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martes, 10 de julio de 2012

Los últimos hombres duros (1976) - Andrew V. McLaglen

El británico  Andrew V. McLaglen nos presenta este ejercicio de su considerablemente extensa filmografía, pero que no se caracteriza precisamente por ser un memorable ejercicio cinematográfico, más bien discreta suerte de adaptación de western, en la que mucho de lo que alguna vez hiciera tan glorioso, hermoso e inmortal a este género, se olvida y deja de lado por completo, lo cual, por supuesto, va en severo detrimento del filme. Nos presenta el cineasta del Reino Unido la historia de unos convictos, que trabajan en sus forzosas labores, hasta que uno de ellos, el más aguerrido, consigue hacerlos escapar, y los guiará en su frenética y determinada venganza contra quien los perjudicó y metió a la cárcel, particularmente a él. La cinta será un recorrido por la carrera de ajusticiar al viejo ex sheriff, lo que incluye atormentar a la hija del hombre de ley. Muy discreto filme, en el que lo único que termina por ser aliciente son las actuaciones de dos grandes referentes del cine yanqui de aquellos años, el inolvidable Charlton Heston, como el atormentado sheriff que sufrirá la persecución, y el gran James Coburn, el duro individuo que realiza la inquebrantable persecución, ciertamente estos individuos se convierten en el principal bastión sobre el que descansa el filme, pero, naturalmente, únicamente actuaciones no pueden reflotar por si mismas un filme repleto de simplezas y falencias.

        


En el abrasador desierto yanqui, unos reclusos están haciendo trabajos forzosos, con los capataces vigilándolos, hasta que, un convicto, Zach Provo (Coburn), distrae a uno de ellos, para luego liquidar a sus guardas, y escapar numerosos presos. Sin tener un plan totalmente definido de acción, Provo lleva la batuta del grupo, se suben temerariamente a un tren que transporta carne de res refrigerada, díceles que su siguiente parada es Tucson. Mientras tanto, en los cuarteles de las autoridades, el ex sheriff Sam Burgade (Heston), se entera de la huida de los 22 reclusos, advierte la presencia de Provo, a quien envió a prisión hace años, y con Noel Nye (Michael Parks), el nuevo comisario, piensan sobre cómo podrán proceder, piensan que Yuma podría ser su destino. Ambos hombres de ley se alían, muévense y llegan hasta el tren de los prófugos, pero llegan tarde, ya se han movido los ex reclusos, al igual que lo hacen ellos, siempre siguiéndoles la pista. Los bandidos se movilizan rápidamente y van asesinando algún desafortunado impertinente que se  les cruce en el camino. Luego, ya en su casa, Burgade conversa con su hija, Susan (Barbara Hershey), le cuenta de la difícil situación que está manejando, además de narrarle las violentas circunstancias en que atrapó a Provo, feneciendo la mujer de éste.




Burgade sigue moviéndose con diligencia, mientras loa bandidos prosiguen su huida, y liquidando gente a su paso, Provo, además de Menéndez (Jorge Rivero). Hay preocupación en el pueblo, y mientras Burgade busca al bandido, éste se las ingenia para llegar a la casa del ex sheriff, y secuestra a Susan. No tarda mucho en descubrirlo Sam, y emprende ahora otra persecución a lo largo del Oeste yanqui, a Provo, Menéndez y Shelby (Larry Wilcox), entre otros. Pero las fuerzas van flaqueándole al viejo Sam, que también comienza a quedarse sin efectivos que apoyen su búsqueda, le dicen que abdique en su cometido, pero lo único en lo que piensa Sam es en salvar a su hija. Burgade saca fuerzas de flaqueza, encuentra a un bandido herido, moribundo rezagado que le da información con la que se acerca hasta el paradero de Provo. Pero no puede hacer mucho para evitar que su hija sea ultrajada en el desierto por los colaboradores del prófugo. Tras intentar el sheriff amedrentarlos con fuego, finalmente se produce un severo enfrentamiento, tiroteo en el que Sam sale severamente herido, cae por un pequeño barranco, pero consigue finamente disparar y eliminar a Provo, los demás lo auxilian.




Culmina de esta forma este breve ejercicio en el que durante sus poco más de 90 minutos de metraje no hacemos más que añorar a los grandes westerns clásicos del pasado, y es que toda la magia de antaño, todo el estupendo buen tratamiento visual que los mejores realizadores supieron imprimir a los filmes emblema, el desierto, con territorio tan vasto como las posibilidades que ese escenario ofrece, es también desperdiciado, al igual que esa memorable dupla estelar, en una película donde el tiempo pasa de forma ligera, como lo es la obra misma. Se presenta pues un western, como he leído definir con aceptable precisión, crepuscular, un género ya acabado, dando sus últimos coletazos antes de sumirse en el pasado, como sus viejas estrellas, la mayoría ya viejas glorias de años ya caducos. Así, asistimos a la representación desgastada, de un género desgastado, en el que se siente casi como un lamento consciente, por parte del director, expresado en Heston, que lamenta pues la vieja gloria perdida de los días pasados, un peculiar cowboy que usa gafas para leer documentos, es pues una caduca imagen, símil a lo que se aprecia, tal y como se siente y advierte el presente western. Rácana, simplona, así se siente la película, de un guión más bien anodino, sin mayor profundidad o significancia, al igual que los personajes superficialmente explorados, con frases baratas sin mayor riqueza. No pocas son pues las falencias del filme, donde se destrozan las reglas de un aceptable final feliz, con la hija del héroe humillada y ultrajada, y el protagonista, severamente herido y agraviado con el incierto desenlace que puede llevar muy probablemente a su fenecimiento. Lo único loable, claro, las actuaciones, un Heston tan distinguido y notable como de costumbre encarna seriamente a su personaje, con todo su sello, clase y distinción, lo mismo que Coburn, joven entonces, recio, curtido, intratable, disparando y atormentando, un perfecto infeliz, pero con cierta nobleza, que se denota en su ayuda a un mexicano, todo un habitual del western en su etapa final. Pero como se mencionó, las actuaciones no pueden reflotar ellas solas a un filme que tiene flaquezas por donde se le mire, ejemplo de un glorioso género que se desangraba y daba sus últimos esbozos.




 

domingo, 8 de julio de 2012

Muerde la bala (1975) - Richard Brooks


Richard Brooks nos entrega este filme, suerte de variedad de western, en la que cumple con el cometido del filme, del cine comercial, esto es, entretener, y no mucho más que eso. Se anima el director a escribir también el guión de la obra, de trama más bien algo simplona, algo rácana, y que termina esto por diluir en algún momento su interés. Nos narra Brooks la historia de una variopinta colección de individuos, a principios del siglo XX, que emprenden singular carrera a lo alego del vasto Oeste yanqui, buscando una jugosa recompensa al ganador. En el camino, dos grandes amigos se alían, mientras van conociendo a sus competidores, y a una atractiva fémina, intrigante mujer que depara más de una sorpresa y algún eventual fenecimiento. El filme debe mucho de su no abundante atractivo a los actores en el proyecto involucrados, tenemos a dos duros haciendo un dúo poco habitual, al recordado y buen Gene Hackman junto al duro James Coburn, como los grandes camaradas que parten en la aventura, además de un muy decente reparto, que incluye a Candice Bergen, Ben Johnson, Ian Bannen y Jan-Michael Vincent entre lo más destacado. Algunos buenos momentos tiene el filme, pero no puede dejar de sentirse por momentos floja, así como apreciarse finalmente como demasiado dilatada su duración. No es definitivamente lo mejor de su director.

        


En el desierto yanqui, en un rancho está Sam Clayton (Hackman), que encuentra a unos equinos, potrillos que han sido agraviados, y salva al más herido. Después, aparece Luke Matthews (Coburn), que aborda un tren rumbo a una localidad en la que se avecina una carrera, de 700 millas, organizada por un periódico local. En la carrera están involucrados, aparte de los dos sujetos, Carbo (Vincent), Harry Norfolk (Bannen), un inglés (Johnson), y una atractiva mujer, la señorita Jones (Bergen). Luke tiene un caballo poseedor de gran fama, luego arriba Clayton, que obsequia el potrillo a un niño. En el pueblo hay gran algarabía, desfiles, comida, mujeres, caballos, y Jack Parker (Dabney Coleman) invierte dinero en la carrera. El día de la competencia se avecina, y los amigos Clayton y Matthews propinan una golpiza al insolente joven Carbo y a otros sujetos. Se ultiman preparativos, Luke, que se ha apostado a sí mismo la victoria, conoce a la atractiva Jones, y a los parroquianos de un bar. Se inicia la carrera, parten todos a caballo, siempre Clayton y Matthews juntos, ayudan a un camarada, y hasta la señorita Jones atiende a un mexicano (Mario Arteaga), indio mestizo, por una dolencia en un molar. Los amigos aventajan al grupo que ya se separa, van tomando rumbos distintos los competidores.





En uno de los avatares la fémina Jones atacada es y casi violada por unos individuos, Clayton la defiende. Mientras Luke se encuentra desorientado, tanto Carbo, como Norfolk, el inglés y el mexicano, siguen cada uno a su manera, la carrera. En una ocasión, juntos de nuevo, Carbo le recuerda a Jones su condición de ex prostituta, ganándose severo correctivo por parte de Clayton, y es que se dan eventuales re encuentros con los demás participantes. En una de esas oportunidades, en una noche a la luz de la fogata, el inglés enferma, y únicamente acompañado por Clayton, fenece, mientras la carrera sigue generando expectativas en el pueblo, gracias al periódico. Los competidores continúan surcando difíciles áreas, Carbo se entusiasma con el premio, mientras Clayton sigue acercándose con Jones, a quien cuenta sus oscuras vivencias con su difunta mujer, ex prostituta también, cubana. Carbo tiene la mala fortuna de que su caballo muere, hay un motorizado que los auxilia. Mientras se aproximan a la meta, Clayton y Luke van a la cabeza, éste último solicita a su amigo que lo deje ganar y distribuyan ganancias, pero es rechazado. Inesperadamente, al llegar a cierta locación, Jones libera a su amante, presidiario trabajando, siempre fue su objetivo, se desata por ello severo tiroteo, tras el cual, ya en la recta final, Clayton y Matthews ganan la carrera.




Relativamente interesante filme, en el que se retrata toda la enajenación y algazara que despierta un evento que involucra una de las icónicas actividades de los vaqueros, montar a caballo, ahora en una carrera. Así, paralelamente nos retrata el siempre atractivo escenario, el Oeste norteamericano, los emblemas del género, los vaqueros, los pistoleros, y claro, el emblemático suceso que es el meollo de toda la acción. Se configura así una pareja no muy habitual, pero que funciona con gran solidez, un no demasiado habituado a los westerns Gene Hackman, con toda la solvencia que lo caracteriza, acompaña a un James Coburn más afín a estos filmes, estarán a cargo de materializar las figuras de los vaqueros y sus orgullosas marchas a caballo, cabalgando por el Oeste, en esta singular versión de western. Sencillo trabajo de Brooks que dota a su filme de un ligero ambiente con tintes cómicos, de ironía, representados más fuertemente que nunca con el peculiar lugareño, a quien Coburn pregunta una serie de indicaciones, a las cuales responde no saber nada, y ciertamente mucho no sabe, pero al menos no es él quien está perdido, le contesta. Se nos presenta así la historia de los caza fortunas, variopinto grupo que surca llanuras, desiertos, estériles territorios, todo por alcanzar la meta y la recompensa en un filme ejemplo de cine comercial, que cumple con su principal cometido, entretener, pero no hace ni ofrece mucho más que eso, una suerte de variación de western que se siente floja por momentos, diluyéndose su interés a lo largo de sus más de dos horas de innecesariamente dilatado metraje, en la que apenas se advierte una secuencia destacable, la aletargada marcha en la blanca arena de Carbo. El filme reflota algo por los actores, el siempre apreciable Gene Hackman, en complejo papel del individuo con oscuro pasado, parece encontrar nueva oportunidad en la bella Jones, pero la mujer tiene planes muy distintos. Coburn también cumple en su interpretación, al igual que los demás implicados, todos decentes actores. Filme que entretiene por momentos, nada más.





jueves, 15 de diciembre de 2011

Firepower (1979) – Michael Winner

Michael Winner se encarga de presentarnos este filme de suspenso interpretado por una de las máximas divas del cine, la candente y hermosa Sophia Loren. La cinta, hablando francamente, no es ninguna maravilla, la trama no resulta completamente interesante, y termina siendo, pese a ser este un filme de suspenso, una cinta que cae en el aletargamiento, y que debe buena parte de su ajustada aprobación a la participación de la Loren, que, aunque ya algo entrada en años, sigue impregnando con su belleza y talento todo filme en el que se involucre. Completan el reparto James Coburn y O.J. Simpson, configurando la historia de un narcotraficante que es contratado por el FBI para capturar a un multimillonario corrupto, que es el principal sospechoso de muchos asesinatos, sobornos, lavado de dinero, entre otros. Sophia Loren, que trabaja también para darle caza, es la viuda de una de sus víctimas.


    

La acción comienza con Adele Tasca (Loren), que prepara el cumpleaños de su marido, un reconocido químico.  Pero su esposo es asesinado, muere en una explosión, y se busca al asesino, siendo el principal sospechoso el millonario Stegner. Para capturarlo deciden contactar al cazarrecompensas Jerry Fanon (Coburn), que tiene una historia con Adele. Por su parte, ella también desea colaborar, y se traslada hasta Antigua para estar más segura, y se va enterando de la historia de Stegner, obligado a ingerir cantidades diarias de un fármaco por una enfermedad. Fanon también comienza a trabajar, recluta a su amigo Catlett (Simpson), con quien inicia las primeras acciones, fotografiando la residencia de Stegner. Lo ubican en Curazao, cada vez se van acercando más, pero en una balacera, Catlett muere. Descubren después que existe un doble, un falso Stegner que es eliminado, Adele se entrevista sorpresivamente con el millonario, y resulta que tienen un romance anterior, ahora desean comenzar otra vez, juntos. Fanon se adentra violentamente en la residencia, rescata a Loren, y tras una violenta persecución, eliminan a Stgener. Finalmente, vemos a la Loren de nuevo en su ambiente, codeándose con poderosos.


 


La cinta está ambientada en los exóticos y paradisíacos escenarios del Caribe, pues no en vano la traducción de su título al español es Complot en el Caribe, y así veremos, aunque sea breve y superficialmente, las hermosas playas, los grandes balnearios, toda la belleza y sofisticación de esas tierras de ensueño. La cinta está impregnada de un moderado suspenso, por momentos frenéticos, pero mayormente aletargado, trama que se llega a sentir demasiado simplista, en su desarrollo, y también en su final. La Loren es uno de los elementos que da atractivo a la película, y junto a James Coburn dan vida a esta cinta de marcada directriz de cine comercial, lineal, convencional, simple, sin demasiada profundidad, realzada por la belleza latina de Sophia, pero que en líneas generales acaba ahogándose en su económico atractivo de historia y de puesta en escena. Modesta la presentación de este ejercicio de cine comercial.





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