Mostrando entradas con la etiqueta Charlton Heston. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Charlton Heston. Mostrar todas las entradas

martes, 10 de julio de 2012

Los últimos hombres duros (1976) - Andrew V. McLaglen

El británico  Andrew V. McLaglen nos presenta este ejercicio de su considerablemente extensa filmografía, pero que no se caracteriza precisamente por ser un memorable ejercicio cinematográfico, más bien discreta suerte de adaptación de western, en la que mucho de lo que alguna vez hiciera tan glorioso, hermoso e inmortal a este género, se olvida y deja de lado por completo, lo cual, por supuesto, va en severo detrimento del filme. Nos presenta el cineasta del Reino Unido la historia de unos convictos, que trabajan en sus forzosas labores, hasta que uno de ellos, el más aguerrido, consigue hacerlos escapar, y los guiará en su frenética y determinada venganza contra quien los perjudicó y metió a la cárcel, particularmente a él. La cinta será un recorrido por la carrera de ajusticiar al viejo ex sheriff, lo que incluye atormentar a la hija del hombre de ley. Muy discreto filme, en el que lo único que termina por ser aliciente son las actuaciones de dos grandes referentes del cine yanqui de aquellos años, el inolvidable Charlton Heston, como el atormentado sheriff que sufrirá la persecución, y el gran James Coburn, el duro individuo que realiza la inquebrantable persecución, ciertamente estos individuos se convierten en el principal bastión sobre el que descansa el filme, pero, naturalmente, únicamente actuaciones no pueden reflotar por si mismas un filme repleto de simplezas y falencias.

        


En el abrasador desierto yanqui, unos reclusos están haciendo trabajos forzosos, con los capataces vigilándolos, hasta que, un convicto, Zach Provo (Coburn), distrae a uno de ellos, para luego liquidar a sus guardas, y escapar numerosos presos. Sin tener un plan totalmente definido de acción, Provo lleva la batuta del grupo, se suben temerariamente a un tren que transporta carne de res refrigerada, díceles que su siguiente parada es Tucson. Mientras tanto, en los cuarteles de las autoridades, el ex sheriff Sam Burgade (Heston), se entera de la huida de los 22 reclusos, advierte la presencia de Provo, a quien envió a prisión hace años, y con Noel Nye (Michael Parks), el nuevo comisario, piensan sobre cómo podrán proceder, piensan que Yuma podría ser su destino. Ambos hombres de ley se alían, muévense y llegan hasta el tren de los prófugos, pero llegan tarde, ya se han movido los ex reclusos, al igual que lo hacen ellos, siempre siguiéndoles la pista. Los bandidos se movilizan rápidamente y van asesinando algún desafortunado impertinente que se  les cruce en el camino. Luego, ya en su casa, Burgade conversa con su hija, Susan (Barbara Hershey), le cuenta de la difícil situación que está manejando, además de narrarle las violentas circunstancias en que atrapó a Provo, feneciendo la mujer de éste.




Burgade sigue moviéndose con diligencia, mientras loa bandidos prosiguen su huida, y liquidando gente a su paso, Provo, además de Menéndez (Jorge Rivero). Hay preocupación en el pueblo, y mientras Burgade busca al bandido, éste se las ingenia para llegar a la casa del ex sheriff, y secuestra a Susan. No tarda mucho en descubrirlo Sam, y emprende ahora otra persecución a lo largo del Oeste yanqui, a Provo, Menéndez y Shelby (Larry Wilcox), entre otros. Pero las fuerzas van flaqueándole al viejo Sam, que también comienza a quedarse sin efectivos que apoyen su búsqueda, le dicen que abdique en su cometido, pero lo único en lo que piensa Sam es en salvar a su hija. Burgade saca fuerzas de flaqueza, encuentra a un bandido herido, moribundo rezagado que le da información con la que se acerca hasta el paradero de Provo. Pero no puede hacer mucho para evitar que su hija sea ultrajada en el desierto por los colaboradores del prófugo. Tras intentar el sheriff amedrentarlos con fuego, finalmente se produce un severo enfrentamiento, tiroteo en el que Sam sale severamente herido, cae por un pequeño barranco, pero consigue finamente disparar y eliminar a Provo, los demás lo auxilian.




Culmina de esta forma este breve ejercicio en el que durante sus poco más de 90 minutos de metraje no hacemos más que añorar a los grandes westerns clásicos del pasado, y es que toda la magia de antaño, todo el estupendo buen tratamiento visual que los mejores realizadores supieron imprimir a los filmes emblema, el desierto, con territorio tan vasto como las posibilidades que ese escenario ofrece, es también desperdiciado, al igual que esa memorable dupla estelar, en una película donde el tiempo pasa de forma ligera, como lo es la obra misma. Se presenta pues un western, como he leído definir con aceptable precisión, crepuscular, un género ya acabado, dando sus últimos coletazos antes de sumirse en el pasado, como sus viejas estrellas, la mayoría ya viejas glorias de años ya caducos. Así, asistimos a la representación desgastada, de un género desgastado, en el que se siente casi como un lamento consciente, por parte del director, expresado en Heston, que lamenta pues la vieja gloria perdida de los días pasados, un peculiar cowboy que usa gafas para leer documentos, es pues una caduca imagen, símil a lo que se aprecia, tal y como se siente y advierte el presente western. Rácana, simplona, así se siente la película, de un guión más bien anodino, sin mayor profundidad o significancia, al igual que los personajes superficialmente explorados, con frases baratas sin mayor riqueza. No pocas son pues las falencias del filme, donde se destrozan las reglas de un aceptable final feliz, con la hija del héroe humillada y ultrajada, y el protagonista, severamente herido y agraviado con el incierto desenlace que puede llevar muy probablemente a su fenecimiento. Lo único loable, claro, las actuaciones, un Heston tan distinguido y notable como de costumbre encarna seriamente a su personaje, con todo su sello, clase y distinción, lo mismo que Coburn, joven entonces, recio, curtido, intratable, disparando y atormentando, un perfecto infeliz, pero con cierta nobleza, que se denota en su ayuda a un mexicano, todo un habitual del western en su etapa final. Pero como se mencionó, las actuaciones no pueden reflotar ellas solas a un filme que tiene flaquezas por donde se le mire, ejemplo de un glorioso género que se desangraba y daba sus últimos esbozos.




 

sábado, 26 de noviembre de 2011

Terremoto (1974) - Mark Robson

Interesante ejercicio de cine catástrofe realizado por Mark Robson, en el que veremos a un grupo de grandes estrellas de Hollywood, en el lugar menos adecuado, en el momento menos indicado. Es la historia ficticia de la peor catástrofe vivida en la historia yanqui, una terrible terremoto de 9.9 grados en la escala de Richter, un desastre de magnitudes destructivas superiores a las ocasionadas por las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, un auténtico cataclismo de proporciones bíblicas que azota la movida y ruidosa ciudad de Los Ángeles. Las escenas más impactantes son, por supuesto, las que retratan el movimiento telúrico, que es el punto de quiebre del filme, pues veremos el desastre a través de los ojos de distintos individuos yanquis promedio, que una vez pasado lo peor, luchan por superar la terrible situación, quedando de lado todo problema personal, marital o profesional que hayan podido tener antes de que se produzca el sismo. Lo más resaltante es la puesta en escena de la catástrofe, y el reparto actoral es un gran aliciente, pues el elenco, de primer nivel, no desentona nunca y realza a la cinta, pero un detalle verdaderamente digno de resaltar, es la participación de Mario Puzo en la elaboración del guión, el inmortal creador de El Padrino se involucra en esta gran cinta, y ciertamente eleva sus bonos.

     

Ciudad de Los Ángeles, últimamente se sienten ciertos temblores inquietantes, indicios de que algo peor está por venir. Stewart Graff (Charlton Heston) es un famoso y respetado ingeniero que tiene una nada satisfactoria relación matrimonial con Remy (Ava Gardner), de nada importa que el padre de ella le asegure trabajos importantes; harto de ella, tiene una joven amante, la actriz Denisse Marshall (Geneviève Bujold). Paralelamente, el oficial de policía Lew Slade (George Kennedy) trabaja en la ciudad y se siente muy decepcionado e insatisfecho de su trabajo, de la incompetencia e indiferencia de las fuerzas policiales. Continúan los extraños remesones, la tierra se hunde, solo una joven en el departamento meteorológico cree predecir que un terrible terremoto se avecina, pero no se le hace caso inicialmente. Al proseguir los movimientos, las autoridades meteorológicas escuchan al joven asistente, pero no saben cómo ejecutar una evacuación por temor al caos y pánico generalizado que originaría anunciar tal desastre. También está un motociclista acróbata llamado Miles (Richard Roundtree), que tiene por amiga a la atractiva Rosa Amici (Victoria Principal). Mientras, las autoridades finalmente declaran estado de emergencia, anuncia que un terrible desastre sísmico puede ocurrir próximamente.






Se produce el terrible terremoto, que provoca una destrucción total, casas, edificios, iglesias, todos caen como frágiles naipes, es un prolongado terremoto que deja un terrible sendero de muerte, desolación y caos, todo está en ruinas. Stewart logra sobrevivir, y entre los escombros, empieza a rescatar algunos heridos en colaboración con otros sobrevivientes. Denise también logra sobrevivir, con su hijo, y son ayudados por Miles, pero el desastre no ha terminado, pues muchas estructuras continúan derrumbándose, cables eléctricos a la intemperie, inundaciones, incendios, etc. En medio de la precariedad, Stewart y Slade se juntan y ayudan al rescate y evacuación, mientras empiezan a aparecer la policía y el ejército para apoyar. Inevitablemente se producen saqueos, se tensa la situación, mientras llegan la atención médica y alimentos, y Rosa, detenida por saqueo, es ayudada por un sujeto obsesionado con ella, que intenta violarla, pero es salvada por su amigo Slade. Las réplicas del terremoto se suceden, y la destrucción continúa, mientras Denise y Remy coinciden en el lugar donde están atrapadas. Stewart busca desesperadamente a Denisse, y tras una ardua búsqueda, logra dar con ella, y con su mujer. Todo se agrava cuando una presa colapsa, una gran masa de agua escapa, pero las personas atrapadas son puestas a salvo, y al final, en medio de las ruinas y la destrucción, respiran aliviados.




Impactante cinta que narra la gran pesadilla que se produce cuando la naturaleza desata toda su furia, adoptando la fatal y destructiva forma de un terremoto, que no solamente genera destrucción, pues también hace que aflore el peor lado humano, que se comporten de manera impensada, en forma de saqueos, violadores, etc. El clímax del filme es la muy bien lograda secuencia del terrible terremoto, una prolongada representación de toda la devastación del movimiento telúrico, derrumbes, tierra que se abre, pavimento resquebrajándose, todo se destruye. La destrucción llega a afectar a un aeropuerto también, aumentando el caos, el realismo de la puesta en escena de esta secuencia central es sin duda lo más impactante. Un envidiable reparto actoral se luce, el siempre eficiente y distinguido Charlton Heston, George Kennedy y Ava Gardner encabezan un reparto que se luce en medio de la catástrofe, y nos invitan a, por una vez, disfrutar de un terremoto. La cinta logra su cometido, engancharnos a una historia con algunas dosis de documental catastrófico, y con actuaciones de alto nivel, no desentona y entretiene. Muy recomendable esta atractiva propuesta del director Robson.


sábado, 8 de octubre de 2011

La historia más grande jamás contada (1965) – George Stevens

El gran Stevens, tan acostumbrado a hacer películas monumentales y de largo aliento, entrega esta espectacular e inolvidable versión de la vida de Jesús de Nazaret, su nacimiento, su pasión, persecución y muerte, y finalmente su resurrección, en un enorme filme de más de tres horas de duración, y que tiene un multitudinario reparto repleto de estrellas en papeles secundarios, y es éste uno de sus principales atractivos, pues veremos un reparto muy distinguido. Partiendo por el papel principal, es ya motivo de peso ver un papel como el de Jesucristo interpretado por ese inmortal nórdico, el inolvidable y legendario Max Von Sydow, brazo derecho de Ingmar Bergman y uno de los actores que más utilizó, todo un referente del cine sueco y europeo. Von Sydow le da una dimensión impresionante al mesías, su propia aura de hombre mesurado, introspectivo, sosegado y reflexivo, ciertamente encaja con las características espirituales de su personaje. Sin duda esa es la mayor fuerza interpretativa del filme, soberbio acierto el del curtido director, que también acierta en los papeles secundarios, y veremos a otra leyenda como Charlton Heston en el papel de Juan Bautista, además de otros titanes de esos años como Sidney Poitier, Carroll Baker, Telly Savalas, Richard Conte, y hasta el gran John Wayne aparece efímeramente.

      

La acción se inicia, tras oír la voz en off de Von Sydow, la llegada del mesías se acerca y ya es sabida, por lo que las autoridades romanas se alertan, Cristo nace y llegan los tres Reyes Magos a visitarlo. Se realiza la búsqueda por todo Belén, hay saqueos, terribles matanzas, pero consiguen huir, pese a que los romanos prosiguen con la implacable búsqueda, mientras los judíos claman por un salvador. El tiempo pasa después de haber escapado, Cristo crece, es adulto, y ya aparece Von Sydow, es bautizado por Juan El Bautista, y veremos a  los gigantes, él mismo y Heston, juntos, y Jesús va reclutando a sus apóstoles, Andrew (Andrés), Peter (Pedro) y John (Juan), inicia su andadura con ellos esparciendo su mensaje. Avanza con sus seguidores, los apóstoles, llegan con Lázaro, que hospitalariamente les ofrece alojamiento y alimento. En todo el camino, Jesús va esparciendo su mensaje de espiritualidad y creencia, de salvación, asimismo va realizando los conocidos milagros, como hacer caminar a un inválido, hacer ver a un ciego, multiplicar los panes y pescados. etc. Mientras, Juan es capturado por los romanos, pero de carácter recio, no se deja someter, desafía al mismo Rey Herodes (Claude Rains), mientras llega Simón de Cirene (el buen Sidney Poitier). Su popularidad se incrementa, es reconocido a donde vaya, en una de sus visitas perdona a la adúltera María Magdalena.




Llamado Rey, profeta, mesías, crea temor e inseguridad entre los romanos, mientras reconoce a Pedro como uno de sus principales colaboradores. Regresa a su tierra natal, a Belén, donde no se le aclama, y el mismo Cristo afirma que nadie es profeta en su tierra, sobre todo cuando llega demasiado tarde para salvar a su amigo Lázaro, que fenece. Pero Jesús llega, va a la cripta, y realiza el milagro de resucitarlo. Tras esto, su leyenda y popularidad entre los judíos crece geométricamente, es multitudinariamente aceptado, comanda a la gente, realiza la famosa expulsión de mercaderes y estafadores de la Iglesia, por profanar tierra santa, ese dominio y liderazgo preocupa mucho a Pilatos (Savalas), que redobla los esfuerzos por capturar al que consideran blasfemo y alborotador, seria amenaza contra su Imperio. En esos momentos Judas Iscariote (David McCallum) los busca, el traidor lo entregará, y siente un extraño pesar al momento de traicionarlo. Tiene lugar la inmortal e imperial secuencia de la última cena, donde anuncia la traición, habla con Pedro, imparte el pan y el vino, y confronta a Judas. Es capturado Jesús, y acusado de rebelión, blasfemia y brujería, Pilatos y Herodes rehúsan dar ellos la orden de ejecutarlo, finalmente Pilatos lo sentencia a morir en la cruz, y donde Barrabas (Richard Conte) es elegido por el pueblo para ser salvado en vez de él. Jesús carga la enorme y pesada cruz de madera, es agredido y humillado ante la vista de todos, y finalmente crucificado. Von Sydow dice las famosas últimas palabras, y en medio de una tarde tormentosa y lluviosa, fenece. Pasan los tres días que la profecía vaticinaba, y Jesús resucita, el salvador ha resucitado, y en una etérea imagen del genial nórdico, finaliza la monumental e impresionante obra de Stevens.



La cinta ciertamente alcanza el nivel de espectacular, de enorme y monumental, y cuenta para alcanzarlo con algo elemental de ese nivel: un impecable trabajo paisajístico: el inmenso desierto, hermosos valles, majestuosas montañas, imponentes templos, grandes y hermosas panorámicas, precisos travellings, excelente trabajo que sin duda le da otra dimensión completamente al filme, le da un aire de grandeza, de monumentalidad, de imperial. Sin duda George Stevens es el genio al que debemos este monumento de filme, ya nos dio una muestra de su talento con la inmortal Giant (1956), donde nos despidió del legendario Jimmy Dean, sin embargo, es sabido que fue auxiliado en algunas escenas, que fueron dirigidas por David Lean y Jean Negulesco, que fueron colaboradores suyos, es cierto, -siendo ambos, particularmente el primero, personajes con autoridad y recorrido en ese apartado- pero todos sabemos quién es Stevens, y conocemos su destreza y lo que es capaz de hacer, este filme es firme muestra de ello. Nuevamente, para Von Sydow uno no siente que exagere en los elogios, y es que se encarga de encarnar a un Jesús manso, sosegado, gentil, lleno de sabiduría, otorga una excelente y serena actuación, hecho a la medida para un personaje así, y es debidamente realzada su figura con imponentes contraluces, además de un trabajo de planos que engrandece muy bien la figura e interpretación del sueco.




Otro aspecto infaltable de todo gran film, ergo de esta cinta, es el soberbio acompañamiento musical, casi no puede existir una película genial sin esa importante colaboración, y es que la hermosa música, compuesta por el gran Alfred Newman, es tan monumental como la película, crea, potencia y refuerza ese aire, esa magnitud de la que está siempre impregnada la cinta, así, oiremos a la poderosa banda sonora reforzando los momentos más poderosos, como la realización de los más importantes milagros, asimismo remarca los momentos en que Jesús imparte sus espirituales enseñanzas, y claro, la inmortal melodía del Aleluya para los momentos más gloriosos y triunfales. Definitivamente una buena banda sonora incrementa los bonos de un filme, y es éste un muy buen ejemplo. Esto crea también un gran ambiente de solemnidad, y de oscuridad en su debido momento, lo más importante, crea esa atmósfera de divinidad al rededor de Von Sydow, que parece un auténtico y sosegado mesías cuando habla, y es curiosa la forma en que remarca el conocido refrán, de que nadie es profeta en su propia tierra. Unos de los momentos más oscuros es, claro, la muerte de Jesús, un ambiente, tétrico, sombrío y mórbido, nefasto día en que los presentes parecen embajadores de la muerte, y presencian la crucifixión de los tres individuos condenados. Es un gran clásico, gran reparto, gran banda sonora, gran puesta en escena, una cinta, pues, excelente, a la que quizás algunos le critiquen los momentos de pesadez que conllevan sus largos 200 minutos en su segunda versión (la original tenía más de 260...), una crítica bastante endeble contrapuesta con la genialidad que encierra la obra.


sábado, 27 de agosto de 2011

Sed de Mal (1958) – Orson Welles

Comentar películas como esta no es realmente una labor, es un deber, un disfrute y un deleite. Es una película tremendamente rica,  tanto por su contenido de filme en sí, como por la historia en su derredor. Por enésima vez, la infamia dejará escritas sus letras en la historia del cine, pues una verdadera obra maestra nuevamente fue ultrajada por intereses de infelices empresarios, infelices que consideran al cine no un arte que tiene a la industria a su servicio, sino una industria que tiene al arte trabajando para conseguir más billetes, personas que entienden todo al revés y acaban cometiendo errores. Sí, todos cometemos errores, pero los errores de estos individuos cuestan el legado que la humanidad entera después apreciará, supeditan un legado extraordinario de la manera más despreciable, arbitraria e injusta. Pues bien, con todo esto, esta película logra trascender obstáculos, vencer toda suerte de límites y mutilaciones, todo tipo de destrucción o desconsideración al artista creador, para erigirse en una verdadera joya cinematográfica, porque eso es lo que tenemos frente a nosotros: una auténtica obra maestra. Cuando fue mutilada por la Universal, el producto, la versión del estudio (no era más la versión del director) fue vista por Welles, dándose la conocida historia de un Welles desesperado enviando un copioso memo de 58 páginas rogando que se haga un nuevo corte de su propia película, que se aproxime más a lo que él planteó. Los años pasaron, y nuevas versiones se realizaron, hasta 1998, en que se hace un esfuerzo serio por restaurar y tratar de recuperar la verdadera esencia del director. Lo que podemos apreciar ahora es eso, el mejor esfuerzo por aproximarse a plasmar la versión original que Welles concibió.




La secuencia inicial es ya mítica, ese infinito y magistral travelling, para el que no hay ángulo o lugar inalcanzable dentro de la escena, nos brinda un viaje imposible, una travesía espectacular de tres minutos en la que la falta de diálogos complementa la complejidad de tan excelente prólogo; es el travelling por excelencia, la referencia de este técnica, una secuencia legendaria. Respecto al reparto, para esta magna obra, reúne a un excelente equipo de actores, él incluido, además del inmortal Charlton Heston (por cuya insistencia, por cierto, se dio la dirección de esta película a Welles), una excelente Janeth Leigh, y por supuesto la mítica Marlene Dietrich, ese monumento de actriz que, si bien tiene un breve papel, deja su impronta en toda película que tenga el privilegio de tenerla en sus créditos. Una pareja de recién casados, el detective mexicano Ramón Miguel “Mike” Vargas (Heston), y la atractiva rubia estadounidense Susan Vargas (Leigh), están cruzando la frontera mexicano-estadounidense, están en tierras yanquis cuando un automóvil estalla intempestivamente. Ahora Vargas está involucrado como testigo, y está muy implicado en ello, tendrá que trabajar en el caso junto a su homólogo norteamericano, el capitán de policía Hank Quinlan, un retorcido y corrupto yanqui, amargado y sin escrúpulos, interpretado por un Welles imperial, un Welles literalmente enorme, cuya figura es resaltada por unos contrapicados únicos.






Vargas decide poner a salvo a su mujer, y la deja en el hotel mexicano donde se hospedaban, mientras, él investigará. Durante la investigación es que se darán las muchas confrontaciones de esta película, el estilo del honesto Vargas contra el corrupto y podrido Quinlan, además también del conflicto racial que se observa, en el que veremos a un bronceado Heston. Unos de los amigos de Quinlan es la gitana Tanya, una mujer que se dedica a la quiromancia, interpretada por una impresionante Marlene Dietrich, portadora en sus genes de la magia expresionista de Von Sternberg, una actriz estupenda. Quinlan se refugia en ella, es una vieja amistad, aparecerá contada y esporádicamente. Quinlan no duda en aplicar sus retorcidos medios para lograr sus fines, y con esto engorda aún más su ya nutrido historial de acciones poco éticas. Pretende inculpar al lugareño Pancho. Durante todo esto también seremos bombardeados con el más puro estilo Welles, pues en contados filmes hará tanta gala de su dominio absoluto de la cámara como en éste. Los travellings que siguen omnipresentemente a Heston y su mujer en el automóvil, la excelente iluminación, las reminiscencias y herencias del expresionismo, una fotografía que nos presenta el plano correcto; Welles es un maestro de la cámara, eso no es ninguna novedad, lo que sí es novedad es la increíble y abundante forma en que presenta su maestría en este filme, en pocos, o quizás en ningún otro, hará tan frecuente, prolongado, patente y eficiente uso de las técnicas que el domina. Excepcional.


























Las actividades de personajes corruptos se suceden, y la escena de ataque a Susan es también remarcable, creando una atmósfera siniestra, morbosa, podrida, casi pestilente, todo apoyado siempre por un seguimiento impecable de la cámara, todo para generar una secuencia brutal, el acecho y tormento de la mujer, donde se cierra la puerta de manera precisa, para indicar que el delito está siendo cometido, la mujer de Vargas está siendo ultrajada por abyectos individuos. Luego el terrible Quinlan pretenderá plantarle drogas, sembrar evidencia y convertirla en una drogadicta frente a las autoridades, su corrupción no conoce límites. De la misma forma su crueldad tampoco conoce límites, pues eliminará sin vacilar a sus más cercanos colaboradores si se interponen en sus planes. En las secuencias finales, un Vargas enfurecido por el ultraje a su mujer, decide desenmascarar toda la situación, y tendrá para esto el apoyo del más cercano colaborador de Quinlan, que le proporciona un micrófono a través del cual se enterará con lujo de detalles de una incriminatoria conversación que mantendrá con el corrupto policía. Pero el voluminoso Quinlan se da cuenta del engaño, asesina a su secuaz, no sin caer herido también. Muerto el policía, todo está registrado en la grabación, el caso está esclarecido, y finalmente el supuestamente inculpado Pancho confiesa que él fue el asesino de la bomba.







Hemos pues llegado al final de este filme, que tiene un lugar indiscutible entre lo más selecto de este arte. Como leí en algunas críticas, hay muy interesantes enfoques que se le pueda dar a esta película, y ciertas curiosidades también. Como las no pocas similitudes entre la secuencia de Susan buscando hospedaje en un tenebroso y solitario motel en medio de la nada, donde ella es la única inquilina, y donde el administrador tiene un aspecto más que dudoso, sumado a la figura obesa de Welles, similitudes deliciosamente coincidentes con el obeso y genial Hitchcock, cuya obra maestra Psycho saldría apenas dos años después. Acertado y preciso ese comentario al que pude tener acceso. Como dije al inicio, es ésta una película riquísima, con matices interminables, excelencia en el manejo de las técnicas audiovisuales, una verdadera joya del cine. Welles, convertido ya en un tan curtido como imponente exponente actoral, integra un reparto ciertamente de lujo: Charlton Heston no necesita mayores presentaciones, uno de los nombres mayores actoralmente hablando de Norteamérica, un señor actor dirigido por un titán director; Janeth Leigh sigue demostrando porqué sería elegida para roles tan importantes como éste, y el mítico rol mencionado en la obra máxima de Hitchcock; la Dietrich es caso similar a Heston, para el conocedor, sobran las palabras con esta soberbia fémina, esa mirada distante, gélida, dominante e indomable femme fatale, diva del cine. Maestría técnica, expertiz tras las cámaras, más el elemento extra artístico de la mutilación, todo confluye para generar un trabajo inmortal, de un cineasta mayúsculo. Es momento de parar esta reseña, pues ciertamente, con filmes como este uno podría escribir y escribir indefinidamente, diversas virtudes, diversas interpretaciones. Es la gracia de la que gozan muy pocas películas, las eternas obras maestras.



Posicionamiento Web Perú