenmascaramiento y captura de un cerebro de los movimientos nazis en Brasil. Ella aceptará, más por estar enamorada del agente de inteligencia yanqui que se lo pide, y será el filme un recuento de las peripecias y vicisitudes de la pareja para concretar su relación, mientras lidian con peligrosas personalidades internacionales. Sin ser considerada convencionalmente una de las obras mayores de Hitchcock, tiene un sólido guión, una buena puesta en escena, además de un reparto estelar que brilla con luz propia, el británico se caracterizó pro trabajar siempre con los mejores actores, y por dirigirlos bien, y esta no sería la excepción. Se contará con la hermosísima Ingrid Bergman como la mujer en medio de todo, que se enamorará perdidamente del agente Cary Grant, en excelente momento de su carrera, y ambos terminan de dar forma a un notable ejercicio del maestro del suspense.

          



En Miami, Florida, Abril de 1946, un juicio se está llevando a cabo, en el que un individuo es encontrado culpable de traición a la patria, y condenado a 20 años de prisión; su hija, Alicia Huberman (Bergman), se aflige por esto. Luego, Alicia, en una reunión de amigos, conoce a Devlin (Grant), sujeto que la enamora, ella se pierde en nebulosa etílica, conduce ebria y a velocidad, Devlin se deshace con facilidad del agente de tránsito que los detiene, ella entiende que es policía. Él confiesa más que eso, pertenece a inteligencia yanqui, le propone que, por conocer directamente a un cerebro nazi en Brasil, colabore en su captura; Alicia, reacia inicialmente, termina accediendo al patriótico pedido. Conoce ella poco después a Paul Prescott (Louis Calhern), jefe de la operación, y de Devlin, con quien ella ya materializa idilio. El padre de Alicia se ha matado, la misión se acerca, Prescott confía plenamente en Devlin, pero éste, enamorado, comienza a dudar de si la Huberman estará capacitada para lograr éxito en la misión. Ella deberá acercarse lo más posible a Alexander Sebastian (Claude Rains), que antes estuvo de ella enamorado, estar cerca de él, conquistarlo, y obtener la mayor información posible. Y en efecto, se moviliza hasta Río de Janeiro para localizarlo, algo escéptica al inicio, pero ya frecuentan, van a montar a caballo, comienza a ganárselo, siempre con Prescott y Devlin preparándola para los movimientos.






Alex presenta a Alicia a su madre, la señora Sebastian (Leopoldine Konstantin), al Dr. Anderson (Reinhold Schünzel), a Eric Mathis (Ivan Triesault) y a Emille Hupka (Eberhard Krumschmidt), todos camaradas suyos, y que presienten que algo se avecina. Alex advierte la atracción de Alicia con Devlin, y para contrarrestar, le propone matrimonio; ella, tras consultar con sus superiores, termina aceptando. Próximos a casarse, ella busca cada una de las habitaciones de su nueva casa, encontrando solo una con llave en poder de Alex, es la bodega de licores. En su fiesta de compromiso, ella consigue arrebatar la llave de la bodega a Sebastian, la provisión de champagne es providencial. Devlin se escabulle en la fiesta de la vigilante mirada de Alex, entra en la bodega, encontrando extraño polvo de un mineral en vez de champagne. Pero Sebastian descubre sus movimientos e identidad, y se lo informa todo a su rígida madre. Madre e hijo fraguan contra Alicia, la envenenan y debilitan, mientras el material en polvo es identificado como uranio. Devlin y Alicia son ya identificados por todo el grupo como agentes de inteligencia, él va a rescatarla temerariamente, encara y escabulle de todos, escapan, abandonando a Alex, que se enfrenta a Mathis y los demás, que lo eliminarán por su fracaso.







En el presente filme reaparecen los elementos que dan origen al clásico suspenso hitchcockiano y que se volverían recurrentes y constantes en la etapa norteamericana del gigante cineasta británico. Así, nuevamente una intriga internacional se vuelve meollo de las acciones, complots de un continente a otro, en este caso, y comprensiblemente con la guerra todavía fresca en las mentes de todos, el centro de lo expuesto se vuelve un complot nazi, un cerebro germano se encuentra dirigiendo esfuerzos para su partido desde Río de Janeiro, y los agentes especiales, las secretas persecuciones e intrigas, volverán a impregnar la obra hitchcockiana. Se configura así un muy correcto ejercicio de cine negro, el film noir del que Hitchcock fue un peculiar y estupendo exponente, con la oscuridad que impregna buena parte del filme, a las secuencias más importantes y centrales, que a menudo suceden de noche, siempre con el elegante blanco y negro, además de una impecable fotografía de Ted Tetzlaff, que le da mayor limpieza a las imágenes del británico. Consigue de esa forma generar un omnipresente y bien mantenido suspenso durante su filme, frenéticas situaciones plagadas de su suspense, con efectividad consigue que ni el ritmo ni la incertidumbre decaigan durante el metraje de su obra, generando, de situaciones sencillas, ese ambiente de constante peligro, como la fémina ocultando la llave en sus manos, evitando que el esposo la encuentre, abrazándolo antes que éste la descubra, y el constante escape al escrutinio de éste en la fiesta con Devlin.





De esta forma, el constante suspenso no decae, la tensión no se disipa, se mantiene el pulso, siempre, se uniformiza el relato, realza el filme, siempre el frenetismo de la persecución, y siempre se extrae intriga y suspenso de situaciones sencillas, de detalles sin mayor complejidad, lo que lo hace más digerible, mientras el romance de la estelar pareja se va solidificando. Otro santo y seña del realizador, infaltable en toda obra suya, es el trabajo de cámara, tan inteligente como de costumbre en el presente filme, con sutiles travellings que se deslizan por los escenarios, siguiendo la acción, dinamizando la narración y dotándola de mayor unidad y concisión en una estructura más intacta. En esta oportunidad, asimismo, Hitchcock da preponderancia e injerencia poderosas al romance que se representa en el filme, que también se vuelve uno de los hilos principales de la narración, uno de los más sensibles trabajos del director para retratar el romance internacional, el agente de inteligencia yanqui que enamora y se enamora de la mujer hija del traidor a la patria, su romance pone en perenne peligro no solo su misión, sino sus propias existencias. En ese sentido, necesario es hablar y ensalzar a los actores, autores del romance al que no pocas secuencias dedica el director, aprovechando bien la química de un Cary Grant en excelente momento de su carrera, en apogeo físico y artístico, todo un emblema el mítico galán de la cinematografía yanqui, que corteja a otro mito de el ecran norteamericano, Ingrid Bergman, que combina como pocas actrices belleza descomunal y talento equiparable, también en la cresta de la ola, completa una dupla de ensueño con Grant, ambos notables e impecables en sus encarnaciones. Se configura así un buen ejercicio de Hitchcock, naturalmente se puede ver opacado tratándose de un cineasta que tan magnos ejercicios supo materializar, pero siempre queda la agradable sensación que produce un filme realizado con toda la maestría del gran Hitchcock.





martes, 31 de julio de 2012

Sirenas y tiburones (1959) - Blake Edwards


Delirante y célebre comedia del director Blake Edwards, en el que se retratará la alucinante historia de un festivo submarino, que inicialmente estaba destinado a convertirse en ilustre miembro de la armada yanqui durante la Segunda Guerra Mundial, pero, antes de iniciarse la batalla, es seriamente dañado. La situación es aprovechada por un capitán que busca comandar, que pedirá reconstruir y capitanear el navío, pero se embarcará en singular aventura, rodeándose de libidinosos oficiales, en un submarino al que le pasa de todo, encontrándose con variopinta colección de personajes, y conviviendo los soldados con un grupo de candentes féminas, poniendo todo de cabeza. Singular y divertido filme, en el que Cary Grant encarna al capitán que inicialmente tratará de poner orden en el submarino, pero que finalmente, como se dice, si no puedes con ellos, úneteles y termina enamorándose de una de las enfermeras, inesperadas tripulantes. Divertida y entretenida cinta, que puede hacer pasar algunos buenos momentos, y que inspirara, debido a su éxito, la posterior serie de El Subamarino Rosa, apariencia que eventualmente exhibe el festivo e impensado submarino. Además del buen Grant, completan el reparto de esta disparatada comedia Tony Curtis como el más libidinoso y asertivo de sus oficiales, y las bellas Dina Merrill y Joan O'Brien, como las principales féminas que inquietan a los soldados yanquis.

        



El comandante Matt T. Sherman (Grant) llega hasta un novedoso submarino, el Sea Tiger, Tigre del mar, revisa la bitácora, son días de la II GM, y el submarino, antes de estrenarse, sufre severo ataque aéreo, que le genera daños mayúsculos. Se piensa desecharlo, pero Sherman, penoso de deletarlo virgen, lo considera una pérdida, sugiere repararlo y él lo capitanearía; su petición es aceptada. Muchos de los subalternos de Sherman se han ido, tiene que reclutar nueva gente, uno de ellos es el teniente Nicholas Holden (Curtis), desorientado oficial que llega de Honolulú, y que despierta burlas en la tripulación. Conoce Holden a otros tripulantes, Ernest Hunkle (Gavin MacLeod), y el profeta (George Dunn), y, tras ser nombrado oficial de abastecimiento, se une a ellos para robar los suministros en almacenes de la marina. Mientras siguen reclutando gente, y Holden tiene más injerencia en el grupo, una inesperada explosión vuelve al submarino blanco fácil, y se resuelve moverse a Cebú a continuar con las reparaciones. Al retirarse la embarcación, en los almacenes hasta los oficiales se han quedado "limpios”, el Sea Tiger sigue su rumbo por tropicales tierras, donde un singular brujo trata de ayudarlos, mientras Holden mantiene siempre su actitud relajada, hasta desayunando en la cama, y Sherman trata de aleccionarlo.





Mientras sigue la nave en movimiento, las reparaciones continúan también, las falencias aún persisten, pero entonces, un acontecimiento cambia todo. Holden, que regresa de una misión de reconocimiento, trae en su balsa a cinco atractivas mujeres, enfermeras oficiales. Las féminas, varadas tras un ataque, no tienen dónde guarecerse, y Sherman no tiene más remedio que acogerlas, tratando de elaborar cronogramas para convivir todos razonablemente en el reducido submarino. Holden no pierde tiempo, comienza a cortejar a la bella teniente Barbara Duran (Merrill), se le acerca provocadoramente con pijamas y champagne, pero Sherman rompe su acercamiento, en repetidas ocasiones, aunque él mismo dubita cuando conoce, en la ducha, a otra teniente, Dolores Crandall (O’Brien). El Sea Tiger va quedando listo, incluso realizan somero ataque a un buque cisterna, y luego, ya en Cebú, otros oficiales no se hacen responsables de las mujeres, por lo que siguen con ellas, en el submarino, que ha sido pintado, inauditamente, de rosado. Las locuras se suceden, roban un cerdo lugareño y juegan al póker en una suerte de casino, se encuentran a japoneses a quienes deben compensar por el puerco, y el romance de las parejas va fortaleciéndose. Tras evadir un ataque aéreo, se encuentran con fuerzas yanquis, que los atacan pensándolos enemigos, pero aclarado todo, los reciben, la guerra acabó, Holden se queda con Barbara, y Sherman con Dolores.





Divertida cinta, el humor llega a un submarino, impensable situación, entre belicismo, en medio del mayor conflicto global hasta ahora habido, se desliza un ligero y sencillo humor, repleto de hilarantes circunstancias que tendrán por centro a los eternos objetos de deseo masculino, las hermosas mujeres. Desde el inicio, queda claro que se trata de una tripulación singular, oficiales que no tienen ni siquiera papel higiénico, que luego tienen que robar de almacenes de la marina sus suministros, desatándose desde ya las disparatadas situaciones, pues inclusive, inauditamente hasta una pared le roban a un oficial, el cual, resignado, al menos pide que se le devuelva la ventana. Pero naturalmente, el meollo son las féminas, cinco hermosas mujeres en un submarino, inverosímil situación, las mujeres en un submarino son de mala suerte, dicen, y es que ambos elementos son impensables juntos, pero en el filme, dejan de ser irreconciliables, para dar lugar a la comedia, comandada, claro, por el libidinoso y siempre ganador Holden, que hasta rifa la ropa de la mujeres y tiene apoyo para su estratagema de seducción a un chasquido de dedos de distancia, un subalterno que le trae al instante hielo y vasos para degustar el champagne con la blonda teniente. Así, casi surrealmente, una broma flotante está navegando, el submarino rosa, transportando mujeres bañándose en ese reducido espacio, íntimas prendas femeninas sobre maquinarias, mujeres dando a luz, niños recién nacidos, hasta una cabra para darles la mejor leche, todo es un loquerío, que desemboca en el delirante final, el submarino rosa ataca con sostenes y otras prendas íntimas, elocuente mensaje que hace a sus agresores recapacitar. Las atractivas oficiales vuelven locos a los tripulantes, y estos, ajenos al conflicto mundial, aislados de todo ello, se divierten, e invitan al espectador a dejarse embriagar por esa dejadez, olvidar la seriedad de la guerra, y soltar alguna eventual risa fácil con su ligero humor. Sencilla y digerible cinta, retahíla de disparatadas circunstancias, un exitoso filme, que acabaría siendo preludio para la serie televisiva antes citada, que tiene además en su reparto buena razón de su éxito, Grant, Curtis, y las hermosas Joan O’Brien y Dina Merrill en esta comedia, inolvidable para tierras yanquis.







lunes, 21 de mayo de 2012

Algo para recordar (1957) - Leo McCarey


Comedia yanqui la que el director Leo McCarey dirige, comedia romántica con algunos tintes de melodrama en la que se nos introduce en el idilio casi trunco de dos personajes afamados en la Gran Manzana. Es la historia de un playboy yanqui, famoso pintor que se conoce con una cantante de clubs nocturnos en un crucero transatlántico de Europa a Nueva York, ambos están comprometidos, ambos tienen parejas por su lado, pero su instantáneo e intenso romance los hace dejar de lado todo y citarse seis meses después en el edificio Empire State, encuentro que finalmente no se podrá consumar. La cinta será un viaje por las peripecias de la pareja, y los obstáculos que finalmente terminan venciendo para materializar su unión. No es una maravilla, ni el filme, ni la historia, pero tiene como su escudo y cimiento principal la colaboración e inclusión de dos estrellas yanquis, el gran y por entonces vigente y de moda Cary Grant, como el irresistible galán que deslumbra a la hermosa y delicada Deborah Kerr; ambos conforman la pareja estelar, y que se vuelve a buen seguro el gancho principal del filme. Empero, cuenta la cinta con la colaboración de un grande, el genial Delmer Daves -si bien esto no sea ni por error su mejor logro-, que fue uno de los encargados del guión, y repito, la cinta no es una obra maestra ni mucho menos, llega a ser cursi por momentos, pero con las colaboraciones, sabe salir a reflote.

      


Se inicia la cinta con Nickie Ferrante (Grant), un acomodado yanqui en un transatlántico, lujo y pompa, ajetreados personajes hay ahí, entre los que se encuentra Terry McKay (Kerr), y entre ambos nace prontamente una química. Ferrante goza de cierta fama por su trabajo, y por eso mismo, Terry intenta no ser vista con él por la prensa, ella tiene un compromiso. No sin pocos esfuerzos se escabullen de los reporteros, pero terminan de una u otra forma juntos, comen en mesas separadas pero juntas, no pueden evitarlo. Van después a ver a la abuela de Nickie (Cathleen Nesbitt), una anciana que vive en un apacible espacio, natural y parsimonioso. Tanto tiempo juntos y buen rato, hace que fluya un beso entre ellos, pero Terry está temerosa, trata de alejarse de Nickie. Inútil esfuerzo, pues poco después aparece Ned Hathaway (Charles Watts), un impertinente reportero, que tiene fotografías de ambos disfrutando en una piscina del barco, y ambos, ya cansados, deciden dejarse llevar sin importar las miradas de escrutinio de la gente.




Llega la final noche, ambos pactan volver a verse seis meses después en el edificio Empire State. Desembarcan, se juntan con sus respectivas parejas, Nickie con Lois Clark (Neva Patterson), y Terry con Kenneth Bradley (Richard Denning). Cada uno sigue en lo sucesivo su vida, Terry con Ken, pero su cabeza está ya en toro lado, mientras Nickie es entrevistado, y hasta parecen haber preparativos de su futura boda. Terry no puede más, rompe con Ken, y sola ya, comienza a trabajar nuevamente, cantando en clubes nocturnos. Pasan los seis meses, es el día del encuentro, y fatídicamente ella sufre un accidente, es atropellada, y no acude a la cita. Nickie se queda plantado, no sabe qué ha sucedido, se va; Terry entonces comienza a trabajar enseñando canto a niños, mientras Ken trata de volver con ella. Un buen día se encuentran en la ópera, ella con el persistente Kenneth. Llega la navidad, celebraciones, en medio de las cuales Nickie sorpresivamente la visita, y tras jugar a hacerse los difíciles ambos un momento, terminan finalmente juntos.




Es una comedia que se siente durante todo su metraje, preconcebida y materializada pensando en el público yanqui, es una comedia romántica hecha por el público estadounidense, para el público estadounidense, cuya principal fuente de deleite estará pues en los intérpretes. Es un film de amor entre personajes acomodados, de amor entre personas pudientes, se siente algo ligera la cinta, y tibiamente frívola, caprichos y disfuerzos de ambos, rozando las cursilerías en muchos momentos, pero bueno, hay público para todos los géneros. Así, tras asistir a las peripecias que atraviesan ambos, la pareja materializa su idilio, y es que claro, no podían tener sino solamente un final, un final feliz, juntos. Indudablemente el principal aliciente para atraer al espectador será la pareja estelar, ver a un Cary Grant, al margen de su momento profesional, joven y en vigencia como galán, acompañando a una joven y radiante Deborah Kerr, hermosa la actriz para completar la pareja, una pareja en una cinta completamente yanqui, que erige orgullosa el símbolo de la historia, el Empire State, que se yergue en toda su magnitud como el emblema del filme, asimismo el escenario donde se produce el nudo narrativo, el lugar donde se produce el desencuentro que pone en cierto peligro el romance. Pero el romance evidentemente tendrá final afortunado para sus protagonistas, y ciertamente, mucho más que eso no hay en la cinta. Con la mencionada y valgan verdades más anecdótica que otra cosa participación de Delmer Daves, se configura una cinta para entretener y nada más, pensada para los paladares blandos y ávidos de historias de amor delicadas y algo cursis. Aprobado obtiene la cinta, aprobado y nada más.





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