El británico Daldry, cuya carrera todavía está en fase inicial, pero que ya comienza a generar alguna que otra apreciable cinta, materializa este decente y serio ejercicio, en el que presenta un drama post segunda guerra mundial. Presenta el director la historia de una mujer, enigmática fémina que se enreda sexualmente con un adolescente, a quien guía en su despertar sexual, pero cuya relación llegará a abrupto final cuando ésta sea acusada de crímenes durante el conflicto global. Será encontrada culpable y su juventud entera será desperdiciada en prisión, donde, décadas después, el adolescente, ya adulto, va a buscar a su antigua amante. Interesante aproximación a la historia la que se nos presenta desde dos planos temporales distintos, fusionados con correcto ritmo por el realizador. Podemos apreciar a una actriz a la que los años le están haciendo muy bien, y no por su física hermosura, sino por la evolución que está manifestando en sus interpretaciones. La bella Kate Winslet se aleja ya del desperdicio aparatoso de esa cinta -que no mencionaré- que algunos gaznápiros ponen a la altura de Ben Hur, para involucrarse en proyectos más valiosos a nivel de madurez actoral, dejando de lado lo comercial; trabajos que le aportan más prestigio como actriz real, como actriz más seria y madura, y se erige en la protagonista de la cinta. Acompañada por Ralph Fiennes y un joven David Kross, se configura una cinta que sin ser una maravilla, deja buen sabor de boca.


Agradable la cinta de Daldry, en la que uno de sus atractivos es la forma en que suavemente juega con la estructura temporal, pero armoniosamente, de forma ordenada, lógica, y coherente, de este modo es que vemos esos sutiles saltos temporales, fusionando y amalgamando de excelente forma dos espacios y tiempos separados por mucho. Es así que nos presenta por un lado, e inicialmente, la historia de un abogado y sus reminiscencias, gran parte del inicial segmento del metraje son esas reminiscencias, que evocan a su despertar sexual, en secuencias que transmiten intensidad y carnalidad, la potencia de la belleza de la Winslet, los momentos de los compañeros sexuales, que prescinden incluso de nombres, singular situación en la que una atractiva y adulta mujer orienta en sus primeros ejercicios carnales a un jovencito, un adolescente quinceañero. Se vuelve su mentora, y con figuras de cuando ella incluso lo baña, se va dejando ver cómo ella es su orientadora en todo el sentido de la palabra, protección y guía maternal por momentos, sexual a su vez por otros, ella lo hace despertar y no solo sexualmente, lo hace despertar a la vida. De pronto, esa bella imagen es destruida cuando la mentora es acusada de aberrantes colaboraciones con los nazis, y de ser responsable de cientos de muertes, y él, más joven ya, sufre por la situación. Pero se deja un claro, una incógnita, y es que ella ciertamente no fue culpable, se adjudicó la responsabilidad de haber escrito un texto clave, pero era analfabeta, no queda claro porqué lo hizo, pero sí queda claro que ella no fue la real responsable. Ella, siempre distante, siempre lejana, siempre ocultó un oscuro secreto, aunque no termine de ser desvelado. La cinta tiene su fuerte en el correcto ritmo narrativo, hace gala el director de buen tratamiento en los cambios temporales, lo que dota de interés a su cinta, y aunque se noten ciertas fisuras en el producto final, como el mencionado desenlace, la película termina siendo decente y apreciable, entrañable ejercicio de una relación más bien breve, pero que marcó la vida de dos personas provenientes de universos distintos. Tenemos además el gusto adicional de ver a una Kate Winslet ya mucho más superada que en los años de esa cinta aludida inicialmente, flamante ganadora del Oscar por esta interpretación, una de las galardonadas más serias y decentes de años recientes, y claro, tenemos el plus de ver a esta hermosa mujer, en muy atrevidas situaciones, con toda su alba figura resplandeciendo en no pocas ocasiones, no dejando mucho a la imaginación. Correcto filme del británico Daldry.
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