Gordon Douglas nos presenta esta cinta, relativamente entretenido policial que tiene como mayor, y probablemente único aliciente para su visionado, a la participación de una leyenda del arte, no únicamente brillando en el cine, pues su campo de máximo fulgor, es la música, me refiero a La Voz, me refiero al inmortal Frank Sinatra. La película retrata la historia de un investigador, un detective privado, que se ve envuelto en una interminable maraña de intrigas, misterios, incertidumbres, cuando un adinerado personaje primero, y la hija de éste después, vayan a pedirle que resuelva un intrincando caso, el robo de una valiosa joya, y en la investigación, el detective, Tony Rome, deberá utilizar su máxima astucia e instinto, y enfrentarse a temibles sujetos para finalmente descifrar la verdad de lo sucedido. El encargado de encarnar a Rome, quién más, Sinatra, el inolvidable cantante interpreta a un detective singular, que vacaciona en Miami, y de paso resuelve casos, ganando dinero, mientras vive en su lancha, es un ganador, despertando deseo en todas las mujeres por su galantería y actitud, un personaje que no teme enfrentarse a nadie, y que puede desempeñarse y desenvolverse en los ambientes más amenazantes, rodeado y enfrentado a peligrosos hampones y asesinos. Como mencioné inicialmente, Sinatra actuando es siempre un aliciente, pero en esta oportunidad, termina siendo prácticamente el único, pues la cinta como tal, es un discreto trabajo.


Termina así una cinta que combina algunos momentos de cierto interés e intriga, con otros de pesadez, languidez, pues la cinta se dilata más de la cuenta. Así, asistimos a dos horas, 120 minutos excesivos, indebidamente dilatada la película, dos horas para desenmarañar únicamente un misterio, y el interés que pueda despertar la intriga, termina por diluirse en las interminables entrevistas, investigaciones o encuentros que pueda tener Rome, en una historia que tranquila y más convenientemente, pudo ser narrada en una extensión de tiempo considerablemente menor. Naturalmente, mi afirmación será rebatida por los fanáticos de Sinatra, que quizás no salgan decepcionados de ver dos horas en acción a La Voz, dos horas interpretando un papel que parece para homenajearlo, para que se regodee en su gallardo porte, en su galantería, encarnando a un detective de mundo, recorrido, sofisticado, que, como se dice, se las sabe todas, viviendo en una lancha que ganó en los dados, paseándose por las playas de Miami, rodeado por las bellas féminas del lugar, enamorando a las mujeres, y hasta dándose el lujo de rechazar algunas mientras trabaja. Es un apostador, adicto al juego, es un ganador, vacaciona en esas paradisíacas tierras, mientras trabaja y gana dinero, y Sinatra encaja en el papel, con su distinguida presencia, esa inconfundible voz suya, su actuación y participación terminan por ser prácticamente el único aliciente. Aunque finalmente no se quede con la única mujer que sí atrajo su atención durante la película, se sabe que eso no importa mucho, una se fue, pero muchas otras vendrán para Tony Rome, que es como el amo del lugar, es un pez en el agua en Florida. Discretamente atractiva cinta, pero que los fanáticos de La Voz no pueden perderse, y ver a Sinatra en papel singular.
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