viernes, 17 de agosto de 2012

Una mujer de París (1923) - Charles Chaplin

Charles Chaplin es uno de los mayores íconos que el séptimo arte haya producido, todo un emblema, toda una personalidad, inmortal personaje, multifacético hombre de cine, un artista mayúsculo. Tras nueve años interpretando a su mítico Charlot, y haber materializado cerca de sesenta cortos con el bigotudo personaje, Chaplin realiza, lo que él mismo calificaría como su primer trabajo “serio”. Y es ciertamente un ejercicio singular, único dentro de la filmografía del gran Chaplin. Nos retrata para el presente filme, la trágica historia de una pareja de jóvenes amantes, que ven las vías de su relación siempre bloquearse, ya sea por el padrastro de ella, o por los padres de él. Cuando intenten viajar a Paris y casarse, un imprevisto hace que ella se vaya sola. Un año después, el joven encontrará a su amada siendo cortesana de un acaudalado y despreocupado sujeto, la mujer con la que se amaron parece haberse esfumado, y tratará de recuperarla. Inolvidable filme del legendario comediante, en el que, por vez primer algo insólito acontecía, veía la luz un filme de Chaplin, en el que no aparecía Chaplin, algo por esos años, simplemente inconcebible. El filme significaría la última colaboración del director, actor y guionista, con la musa de sus primeros años, Edna Purviance, que se convierte en protagonista absoluta del filme, filme que por cierto sería un fracaso comercial.

       



Un texto nos introduce a la acción, es la historia de Marie St. Clair (Purviance), una mujer marcada por su destino, una terrible situación familiar. Su padrastro (Clarence Geldart), es un abusivo sujeto que la encierra en casa, pero el joven con quien ella frecuenta, Jean Millet (Carl Miller), la hace escabullirse por la ventana, ellos planean viajar a Paris, y casarse. Pero al volver ella a su morada, el padrastro la ha dejado afuera, por lo que van a la casa de Jean. Allí, se topan con otro inconveniente, la madre (Lydia Knott) y padre (Charles K. French) de Jean no la admiten en el hogar, le reprochan su miserable origen, la desalojan, Por tal motivo, adelantan su viaje a la capital francesa. Va Jean a hacer las maletas, y despidiéndose de sus furibundos padres, su progenitor fenece, debiéndose quedar, pero Marie, sin saber el motivo de lo demora, parte a París sola. Un año después, ya en Francia, donde la suerte es caprichosa, y donde la mujeres apuestan su vida, el rico y caprichoso Pierre Revel (Adolphe Menjou) hace y deshace romances con mujeres, el despreocupado personaje hace ciertos estudios alimenticios. Marie convive con su amiga Fifi (Betty Morrissey), hermosa fémina que aprovecha su juventud y brío para intimar con hombres.






Luego, otra amiga de Marie, Paulette (Malvina Polo), ve en el periódico que Pierre se compromete con otra mujer. al enterarse Marie, se deprime no poco. Fifi la invita luego a una fiesta en el estudio de un artista, desenfrenada festividad en la que resulta encontrando a Jean y a su madre. Conversa con Jean, se cuentan las últimas novedades, y convienen en que pinte el retrato de ella. Pinta el cuadro, ella posa con elegantes atavíos, pero Jean la retrata con los humildes vestidos con que la conoció, aún la ama. Se debate Marie entre el amor y la estabilidad financiera, dícele a Pierre que busca también estabilidad emocional, matrimonio e hijos, a lo que éste responde riéndose, ella rompe con él. Por su parte, la madre de Jean ahora desaprueba a Marie por ser cortesana de un rico. Aunque Jean propone matrimonio a Marie, las palabras de su madre le hacen retroceder, y Marie se va alterada. Pierre se refugia en los brazos de otras mujeres, Marie no tarda en volver con él, mientras Jean lamenta lo que hizo. En una elegante cena que realizan Pierre y Marie, asiste también Jean, que pelea con su anfitrión, al verlo con su amada, se pega un tiro. Hay congoja en su madre y Marie, Jean eventualmente fenece, y Marie termina haciéndose cargo de hijos ajenos, cuida niños pequeños.







Apertura el filme una secuencia que unificará diversas imágenes del agreste escenario, imágenes que se van ya advirtiendo como dramáticas, no es el típico trabajo cómico chaplinesco. En esta, la primera cinta en que Chaplin trata temas severamente dramáticos, e incluso trágicos en su desenlace, mucho del meollo o drama principal es explicado pronto, los padres representan el primer escollo en el amor de dos jóvenes, y ese primer segmento del filme es el que está dotado de un lenguaje audiovisual más expresivo. Se da así una marcada tonalidad oscura en esos primeros pasajes, la introducción y presentación del drama se hace con esa lobreguez, esa marcada oscuridad que le da una expresividad mayor al drama, a la atmósfera opresiva que se vive por parte de los jóvenes, se trata de un nuevo estilo en Chaplin, ciertamente una novedad respecto a los trabajos que había materializado hasta entonces. Como se evidencia, la novedad no se limitaba únicamente al ahora solamente trágico tratamiento de las acciones, sino también a la forma en que se lo representa, a las técnicas y recursos, cambió la forma, y también el fondo. Esa expresiva y oscura atmósfera creada tiene su origen en la estupenda fotografía de Roland Totheroh, excelente retrato en blanco negro, rebosante de sombras, poderosos contrastes de las penumbras con las luces, buena utilización de esos contrastes de luminosidad y oscuridad para resaltar el dramatismo de lo que se presenta, la severa y tiránica atmósfera de unos padres que maniatan la felicidad de sus hijos. Particularmente notables y memorables son varias secuencias, entre las que está la de la realización del retrato de Marie, ella, ahora embriagada en su nuevo estilo de vida, posa con una elegante parafernalia, vestido plateado y elaborado sombrero, pero Jean la pinta con los desgastados y humildes vestidos de cuando la conoció en tierras yanquis, es su forma de decirle que aún la ama intensamente, que es esa su faceta que mejor conoció, y de la que se enamoró, la que aún espera encontrar.






Chaplin manifiesta evera crítica a la clase alta, la supuesta alta sociedad de entonces, exquisito momento de singular escarnio se da cuando se atienda a Marie y el distinguido y engreído Revel, cuando el mozo les sirve trufas y un texto nos dé el guiño de que las trufas son extraídas por cerdos, las trufas, pues, son manjares para los cerdos y los ricos, que se esmeran en sus protocolares costumbres, en mantener la etiqueta, como evidencia el mismo mozo desesperadamente reprendiendo a un novato servidor que se equivoca sirviendo la mesa, y acomoda presuroso las copas por el lado correcto de los comensales. Frívolos, hipócritas, adúlteros y dominados por libertinaje sexual, las livianas amigas de Marie, todo oculto en una careta de postiza y artificial sofisticación, un vacío y somero glamour, presenta Chaplin una realista fotografía repleta de excesos de la clase alta, de su desparpajo, de su frivolidad, de su barata bohemia, en un exquisito retrato y burla a la sociedad de su tiempo, un trabajo que se advierte precursor, por poner un ejemplo, a la obra maestra La Regla del Juego (1939) del titán francés Jean Renoir. Y como le sucediera al cineasta europeo, temerosa, la sociedad y la crítica no recibieron bien el trabajo, que atizaba severamente sus falencias, poco importó que la cinta se haya ambientando en Francia, la crítica yanqui, demostrando no ser tan obtusa, supo entender perfectamente la directriz de la comedia. La clave cómica deja pues espacio ahora al drama y tragedia, temas bizarros pasarían desde entonces a tomar mayor injerencia en su obra, como la extrema miseria en La quimera del oro (1925), el advenimiento del industrialismo, y la creciente reducción del hombre en Tiempos modernos (1936), este filme serviría de punto de inflexión para que Chaplin se animara ya a explorar ese universo hasta entonces indómito para él, allá donde no llegan las carcajadas, la tragedia, y vaya que supo desenvolverse con maestría en él también. Duro realismo se apodera ahora de la obra de Charlie, ahora, la tiranía y egoísmo severos de padres y padrastro arruinando el bienestar sentimental de su prole son un tema central, además de la severa austeridad, inicialmente en su tierra, Norteamérica, luego, en Francia, con la figura de la familia de limosneros, famélicos vástagos siguen a su madre a un futuro sin esperanzas, los duros y dramáticos temas, si bien presentes antes, con tibieza plasmados, ahora se esgrimen en toda su magnitud. Se materializa así un trabajo vital en la carrera de Chaplin, que duplica su valía por dos razones: uno, era la primera vez que un filme de Chaplin no era protagonizado por él mismo, el público no estaba preparado para semejante sacrilegio, como lo demostró el fracaso comercial del filme. Dos, se presentaba por vez primera un drama crudísimo, en el que la protagonista era, una mujerzuela. Sus avatares son el meollo del asunto, sus peripecias e infortunios, y el desenlace es sumamente trágico, el Charlot bromista y eternamente soñador de un mundo feliz despierta, también hay mucha hambre, miseria, austeridad, muerte, amor frustrado, egoísmo y tiranía, Charlot ha madurado, Chaplin ha madurado, y no en vano el maestro comediante señalaría este como su trabajo predilecto, del que se sentía más orgulloso. Este último detalle se evidencia cuando muchos años después, Chaplin re compone la música de la cinta, uno de sus últimos actos como cineasta profesional, engalana su cinta predilecta. El trabajo presente asimismo se enaltece por las interpretaciones, novedosas para entonces, a diferencia de la mayoría de los actores del cine silente, no se recurre a la exageración de las gesticulaciones, se busca extraer expresividad de escuetos registros, algo para entonces revolucionario en el cine mudo. Se trata de uno de los trabajos definitivamente imprescindibles de Chaplin, se puede uno perder quizás alguno de los innumerables cortos previos a este trabajo, pero este filme, junto con El chico (1921), Tiempos modernos (1936), y El gran dictador  (1940), son las piedras angulares de esta luminaria de la historia del cine, Charles Chaplin.





5 comentarios:

  1. Estupendo análisis de esta obra maestra de Chaplin. Ando liado con un extenso trabajo sobre el cine norteamericano y este film no podía faltar. En serio, me ha parecido muy útil. Te recomiendo "Charles Chaplin, el genio del cine", un estupendo libro de Manuel Villegas López, de lo mejor que he leído sobre el cineasta.

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  2. Estupendo análisis de esta obra maestra de Chaplin. Ando liado con un extenso trabajo sobre el cine norteamericano y este film no podía faltar. En serio, me ha parecido muy útil. Te recomiendo "Charles Chaplin, el genio del cine", un estupendo libro de Manuel Villegas López, de lo mejor que he leído sobre el cineasta.

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    1. Muchas gracias por tus elogios y por la recomendación del texto Antonio!.

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  3. Acabo de descubrir tu Blog y de convertirme en asidua del mismo. :)

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    1. Gracias por tus palabras, se hace lo que se puede ;)

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