




De esta manera culmina la cinta el director, y vale señalar que ambas cintas, tanto El tigre de Esnapur como La tumba india, son una reversionada de la misma obra, a dos cintas también, realizada por su coterráneo Richard Eichberg en 1938. Resulta singular el presente ejercicio cinematográfico viniendo de Fritz Lang, que curiosamente no dista demasiado temporalmente de otras obras más convencionales -dentro de su universo por supuesto-, como While the City Sleeps (1956), pero en la que ya se aparta bastante de su entonces vigente etapa, deja el film noir, deja incluso sus contados pero respetables westerns, y realiza esta suerte de leyenda indica, retratando el vasto y riquísimo escenario hindú, sus fabulosas estructuras, sus hermosos paisajes, y este apartado debe prevalecer sobre unos sorprendentemente artificiales decorados, específicamente algunas imágenes de fondo paisajístico, notablemente falsos, detalles bastante llamativos viniendo del cine de Lang. Pero ese aspecto queda minimizado con otros aciertos del alemán, como las exquisitas vestimentas, y un atrezzo tan elaborado y detallado que reducen ciertas falencias menores, como el hecho de ver a actores alemanes embetunados y haciendo papeles de hindúes, algo que ciertamente puede restarle sentimiento de naturalidad a la cinta. La película tiene un correcto contenido iconoclasta, representando y retratando a las deidades hindúes, teniendo su mayor expresión esto en la secuencia del juicio a Seetha, con unos contrapicados de la inmensa figura de Shiva, magnificando su imagen, y en esta misma y preciosa secuencia resalta, por encima de todas las demás, cómo no, el soberbio baile que realiza la danzarina del templo, aunque no faltarán las voces que aticen al baile como algo que no tiene nada que ver con las danzas hindúes, de todas formas la secuencia es la más lograda de la cinta. Es una danza que destila plasticidad, sensualidad y elasticidad, osadía desafiando a la gran serpiente, largos momentos de danza frente al gran reptil, mientras todo es observado por una inmensa imagen de Shiva, maximizada con el contrapicado, una estupenda secuencia ritualista, solemne, ceremonial.
La hermosa actriz Debra Paget es la encargada de realizar la memorable performance, luciendo sensual, irresistible, vestida con una interesante y reducida vestimenta, dejando mucha de su piel al descubierto, incrementando la carga carnal a esos instantes, la vuelve más impactante, mientras realiza su baile que parece hipnótico, y ciertamente lo es, pues el objetivo de la misma era engañar y amansar a la gran serpiente, objetivo que logra solo inicialmente, ya que termina perdiendo la concentración, y por poco la vida, de no ser por Chandra. La película no deja ser atractiva, tiene correctas actuaciones, correctas, nada más, sin embargo no deja de advertirse cierta simpleza en su tratamiento, cierta superficialidad, linealidad en su narración y en su contenido, y la película colinda por momentos peligrosamente con menores cintas de aventuras, generando que no falte algún insensato insolente que la compare con Indiana Jones (vaya sandez), pero es algo a lo que su por momentos simpleza la expone. Si bien en el apartado estético la cinta sí tiene momentos bien logrados, de belleza plástica con toda la fuerza pintoresca de los símbolos y paisajes hindúes, finalmente uno no puede dejar de sentir, terminado el visionado, una inconsciente interrogante de si lo que se acaba de ver es realmente una cinta de Fritz Lang, no porque su calidad sea inferior, sino porque se siente algo muy distinto a los trabajos por los que el director alcanzó la más alta cima del Olimpo cinematográfico. Nace aquí una dualidad, puede que se sienta una cinta que aporta muy poco a su filmografía, al menos, que aporta muy pocos elementos del calibre y contundencia de trabajos anteriores, sin embargo es ahí justamente donde radica a su vez otro atractivo, ver algo distinto en Lang, algo completamente diferente a su sello distintivo, y desde ese punto, el filme, y su hermano, son pues una fuente maravillosa de novedades: junto con la cinta predecesora, son rarezas únicas languianas, únicas e irrepetibles. Es ese el motivo por el que la cinta divide juicios, entre una relativa mayoría que defenestra a la cinta, pero también con estudiosos quienes la consideran clave en la obra de Lang; en cualquier caso, para el verdadero entendido, es un trabajo ineludible. Evidentemente, se debe ver la primera parte de la historia, El tigre de Esnapur, para darle mayor coherencia a una cinta que jamás deja de ser interesante, de ser atractiva, observamos ciertamente un nuevo lenguaje en el realizador germano, sí, puede que inferior en algunos aspectos a sus anteriores obras, pero que merece atención, pues sin acercarse a lo mejor de su producción, no deja de ser una cinta del titán Fritz Lang.

Me a dejado enamorado es preciosa y el baile alucinante
ResponderEliminarUna pequeña maravilla de ese genio que es Fritz Lang..
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