Mostrando entradas con la etiqueta Martin Scorsese. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Martin Scorsese. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de mayo de 2012

Después de horas (1985) – Martin Scorsese


El otrora buen yanqui Martin Scorsese, tras haber vivido su etapa de mayor brillo y excelencia artística en la década de los 70, e inicios de los 80, con filmes tan inmortales como Mean Streets (1973), Taxi Driver (1976) o El Toro Salvaje (1980),  pondría un cierre a esta etapa con el presente filme, antes de adoptar su nueva y posmoderna etapa. Es una singular y bastante bizarra historia, probablemente esto último sea lo que aporta mayor cuota en el balance general para hacer atractivo al filme. Es la peculiar sucesión de aventuras y vivencias, por llamarlas de una manera, a las que se enfrenta un yanqui promedio, un yanqui común y silvestre en la competitiva ciudad de Manhattan, en donde una noche cualquiera, termina convirtiéndose en un interminable desfile de situaciones inverosímiles, de personajes igual de sorprendentes, y en las que hasta su propia vida se pondrá en peligro. Todo involucrará encuentros efímeros con misteriosas y sórdidas féminas, muchos yonquis, underground y morbidez, en una de las cintas más extrañas de Scorsese, pero positivamente extrañas. Sin actores de relumbrón, cuenta con Griffin Dunne y Rosanna Arquette entre los personajes de mayor importancia, como el tunante infortunado que se enfrenta a lo impensable, y la mujer con la que mayor tiempo se relaciona. Posteriormente a este filme, mucho del talento y la genuina bizarría del realizador neoyorkino se perdería para siempre.

   


Un individuo, editor, Paul Hackett (Dunne), vive en los ajetreos propios de su ocupación, hasta que conoce, en un café, a una atractiva joven, Marcy Franklin (Arquette). Esa misma noche, Paul la llama a su casa, y aunque tarde, se citan ahí mismo. Al llegar allí, no encuentra a Marcy, sino a su compañera de cuarto, Kiki (Linda Fiorentino), escultora; en la extraña y sombría habitación, pasa unos minutos con la semidesnuda escultora, la masajea, ella se queda dormida. Llega entonces Marcy, que fuma marihuana, le cuenta a Paul de una violación que sufrió de adolescente, además de contarle que está casada, y que su esposo se encuentra en Turquía, un extraño individuo. Fluye un  beso entre ellos, y poco después fuman marihuana adulterada. Él se va, quiere tomar el metro, no tiene efectivo, y el tendero del lugar, Tom (John Heard), ofrece prestarle para el boleto si enciende las alarmas de su casa, él olvidó hacerlo. Lo hace, está regresando, y en la puerta del edificio de Marcy y Kiki, unos individuos se llevan la estatua de la escultora, cree son ladrones, recupera la estatua y vuelve al extraño cuarto.




Allí, Kiki le dice que en realidad eran amigos, está con un sujeto de pinta sadomasoquista, Horst (Will Patton). Segundos después, encuentra a Marcy muerta en su cuarto, ingirió píldoras hasta la muerte. Llama a la policía y vuelve al café, la mesera de ahí, Julie (Teri Garr), le invita a su casa a cenar. Paul se topa con la sorpresa que Tom es el novio de Marcy. Se deshace pronto de Julie, busca a Kiki y Horst en un bar marginal y underground, pero no los encuentra, Al salir, conoce a una mujer, que también lo lleva a su casa a curarle una herida que le hizo. De pronto, es acusado Paul por el vecindario de una ola de robos, pero se libra de ellos. Conoce a otro individuo, un hombre, que también lo lleva a su casa, luego vuelve al bar, Tom lo acusa con la ya iracunda muchedumbre. Va al bar underground a refugiarse, conoce ahí a una mujer, June (Verna Bloom), y hasta allí llega la muchedumbre a lincharlo, pero la buena June lo descarta, convirtiéndolo en estatua humana, nadie puede ver que es él. Luego, la estatua es robada por los mismos amigos de Kiki, lo llevan en camión, la estatua se cae, se quiebra, Paul es liberado, frente al edificio de su trabajo. La aventura ha terminado.




Entretenida cinta, en la que asistimos a un desfile sinfín de situaciones anómalas, inverosímiles, todo es una sucesión de acontecimientos, cada uno más atípico que el anterior, todo simplemente va fluyendo, es una noche mundana, en un barrio mundano de Manhattan. Esa mundanidad vuelve a los hechos bastante cercanos, si bien extraños y bizarros, son plausibles, factibles, simplemente se trata de una noche muy loca, en la que sórdidas situaciones no dejarán de sucederse. Scorsese desliza su más negro humor, jugando con mórbidas imágenes todo el tiempo, incluso tétricas figuras, empezando con la habitación de Marcy y Kiki, bizarra locación, plagada de las estatuas de la escultora, estatuas extrañas, de locura y sufrimiento, aunque atractivas; pero si de bizarría se habla, eso es solo el comienzo, pues hay yonquis, sadomasoquistas, bodrios, y una discoteca que parece reunir a los más extravagantes y sórdidos personajes yanquis, y ojo que en esa locación, la más bizarra de todas, se anima Scorsese a aparecer, aunque sea brevísimamente, como un operador de luces en medio del marginal y efervescente mar de locura y pervertida oscuridad. Es una exacta plasmación del frívolo mundo yanqui, un mundo donde conoces a un perfecto desconocido, y cinco minutos después lo metes a tu casa, esa liviandad se repite no pocas veces en el filme, y en buena parte, la pesadilla en la que se sumerge el protagonista es por él mismo causada, por su dejadez y estúpidos olvidos. Se configura así una de las cintas más peculiares de Scorsese, es un desfile de freaks y seres estrambóticos, es la zona más mórbida de Manhattan, donde innumerables peripecias deberá superar Paul antes de volver a casa. Cierra Scorsese casi una etapa, pues posteriormente, los filmes más bizarros quedarían atrás, seguiría tocando temas como el hampa, criminales, gángsters, pero con un amaneramiento bastante mayor. Finaliza su primer periodo, el más atractivo, y esta cinta podría considerarse el punto de inflexión, la que pareciera haber realizado más por una naturaleza de locura, como el filme mismo, como un experimento divertido, la diversión de Marty.





martes, 22 de noviembre de 2011

Goodfellas (1990) – Martin Scorsese

Una de las películas en la que se manifestaba el gusto por los gánsteres que Scorsese plasma en esta, la que podríamos llamar su segunda etapa, en la que más de una película de este corte nos entregaría el director, generalmente con el mismo reparto, numerosos actores a los que el realizador ya conoce bien, y que utiliza a lo largo de esos años. Prosigue su fructífera y prolífica colaboración con el gran Robert de Niro, así como sus habituales colaboradores Joe Pesci, Frank Vincent, entre otros. Es la historia de un grupo de gángsteres desde la perspectiva del más joven de ellos, Ray Liotta, desde sus inicios hasta la caída del imperio que habían formado, todo lo que sube tiene que bajar. Scorsese logra presentar una cinta aceptable, asimismo crea un lenguaje definido y diferenciable en su narración, consolida su estilo de esta etapa, las actuaciones son muy buenas, de actores que se nota lo mucho que ya han trabajado con el director, conocen lo que quiere, hay armonía y esa armonía genera una cinta bien realizada, con buen ritmo, buena historia y correctamente narrada, es una cinta recomendable de inicios de los 90.





El filme comienza con un trío de gángsteres que liquidan a un sujeto en una maletera. Son Liotta, Pesci y De Niro. Hay  una elipsis hasta la niñez del más joven de ellos, Henry Hill (Liotta), desde sus inicios cuando estando en el colegio ya sabía indefectiblemente que sería un gángster, completamente seducido por el poder y respeto que le daba trabajar y rozarse para los matones del barrio. Llega incluso a dejar la escuela, ahora su mundo es el mundo del hampa, y se adentra más en ello cuando conoce a Jimmy Conway (De Niro), un conocido y respetadísimo criminal. Se especializaban en robar un aeropuerto, sobornaban policías con grandes cantidades de cigarrillos, hasta que es atrapado en una de esas operaciones, enjuiciado y encarcelado, pero guardó silencio durante el juicio, no delató a nadie, es parte de ellos ahora, pasa su sentencia y sale siendo ya un joven. Va creciendo en su negocio, realizan grandes golpes junto con Jimmy y Tommy DeVito (Pesci), al mando del jefe, una especie de Don, Paul Ciero (Paul Sorvino), tienen nuevos socios, él tiene muchos contactos pese a su juventud, y conoce a Karen (Lorraine Bracco), su futura esposa. Al inicio la deja plantada, pero después la corteja, la impresiona con el lujo y el brillo de la vida del gángster, la enamora, y se casan, mientras paralelamente también triunfa en los negocios y va fortaleciendo su posición. 




Acostumbrados a matar sin pensarlo dos veces, a que todo salga y se haga a su manera, barren con todo y todos los que se interpongan en su camino, pero en una ocasión chocan con un llamado intocable que recién salía de la cárcel, Billy Batts (Vincent), lo eliminan y esto generará más de un problema, incluyendo la bizarra necesidad de exhumar su cadáver después por un asunto de negocios. Tras un mal movimiento, todos van a prisión, donde también son los dueños de todo, viven a su antojo, controlan todo tras las rejas. Pasan cuatro años, finalmente salen, y todos están algo paranoicos con lo sucedido, mientras Henry empieza a negociar con cocaína, a espaldas de Paulie. Luego, cometen el robo bancario más grande de la historia yanqui, un más que cuantioso botín, las cosas parecen salir bien, sobre todo cuando Tommy es elegido para ser iniciado, formar parte de un selecto grupo solo de italianos puros, un grupo de gángsteres intocables. Pero a punto de ser iniciado, Tommy es eliminado en venganza por la muerte de Batts, otro intocable. Comienza un día de mucho trajín parea Henry, donde tiene que mover una gran cantidad de coca, seguido por un helicóptero, es capturado, se queda sin dinero, arruinado, enemistado con Jimmy y Paulie: es la debacle de todo su imperio. Se inicia una seguidilla de juicios, donde Henry delata a todos sus ex compinches, que van presos, a cambio de protección del gobierno. Finalmente acaba siendo un sujeto común, un don nadie a su juicio, le vida de gángster queda atrás, mientras unos textos nos informan que todos terminaron en prisión.




Agradable versión del mundo del hampa de Scorsese, buena etapa del norteamericano, guiño innegable a El Padrino, con Sorvino siendo un Don al que todos piden “favores” y protección, además del apellido de Pesci, DeVITO, divertidos los guiños que hace Scorsese a Vito Corleone y todo su imperio, son buenos años para el realizador, donde entregaría sus mejores filmes de esta naturaleza. Es también rescatable la narración  que hace el director, utiliza el recurso de paralizar la imagen, la secuencia, para que una voz en off nos explique más la situación, pero la voz en off es un recurso omnipresente en el filme, de la que todos los protagonistas hacen uso, profundiza en la historia y lo que piensan los personajes, bueno el lenguaje narrativo. Se siente el bien definido estilo de esta segunda etapa de Scorsese en gran parte gracias a su crew, un grupo de actores con los que a menudo ha trabajado, que se conocen bien, esto le da un aire identificable a todos sus filmes de esa temporada, y el director se permite ciertas licencias como hasta incluir a su madre en breves secuencias, cosa que por cierto en más de una ocasión y cinta ha hecho. El experimentado director dota de un ritmo frenético a su cinta, el lenguaje narrativo mencionado colabora también a ello, especialmente los comentarios en off que agilizan y dan nuevas dimensiones al relato, los protagonistas mismos dialogan con nosotros, ellos mismos nos están contando la historia. Sin ser la mejor película de Scorsese, es muy buena, muy disfrutable, buen ejemplar del trabajo de unos de los eternos ignorados por la Academia, numerosas nominaciones a sus mejores y máximos trabajos que lamentablemente no recibieron el merecido y oportuno reconocimiento. De cualquier forma, muy recomendable la cinta. 



lunes, 21 de noviembre de 2011

Taxi Driver (1976) – Martin Scorsese

Una de las mejores producciones que nos ha dado el cine yanqui en décadas recientes, uno de los grandes clásicos del cine, que no puede quedar fuera de ninguna lista de las mejores películas. La inolvidable Taxi Driver afortunadamente desfila entre esas películas de fácil acceso al público, pues es un filme de obligado visionado, y que merece la pena repetir el mismo una y otra vez. Multitud de detalles por mencionar, para empezar el impecable reparto actoral, encabezado por un Robert De Niro que nos obsequia una de sus más inolvidables interpretaciones, un Harvey Keitel que también cumple bien su papel, ambos muy jóvenes, pero no tanto como la púber Jodie Foster, en uno de los papeles que le dieron mayor personalidad y respeto en el cine, y una siempre hermosa y elegante Cybill Shepherd. Un acierto total el de Scorsese al reclutar a jóvenes actores, en una década en que cambiaba la forma en que se hacía cine en Hollywood, donde los actores con aspecto de superestrellas, de semidioses, ya no eran los únicos requeridos, sino individuos con aspecto de personas normales, gente de la puerta de al lado, y es que se buscaba representar un mundo podrido, descompuesto, cuya descomposición lleva a un conductor de taxi al colapso, a tomar acciones inauditas para actuar en contra de toda esa podredumbre. El filme es fuerte, tiene una temática directa, el taxista que, conmovido, desea salvar de toda esa putrefacción a una joven prostituta, es su forma de querer cambiar ese mundo arruinado. 

    


Travis Bickle (De Niro), un insomne ex marine, está buscando trabajo nocturno como taxista en la ciudad de Nueva York. Está enfermo de toda la suciedad e inmundicia que ve diariamente en las calles donde transita, ladrones, drogadictos, prostitutas, proxenetas, trabajar como taxista toda la noche, todas las noches, le da una visión profunda de toda esa escoria, pues se desplaza por los peores lugares, y una constante voz en off de él nos narra sus más internos pensamientos. Pese a su trabajo nocturno, no se deshace del insomnio, lidia con esos inmundos pasajeros diariamente, y su único contacto fuera de ellos son sus camaradas taxistas, intercambiando bizarras historias sobre sus pasajeros. En uno de sus avatares, conoce a la hermosa Betsy (Shepherd), que trabaja en la campaña como candidato presidencial de Charles Palantine, ella es angelical, distinta a todos, se siente muy atraído por ella, la asedia casi, y no puede evitar acercarse a ella, con el pretexto de querer ser voluntario, y logra invitarla a salir. Van a comer, le resulta interesante a ella, nace cierta química, y la hermosa música tiene en Betsy la encarnación perfecta. Curiosamente Travis tiene como pasajero una noche al propio candidato Palantine (Leonard Harris), a quien confiesa todo el asco que siente por la ciudad. Sigue saliendo con Betsy, hasta que, increíblemente, la lleva a ver una película pornográfica, arruina todo, ella se indigna y espanta de él, y en vano trata de volver a verla después, todo vínculo con ella se rompió. 






Travis va sintiendo que algo va creciendo gradualmente dentro de él, siente una necesidad de actuar en contra de toda la podredumbre, nos enteramos de sus pensamientos siempre por su voz en off, que también nos informa del diario que está llevando, mientras se va cruzando en más de una ocasión con una prostituta de muy escasos años. Siente que los días se evaporan sin que nada, absolutamente nada distinto pase, hasta que algo distinto sí pasa, hay un cambio que él origina. Contacta un sujeto vendedor de todo tipo de armas, no piensa soportar más la inmundicia en la que vive, incluso se ejercita, ha habido un cambio. Es así que va actuando en contra de toda esa podredumbre, primero elimina a un negro que asaltaba una tienda, se va transformando, se va desconectando del mundo “normal”. Luego, va a buscar a la jovencita que vio más de una vez, la prostituta Iris (Foster), una púber que se prostituye como si fuera lo más normal del mundo, que acepta y está a gusto con su entorno, sobre todo con su proxeneta, Mathew o “Sport” (Keitel), pero Travis habla con ella, le dice que quiere salvarla, sacarla de ahí, la convence de dejar esa vida, pese a estar enamorada de Sport, es un bizarro amor que la mantiene en ese mundo. Después, la transformación está completa, luego de enviarle un dinero a Iris para que abandone esa vida, Travis aparece con el inolvidable look de mohicano, intenta matar a Palantine, el momento cumbre de sus actos está por llegar. Va al cuchitril donde trabaja Iris, y desencadena una brutal orgía de sangre, elimina a todos, a Sport, al viejo pervertido que administraba el cuchitril, y a un parroquiano que le dispara, limpia todo, un plano cenital nos muestra la masacre, mientras llega la policía. Iris regresa a casa, se reinserta a la sociedad, mientras Travis se recupera y vuelve al trabajo. En el final, vemos inesperadamente a Betsy, que se sube al taxi de Travis, conversan, su único contacto visual es a través del espejo retrovisor, mientras ella, fría y distante (como la definió él después del fiasco del cine porno), le pregunta cómo está tras lo sucedido, impensado acercamiento. Él se muestra distante también, solo al final se ven cara a cara, y se retira sin cobrarle la carrera, la deja atrás.





Inmenso el filme. Tenemos el deleite de ver a dos jovencísimas estrellas actorales, el legendario De Niro y Harvey Keitel, por entonces imberbes, jovencitos de barrio, en medio de un morboso mundo neoyorquino plagado de inmundicia, putrefacción, descomposición y decadencia humana. Los actores se lucen, como también lo hace la Shepherd, y por supuesto, mención especial para una casi niña Jodie Foster, en un papel de innegable fuerza, de carácter, el cual la por entonces púber Foster interpreta con sorprendente solvencia, magistral la interpretación de una actriz que desde ya apuntaba maneras, un durísimo papel, que probablemente dejó impronta en ella, pues siendo niña se sometió a la producción de un filme que a más de uno generaría malestar, por la fuerza del tema, de sus imágenes, y la violencia de algunas de sus escenas, todo esto vuelve aún más remarcable el trabajo de la rubia. A esto se suma un elemento indivisible del filme: la música. El genial Bernard Herrmann, que en repetidas ocasiones nos obsequiara bandas sonoras inmortales para Hitchcock, Truffaut, y el mismo Scorsese, se encarga ahora de entregar una de las bandas sonoras más entrañables de las últimas décadas. Su solo de saxo es una auténtica delicia, elegante, sutil, dulce, apacible, lo más impresionante es que enmarca más de una situación, de muy diferentes naturalezas, pero las enmarca todas a la perfección. Inicialmente es la música con la que aparece la angelical e intocable Betsy, pero la escuchamos muy a menudo, cuando Travis observa las calles, cuando avanza, etc, y una escena memorable es la de Sport poniendo el disco con esa música, y bailando con su querida Iris, es un momento poderoso, esa dulce y hermosa música, no distingue del contexto, pues no importa que los protagonistas del momento sean una jovencísima prostituta y su degenerado proxeneta, lo que importa es el amor que los une, un amor bizarro, que crece en medio de esas condiciones infrahumanas, pero por eso mismo un amor más admirable, tan puro como el de cualquiera, y la dulce música le pone un marco estupendo.

   


   




Es muy probablemente la mejor película que ha hecho el buen Scorsese, su etapa de mayor desenfado, en el que exploraba el mundo del hampa, el submundo de la delincuencia, pero desde una perspectiva mucho más underground, mucho más subterránea, menos chic y amanerada que en su etapa posterior. Soberbio su retrato de un correcaminos que recorre la ciudad, que tiene como entretenimiento diario la escoria máxima, de la cual se siente asqueado, enfermo, la repudia pero inconscientemente, sin darse cuenta, ha pasado a formar parte de ese decadente y despreciable mundo. Esto se aprecia en la inexplicable decisión de llevar a Betsy a un cine porno, Travis ya está corrompido por toda la asquerosa escoria que tanto repudia, después de cometer semejante acción, opina que ella resultó ser exactamente igual a los demás, fría y distante, pero en realidad era ciertamente distinta, sólo que él, ahora corrompido por la inmundicia, ahora parte de ella, no fue capaz de actuar de manera distinta. Pese a todo, siente una irreprimible necesidad de actuar en contra de todo eso, por lo cual se arma hasta los dientes, saturado y hostigado de todo, realiza una “limpieza” con sus propias manos. En medio de toda la descomposición, encuentra a la dulce Iris, con quien la música de Herrmann adopta forma otra vez, serena belleza, paradisiaco sosiego. El recurso narrativo de la omnipresente voz en off de Travis también nos brinda un ambiente de cierta intimidad con él, pues no solo nos transmite su asqueo con ese mundo, sino también una bitácora personal, su diario donde anota todos sus pareceres y sentires, aumenta y duplica la intensidad de sus incorpóreos sentimientos. La cinta tiene secuencias legendarias, como la inmortal secuencia del “¿me hablas a mi?” frente al espejo, o el no menos inmortal look mohicano, es todo un clásico del cine, el retrato de la descomposición de un individuo, que se resiste a fundirse con su podrido entorno, y lucha con todas sus fuerzas para no permitirlo, y aunque inevitablemente se contamine por el constante contacto, lucha también por limpiar toda esa inmundicia. Al final, podemos vislumbrar un final relativamente conciliador y esperanzador, viendo a Betsy otra vez, su único contacto con la superficie, con gente decente, ella lo mira pensativa desde el retrovisor, las miradas son todo, pues él tambien la observa a través de indirecto medio, y después de todo, sí es fría y distante, pero a la vez cálida, misteriosa, atractiva. Imperdonable perderse una cinta tan imprescindible. 

   


     







Posicionamiento Web Perú