Soy Edgar Javier Mauricio Cerdán y éste es mi blog, un proyecto joven dedicado a uno de los motores de mi existencia: el cine. Tiene por objetivo una iniciativa de debate cinéfilo, contiene sinopsis/críticas de películas tanto clásicas como contemporáneas. Estos artículos, escritos íntegramente por mí, persiguen ser mucho más que el mero resumen del filme, sino profundización y análisis de todos los aspectos del mismo, audiovisual, estético, narrativo, etc. edgarjmauricio@gmail.com/986527067.
lunes, 31 de diciembre de 2012
Casablanca (1942) – Michael Curtiz
Filme de culto, filme mítico, la
muchas veces referenciada como mejor película de la historia del cine, filme
infaltable en los listados de las mejores cintas de todos los tiempos; aunque
por supuesto, todos sabemos lo subjetivos que estos rankings pueden ser, se
trata sin duda de una cinta notable, inolvidable, que trata temas para entonces,
1942, muy delicados y actuales, por lo que supo calar en la mente de crítico y
público, y claro, los protagonistas, una pareja de ensueño que termina de
configurar un filme imperecedero, filme legendario en tierras yanquis. Basada
en el relato "Everybody goes to Rick's" (todos van al café de Rick)
de Murray Burnett y Joan Alison, nos narra la historia de un truncado romance,
frustrado idilio durante 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, que tiene lugar
en tierras marroquíes, Casablanca, área de movilización de refugiados
provenientes del conflicto, que buscan una salida a Portugal o Estados Unidos.
En esta tierra se encuentra un café, café que sirve de escenario para encuentros
de oscuros personajes, y donde se reencuentran Rick, el dueño del café, e Ilsa,
quienes sostuvieron intenso romance en París hasta antes de la ocupación nazi;
el reencuentro generará severo dilema para Rick, el que deberá resolver cuanto
antes ante la premura de la guerra. Por supuesto, buena parte de lo mítico del
filme descansa en los protagonistas, el inmortal Humphrey Bogart actúa en uno
de sus papeles escaparate, Boggie junto a una Ingrid Bergman pocas veces tan angelical
y hermosa. Inolvidable cinta, de sólida trama, y muy buen guión, sin duda una
de las favoritas de todos los tiempos.
Es 1942, y tras los intensos enfrentamientos bélicos de
la Segunda Guerra Mundial, Lisboa se ha convertido en un oasis de libertad que todo
refugiado busca, y Casablanca, tierra del Marruecos francés, es el área de paso
para alcanzar esa ansiada libertad. Movimiento, duro clima, asesinatos, choques
automovilísticos, tensión y perenne espera forman el escenario en Casablanca,
donde se encuentra el bar y casino Rick’s.
El dueño del lugar es Rick Blaine (Bogart), duro sujeto que regenta todo ahí, y
que recibe a Ugarte (Peter Lorre), de quien recibe cierto favor, Ugarte es un
sujeto que trafica visas y otros documentos para salidas ilegales de los
refugiados. Allí, el señor Ferrari (Sydney Greenstreet), también ligado a las visas, y el
pianista Sam (Dooley Wilson),
son algunos de los principales personajes asiduos. También está el capitán
Louis Renault (Claude Rains),
que le habla a Rick del mayor Heinrich Strasser (Conrad Veidt), constantemente buscando perseguidos
de guerra, y que anda tras la pista de un tal Laszlo, un líder de la
resistencia francesa; Renault le dice a Rick que Laszlo está en Marruecos,
acompañado de una mujer y que ella no debe salir de allí. Poco después, Ugarte es
arrestado, Rick conoce personalmente a Strasser, y aparece el perseguido Víctor
Laszlo (Paul Henreid),
acompañado de su esposa, Ilsa Lund (Bergman). Ella, al llegar, revive tortuosos
recuerdos con Rick, que experimenta símil situación.
Mientras Sam toca una triste
melodía, Rick, ya sin Ilsa, rememora un romance en París, antes que los nazis
ocupen tierras galas, su efímero pero intenso idilio parecía terminar en
matrimonio, pero la noche que iban a huir juntos, ella desapareció; Rick aún no
la olvida. Víctor e Ilsa tratan de salir de Casablanca, Louis les informa que
Ugarte, su contacto, ha sido liquidado. Rick, aún dolido, en vano intenta que
Ilsa explique lo sucedido, mientras Ferrari afirma que puede hacer que Ilsa
abandone Casablanca, pero ella sola, pues los nazis buscan a su marido; Rick es
la última esperanza, los recibe en su bar. Laszlo, que sospecha ya de lo
sucedido entre su mujer y Rick, le ofrece gran cantidad de dinero para que lo
ayude a salir, pero Rick lo rechaza, no pretende ayudarlos a escapar juntos.
Strasser intensifica su búsqueda, Laszlo, que estuvo en un campo de concentración
durante el romance de su entonces ya esposa Ilsa y Rick, le pregunta a ella lo
sucedido, y la mujer no puede ocultarlo, no solo aún recuerda lo sucedido, sino
que aún ama intensamente a Rick. Ambos se reúnen y reverdecen su amor, planean
irse juntos, dejar atrás el bar, la guerra y todo. Pero cuando pretenden
hacerlo, la policía se inmiscuye, se dificulta todo, Rick entiende que debe
dejar salir a Laszlo e Ilsa, ambos deben seguir su lucha de resistencia en
Francia. Finalmente, con Louis arregla un salvoconducto ilegal, los esposos
huyen, Rick se queda en Casablanca, conversando con el oficial Renault.
El filme es
gigantesco, entre otra cosas, por la entrañable e inolvidable relación amorosa,
el romance perfecto, y a la vez el romance imposible, por dos personalidades,
sencillamente perfectas dentro del firmamento hollywoodense, Humphrey Bogart es
lo que podríamos considerar el actor yanqui ideal por entonces, e Ingrid
Bergman, tenía el fulgor y el encanto de su femineidad en su mayor expresión,
en su juvenil momento; juntos conformaron, pues, una pareja de ensueño. Ahora
bien, siendo francos, quizás (y no tan
quizás, en realidad, casi con inobjetable certeza), la química que destila
el estelar dúo en efecto no alcanza el nivel de delirio y derroche desbordante
a la pantalla que en su momento transmitieron Boggie y su amada e inolvidable
Lauren Bacall, ambos (Humphrey con la Bergman) carecen de esa química, lo cual es una
falencia perfectamente normal, pues hablamos, en el segundo caso mencionado, de
una de las grandes parejas de la historia del cine, sino la más entrañable,
como sin mucho riesgo más de uno proclamaría. Empero, dejando de lado esa
ineludible comparación, la pareja inunda con todo su glamour y toda su
apasionante intensidad la pantalla. Empezando por la etérea Ingrid, la veremos
en un momento de belleza plena, su rostro es perfecto, algo de infantil, mucha
dulzura, sufrimiento escondido, fragilidad,
pero también pasión, mucha pasión, sabemos que ella es quien tiene como tiene
al duro Rick, a Boggie, y de cierta forma, es ella quien lleva la batuta
emocional durante buena parte del filme, hasta que, naturalmente, también se
quiebra ante la pasión, dejando frases para el recuerdo, como su “bésame como
si fuera la última vez”, frases que reposan sobre ese otro gran pilar del
filme, el guión.
Y claro, por supuesto, tenemos la
oportunidad de ver una de las más mordaces caracterizaciones del inolvidable
Boggie, exhibiendo por un momento un sarcasmo exquisito, lo que hace tan
entrañable a su personaje, seriedad y gravedad durante todo el metraje, pero a
la vez un agudo sentido irónico, que se conjuga con la mordacidad antes mencionada
(otra de las grandes perlas del filme, al encarar a Ugarte: si tuviera tiempo de pensar en ti, tal vez
te despreciaría), tenemos nuevamente, y cómo no, a Boggie en ese perfil de
personaje que es definitivamente su santo y seña, el perfil de un individuo
duro, rudo, tiene la sequedad y parquedad habitual en el personaje de Bogart,
lacónico elemento, pero esta vez, hay algo más. Si bien no lo tendremos ya como
sus inmortales y tan ceñidas a su perfil actuaciones como el mítico y recio
detective Sam Spade, creación del literato yanqui Raymond Chandler; si bien ya
no lo tendremos como el incontenible detective privado, aún tendremos al sujeto
de singular determinación, veremos a un Boggie más impenetrable y hermético que
nunca, inmerso en su trunco romance, esto lo va envolviendo en un aislamiento
interior, añorando el idilio frustrado. Lógico, nunca veremos a un Boggie tan
enamorado, tan sufrido, suspirando de esa forma por fémina que lo descorazonó
mientras escucha la melodía que se volvería historia en el cine, la mítica As times goes by, nunca veremos otra vez
a Boggie con una singular y salina secreción líquida surcando su mejilla, es
una lágrima, pues Boggie llora por amor, es ver al más duro artista, con los
ojos vidriosos, experimentando lo que todo hombre, lo que todo individuo puede
experimentar, aquello que no respeta estatus, edad, raza, o experiencia, es el
desengaño amoroso, que hace presa de Humphrey, y es algo soberbio.
Destinada originalmente a no ser
mucho más que una de las producciones que por montones Hollywood producía,
probablemente es la fuerza de los sentimientos, lo verdadero y humano del
drama, una historia de desamor, lo que la termina encumbrándola a la inmortalidad
cinematográfica. Pero este mero tópico se acaba enriqueciendo, y a la vez
complicándose por el contexto, el tópico entonces actual y contemporáneo de la
guerra, que enriquece enormemente la obra, y es que el filme necesariamente
también estuvo destinado a ser propaganda anti nazi. Pero la grandeza del
romance, la grandeza de sus estrellas (cómo olvidar que también aparece el gran
Peter Lorre, aunque en efímera participación como el transador de visas), y el
sólido guión, vuelven a la cinta
una obra mítica, que rebasa sobradamente toda expectativa, por optimista que
haya sido, sobre la acogida que tendría. Pero si hablamos de presencias distinguidas en el reparto, es irrecusable señalar al intérprete del mayor Heinrich Strasser, a la leyenda Conrad Veidt, el inolvidable Cesare de El gabinete del Dr. Caligari (1920), historia viva del expresionismo alemán, corriente mayor del cine, que tuvo en la citada cinta, además de El hombre que ríe (1928), algunos de sus mayores aportes al séptimo arte, un actor legendario e inmortal. Los encargados del guión fueron Julius J. Epstein, Philip G. Epstein y Howard Koch, autores todos de esos diálogos tan
ingeniosos, tan agudos, tan inolvidables por pasajes, un guión sin fisuras que
se vuelve factor determinante en el éxito de la obra pues le da mayor cohesión,
mayor solidez al trabajo final. El filme trata temas magnos, amor y desamor,
temas infalibles, y un tema también infalible para ese contexto, la guerra, que
a todos atañía, y que se encontraba en pleno desarrollo, eran pues temas que
terminaron por encandilar a crítica y público, la crítica se rendía ante la
sólida historia, sus diálogos y sus estrellas, su magistral dominio actoral,
mientras el público se derretía ante una pareja de ensueño, y el inolvidable siempre tendremos París; París se vuelve
una vez más la tierra del amor, el paraíso idílico perdido, el símbolo del más
perfecto amor, un amor tan perfecto que terminó por truncarse, pues París es la
tierra donde ese amor soñado alguna vez existió, y ahora es irrecuperable.
Destinada inicialmente apenas a no pasar inadvertida, Casablanca termina por erigirse como una obra seleccionada para erigirse
siempre en lo más alto de los rankings, de los conteos de los filmes más
memorables de la historia, especialmente recuentos estadounidenses por supuesto, y es que, hechas a un lado las subjetividades,
estamos frente a un filme que sabe reunir muchos de los elementos que se aprecian
en una película perdurable, muchos de los aspectos que hacen a un filme
brillante, que rebosan en la presente cinta, una cinta para la posteridad.
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