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domingo, 8 de julio de 2012

Muerde la bala (1975) - Richard Brooks


Richard Brooks nos entrega este filme, suerte de variedad de western, en la que cumple con el cometido del filme, del cine comercial, esto es, entretener, y no mucho más que eso. Se anima el director a escribir también el guión de la obra, de trama más bien algo simplona, algo rácana, y que termina esto por diluir en algún momento su interés. Nos narra Brooks la historia de una variopinta colección de individuos, a principios del siglo XX, que emprenden singular carrera a lo alego del vasto Oeste yanqui, buscando una jugosa recompensa al ganador. En el camino, dos grandes amigos se alían, mientras van conociendo a sus competidores, y a una atractiva fémina, intrigante mujer que depara más de una sorpresa y algún eventual fenecimiento. El filme debe mucho de su no abundante atractivo a los actores en el proyecto involucrados, tenemos a dos duros haciendo un dúo poco habitual, al recordado y buen Gene Hackman junto al duro James Coburn, como los grandes camaradas que parten en la aventura, además de un muy decente reparto, que incluye a Candice Bergen, Ben Johnson, Ian Bannen y Jan-Michael Vincent entre lo más destacado. Algunos buenos momentos tiene el filme, pero no puede dejar de sentirse por momentos floja, así como apreciarse finalmente como demasiado dilatada su duración. No es definitivamente lo mejor de su director.

        


En el desierto yanqui, en un rancho está Sam Clayton (Hackman), que encuentra a unos equinos, potrillos que han sido agraviados, y salva al más herido. Después, aparece Luke Matthews (Coburn), que aborda un tren rumbo a una localidad en la que se avecina una carrera, de 700 millas, organizada por un periódico local. En la carrera están involucrados, aparte de los dos sujetos, Carbo (Vincent), Harry Norfolk (Bannen), un inglés (Johnson), y una atractiva mujer, la señorita Jones (Bergen). Luke tiene un caballo poseedor de gran fama, luego arriba Clayton, que obsequia el potrillo a un niño. En el pueblo hay gran algarabía, desfiles, comida, mujeres, caballos, y Jack Parker (Dabney Coleman) invierte dinero en la carrera. El día de la competencia se avecina, y los amigos Clayton y Matthews propinan una golpiza al insolente joven Carbo y a otros sujetos. Se ultiman preparativos, Luke, que se ha apostado a sí mismo la victoria, conoce a la atractiva Jones, y a los parroquianos de un bar. Se inicia la carrera, parten todos a caballo, siempre Clayton y Matthews juntos, ayudan a un camarada, y hasta la señorita Jones atiende a un mexicano (Mario Arteaga), indio mestizo, por una dolencia en un molar. Los amigos aventajan al grupo que ya se separa, van tomando rumbos distintos los competidores.





En uno de los avatares la fémina Jones atacada es y casi violada por unos individuos, Clayton la defiende. Mientras Luke se encuentra desorientado, tanto Carbo, como Norfolk, el inglés y el mexicano, siguen cada uno a su manera, la carrera. En una ocasión, juntos de nuevo, Carbo le recuerda a Jones su condición de ex prostituta, ganándose severo correctivo por parte de Clayton, y es que se dan eventuales re encuentros con los demás participantes. En una de esas oportunidades, en una noche a la luz de la fogata, el inglés enferma, y únicamente acompañado por Clayton, fenece, mientras la carrera sigue generando expectativas en el pueblo, gracias al periódico. Los competidores continúan surcando difíciles áreas, Carbo se entusiasma con el premio, mientras Clayton sigue acercándose con Jones, a quien cuenta sus oscuras vivencias con su difunta mujer, ex prostituta también, cubana. Carbo tiene la mala fortuna de que su caballo muere, hay un motorizado que los auxilia. Mientras se aproximan a la meta, Clayton y Luke van a la cabeza, éste último solicita a su amigo que lo deje ganar y distribuyan ganancias, pero es rechazado. Inesperadamente, al llegar a cierta locación, Jones libera a su amante, presidiario trabajando, siempre fue su objetivo, se desata por ello severo tiroteo, tras el cual, ya en la recta final, Clayton y Matthews ganan la carrera.




Relativamente interesante filme, en el que se retrata toda la enajenación y algazara que despierta un evento que involucra una de las icónicas actividades de los vaqueros, montar a caballo, ahora en una carrera. Así, paralelamente nos retrata el siempre atractivo escenario, el Oeste norteamericano, los emblemas del género, los vaqueros, los pistoleros, y claro, el emblemático suceso que es el meollo de toda la acción. Se configura así una pareja no muy habitual, pero que funciona con gran solidez, un no demasiado habituado a los westerns Gene Hackman, con toda la solvencia que lo caracteriza, acompaña a un James Coburn más afín a estos filmes, estarán a cargo de materializar las figuras de los vaqueros y sus orgullosas marchas a caballo, cabalgando por el Oeste, en esta singular versión de western. Sencillo trabajo de Brooks que dota a su filme de un ligero ambiente con tintes cómicos, de ironía, representados más fuertemente que nunca con el peculiar lugareño, a quien Coburn pregunta una serie de indicaciones, a las cuales responde no saber nada, y ciertamente mucho no sabe, pero al menos no es él quien está perdido, le contesta. Se nos presenta así la historia de los caza fortunas, variopinto grupo que surca llanuras, desiertos, estériles territorios, todo por alcanzar la meta y la recompensa en un filme ejemplo de cine comercial, que cumple con su principal cometido, entretener, pero no hace ni ofrece mucho más que eso, una suerte de variación de western que se siente floja por momentos, diluyéndose su interés a lo largo de sus más de dos horas de innecesariamente dilatado metraje, en la que apenas se advierte una secuencia destacable, la aletargada marcha en la blanca arena de Carbo. El filme reflota algo por los actores, el siempre apreciable Gene Hackman, en complejo papel del individuo con oscuro pasado, parece encontrar nueva oportunidad en la bella Jones, pero la mujer tiene planes muy distintos. Coburn también cumple en su interpretación, al igual que los demás implicados, todos decentes actores. Filme que entretiene por momentos, nada más.





martes, 27 de marzo de 2012

La gata sobre el tejado caliente (1958) – Richard Brooks

Consolidaría Liz Taylor en el lustro final de la década de los 50 su mejor etapa actoral, con cuatro nominaciones consecutivas al Oscar, fue una época en que la Taylor tuvo a todo Hollywood a sus pies. Significaría la película que nos ocupa, su segunda nominación, y el director Brooks la dirige en una memorable cinta, de sólida historia, y, sobre todo, un gran reparto estelar, actores de primer nivel que demostraron que eran los santos y seña del firmamento hollywoodense de entonces. Materializa Brooks la historia de una acomodada familia, la familia de un hacendado sureño, que tiene dos hijos, uno al que poco podría querer, y otro, ex deportista, alcoholizado, que por alguna razón parece estar imposibilitado de engendrar y procrear descendencia que herede las numerosas hectáreas del patriarca. La cinta explorará los oscuros pasajes a los que se debe esa incierta situación, mientras los más íntimos secretos de la familia saldrán a flote, peleas por herencias, con todas los ataques que este tipo de conflictos acarrea. El mencionado y destacado reparto actoral incluye a un descomunal Burl Ives como al patriarca hacendado, a un ya consolidado y serio Paul Newman como el hijo más importante, y a la hermosa Taylor como su frustrada esposa. Además completan la terna Jack Carson y la recordada y eficiente Judith Anderson, en una cinta muy memorable y que atrapa durante todo su metraje.



Comienza la acción con un hombre, Brick Pollitt (Newman), que bebe un trago en una pista, alucina, y de pronto corre y brinca unas vallas, pero tropieza, y se luxa una pierna. Enyesado, en su casa hay ambiente festivo, su padre va a llegar, y su esposa, Maggie (Taylor), no soporta a la familia de su cuñado, Gooper (Carson), de numerosos y ruidosos hijos maleducados. El padre está muriendo, y Maggie le dice a Brick que quieren dejarlo fuera de la herencia, ella quiere evitarlo, busca engendrar un heredero, pero el alcoholizado Brick la rechaza, incluso le dice que se busque un amante. Llega el padre, “Big Daddy” Pollitt (Ives), a quien el doctor dijo que goza de buena salud. Poco después, Brick habla con el doctor, que le dice la verdad, la salud de Big Daddy es pésima, no hay esperanzas, sólo él y Gooper lo saben, mientras agasajan al hacendado por su onomástico. La situación marital de Brick no mejora, siguen peleando, se menciona a un tal Skipper, gran amigo de Brick, finado, aparente causante de su situación. Big Daddy es un duro y áspero personaje, no soporta celebraciones, desaira a su mujer, Ida (Anderson), no soporta tampoco ni a Gooper, a su mujer Mae (Madeleine Sherwood), ni a sus numerosos y odiosos cinco hijos, con un sexto en camino; en cambio, la cae bien la hermosa esposa de Brick.




Entonces, Big Daddy encara a su hijo, encara a Brick por su alcoholismo, una dura discusión en la que se llega nuevamente el tema de Skipper, íntimo amigo suyo en el instituto, deportistas juntos, y suicidado. Para esclarecer lo sucedido, llaman a Maggie, se va descubriendo el velo, era un parrandero camarada de Brick, a quien no le gustaba Maggie por acapararlo, pero, llegados a un punto, ella casi se acostó con Skipper para probar su falsa amistad con su esposo. Poco después, el amigo se suicidó, y Brick, sintiéndose culpable por haberle fallado, se refugia en el alcohol, la discusión con Big Daddy se acalora, y termina por confesarle la verdad sobre su salud, y el viejo hacendado decide no dejar herencia a nadie. Se desencadena una gran discusión a su vez con Gooper, abogado, que quiere la herencia, y, aliado con Mae, ataca furibundamente a Brick, ausente, le atiza su irresponsabilidad y alcoholismo. El estado de Big Daddy se agrava, es un caso sin esperanza, pero se rehúsa a recibir morfina, y en medio de la discusión, padre e hijo se acercan más que nunca, y llegan a una tregua. Arriba, desaira a Gooper, no le dejará nada, y Maggie dice una mentira, dice estar embarazada, habrá heredero del hijo mayor, pero la mentira lo es por poco tiempo, Brick la llama a la habitación, el falso embarazo será uno verdadero.




Una de las clásicas cintas de sus protagonistas, tanto de un Paul Newman en efervescente ascenso, como de una Liz Taylor que cimentaba y consolidaba la reputación de una de las leyendas femeninas hollywoodenses. El realizador Brooks se encarga de entregarnos este intenso drama, que conforme avanza la acción, va alcanzando mayores niveles de complejidad, involucrando amplio abanico de dimensiones, descascarando meticulosa y metódicamente los orígenes de extrañas situaciones. Un aparentemente impotente hijo mayor y predilecto de su hacendado y acomodado padre, rechaza con obstinación a su más que atractiva esposa, a quien hasta su anciano y desgastado progenitor más de un piropo dedica, pero el motivo de esa aparente impotencia esconde una historia propia, que a su vez desencadenará y sacará a la luz las más indeseables disputas por herencia, donde las figuras más patéticas aflorarán. De esta forma, el primer misterio es resuelto, el ex atleta, ex jugador laureado de fútbol americano, Brick, atormentado y alcoholizado por la pérdida de su mejor amigo, íntimo camarada cuya muerte considera fue por causa suya, traumatizado, busca refugio en el alcohol, quedando su hermosa esposa de adorno. Se desencadenará la disputa familiar, donde le hermano mayor, Gooper, realiza patéticas declaraciones, un fantoche total, nunca tuvo vida propia, sino que se amoldó al pie de la letra a todo lo que su padre le ordenaba, simplemente para ver, en el final de la vida de éste, cómo lo hacía a un lado de la herencia, lo que más le interesaba. Casado y formador de algunas de las más ridículas, o graciosas, según se mire, figuras de la cinta, como su esposa, Mae, insoportablemente fértil fémina, con una camada de monstruos sin cuello, como los llama Maggie, insoportables y ruidosos, hasta tienen una suerte de banda musical, intentando agasajar a Big Daddy, pero sacando de quicio al agasajado y al espectador con tan risible, o irritante, otra vez, figura.





Memorables y clásicas imágenes genera el director, como ver, prontamente, el inmortal fotograma de la Taylor, Maggie rememorando las bondades amatorias de Brick, mientras acaricia el dorado catre del lecho, frustrada, y él, atrás, dándole la espalda, mucho de la cinta se condensa, sin palabras, en ese poderoso fotograma, en esa ciertamente elocuente y expresiva imagen. La situación se extenderá a buena parte del filme, ella, hambrienta de carnalidad, suplicándole por algo de acción íntima, literalmente persiguiéndolo, buscando inquietarlo provocadoramente, y Newman, huyendo, renqueante, le habla de condiciones aceptadas, de que se busque un amante, hay pasión y frustración en su habitación, mucho se oculta ahí. Uno de los momentos clímax de la cinta es sin duda la discusión de Brick y Big Daddy, ese tipo de conversaciones que marcan hitos en la vida familiar, en la que se dicen cosas que se quisieron decir una vida entera, y para las que finalmente se encontraron las palabras. Brick reprochándole la falta total de amor a la familia, el padre escudándose en que los colmó de todo, todo lo que el dinero puede comprar, excepto lo único que querían, afecto genuino, y Big Daddy finalmente le habla como nunca le habló, con el corazón, rememorando a su propio padre, ese tipo de momentos que modifican el rumbo de la directriz familiar, momentos no de cine, sino de vida real, y las actuaciones de ambos en esas secuencias son de lo mejor del filme. Un aspecto por el que la cinta es inolvidable es por la memorable calidad actoral que despiden sus protagonistas, todos a un muy alto nivel, empezando con un ya ducho Paul Newman, que iba de más a más, seria su caracterización, convence de su patetismo, de su sufrimiento y angustia ante el abandono sentimental de su padre a la familia entera. Asimismo, Burl Ives nos obsequia una remarcable caracterización, es el papel que más exige, y su actuación es tremenda, la más impactante, imponente y señorial, como lo exige el personaje de un hacendado sureño, acomodado y orgulloso hacedor de todo su imperio. Por supuesto, la Taylor, también ya madura actoralmente, ya tiene carácter, y su actuación demuestra actitud, toques de muy intensa y dominante femineidad, es una mujer completa. Mención especial para Judith Anderson, en un papel menor en esta oportunidad, pero siempre seria y cumplidora mujer. Cierra Brooks la cinta de inmejorable forma, con el más elocuente y mencionado fotograma, pero ahora opuesto, de colofón, siempre el dorado catre del lecho hacia nosotros, y los esposos atrás, pero ahora juntos, ahora son amantes, ahora consumarán la frustrada pasión. Brooks demuestra mucho talento, entrega una memorable cinta, enriquecida poderosamente con las actuaciones, y a las que suma su firme pulso y seriedad en la puesta en escena, un clásico de la Metro-Goldwyn-Mayer MGM.








viernes, 19 de agosto de 2011

Los Profesionales (1966) – Richard Brooks

Richard Brooks nos presenta este filme sobre bandidos, pistoleros, engaños y explosiones. Muy aceptable la película, en gran parte esto debido a que está protagonizada por un reparto de primer nivel. Veremos a un excelente cuarteto de pistoleros, entre ellos Burt Lancaster, Lee Marvin y el siempre eficiente Robert Ryan, que son contratados para rescatar a la mujer de un acomodado hombre mayor, que ha sido raptada por el terriblemente sanguinario bandido mexicano Raza, interpretado por un gran Jack Palance. Por cierto, la mujer secuestrada es la hermosa y mítica Claudia Cardinale, una de las mejores actrices italianas que se haya visto, bella la latina. El cuarteto conforma y da nombre a la película, ellos son unos auténticos profesionales en lo que hacen, pistoleros, bandidos, expertos dinamiteros, son los mejores en lo que hacen, y se les contrata para hacerle frente al mejor, el temible Raza, que tiene cautiva a la mujer.



             

Durante la temeraria misión se enfrentarán no solo a los aguerridos y diestros hombres de Raza, sino a un inmisericorde desierto mexicano, que durante el día castiga al cuarteto con un abrasador calor, y por las noches los someterá a gélidos fríos, poniendo a prueba la resistencia de los profesionales. Pero logran sortear los peligros, las emboscadas, los tiroteos, y van avanzando hacia el campamento de Raza, el sanguinario y curtido bandido, que se mueve en el desierto como pez en el agua. Logran pues llegar al fuerte de Raza, y se desata un terrible enfrentamiento, en el que los tres hombres (pues Robert Ryan fue herido y no participa en el asalto) logran rescatar a la prisionera mujer de las garras del secuestrador. Sin embargo, conforme van escapando con la mujer, van descubriendo que no estaba precisamente contra su voluntad con Raza y su gente, y que su matrimonio con el viejo acomodado fue contra su voluntad.





El bandido Raza los persigue incansablemente, logrará darles alcance, pero tanto él como sus colaboradores son sometidos por los profesionales. Una vez que se lleva a la mujer con el esposo, y se proponen a cobrar el rescate, se descubre toda la verdad, que el supuesto secuestro no fue tal, que la mujer, seducida por la Revolución, escapó del esposo para abrazar la causa de Raza. Aclarado todo, Claudia Cardinale sigue su voluntad, la Revolución, y a Raza, el cuarteto pistolero se retira con parte del botín cobrado. La Cardinale se luce en uno de sus habituales papeles de mujer fuerte, mujer  de carácter, nuevamente a favor de la Revolución, esos papeles que tan bien la caen a esta intensa mujer. Entretenido filme, cine yanqui comercial, destinado al entretenimiento, buenas actuaciones de buenos actores, para con formar una película bien lograda, que se sostiene dentro de lo que pretende, fines comerciales.



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