lunes, 5 de septiembre de 2011

El Elemento del Crimen (1984) – Lars Von Trier

Una película diferente, es una de las tantas definiciones que se le podrían dar. Lars Von Trier es un director que no conoce la narración convencional, y esta, una de sus primeras películas, es una alucinación, una hipnosis, la cinta entera es un delirio total. Esto es muy remarcable pues es la iniciadora de su primera trilogía: Europa, una trilogía que consta de tres películas hermanas, luego completada con Epidemic (1987) y Zentropa (1991), ciertamente muy identificables y símiles en sus recursos expresivos, narrativos, visuales, El Elemento del Crimen es un excelente inicio de ese trío. Esa similitud y plena identificación de los elementos de la trilogía, no serán tan respetados en su segunda trilogía, y estamos a la espera de la culminación de la tercera, pero no me desaviaré. Para plasmar este delirante universo, Von Trier hace uso de muy vistosos elementos narrativos: intrincados travellings, reflejos en el piso de los personajes, juega con picados y contrapicados, cortes para los pasos de secuencia a secuencia, planos cenitales que dan la sensación de una perspectiva distinta a la normal, y por supuesto los perennes tonos sepia que brindan al relato una atmósfera densa, surreal, onírica. Otro elemento constante del filme, y de la trilogía, es el agua, reflejos del agua utilizados como elemento narrativo y también, poético, que descompone, derrite, envuelve todo.

    


La historia comienza con el policía Fincher (Michael Elphick) que sufre de jaquecas, las cuales se hará tratar mediante la hipnosis por un psíquico en El Cairo, a la vez que con la hipnosis intenta desenmarañar un confuso caso de un asesino en serie que mata muchachas que venden loterías. En un inusual comienzo vemos a un jumento revolcándose, (el burro es un elemento que se repetirá constantemente en el filme), vemos imágenes panorámicas, un adecuado comienzo, inusual y surreal. En otra de las secuencias iniciales, veremos otra vez al burro ahogado, sumergido y abrumado por un agua que inunda todo en una Europa de decadente ensueño. El detective realiza su investigación siguiendo las pautas que detalla el libro de su maestro; el libro, que se titula como el filme, se basa en un controversial método de investigación, que sugiere que el policía se identifique con la psicología del criminal, que se ponga en sus zapatos, siguiendo sus pasos, haciendo una reconstrucción mental del demente, de todo lo que se sabe de él.



Esta plena identificación traerá nefastas consecuencias. Fincher se introduce en la vida del criminal, se hospeda en sus hoteles, se enreda con la prostituta que le prestó servicios, se convierte en él, hasta límites insospechados, que acabarán por transformar completamente su psiquis. La transformación final se representa cuando él destruye una suerte de amuleto que tenía, nuevamente la imagen de un jumento, esta vez de cristal. La secuencia final es impresionante, utilizando una vez más el travelling, nos muestra con un gran plano general toda la podredumbre, con un poderoso simbolismo, numerosos hombres salen de un agua lóbrega, oscura, envolvente. Fincher se ha convertido completamente en el asesino de la lotería, y una abyecta acción suya pone de total e irreversible manifiesto ese cambio: también él se ha convertido ahora en asesino, mientras su maestro Osborne (Esmond Knight) se suicida ahorcándose. Así finaliza esta soberbia película del danés, visualmente muy atrayente, con una trama singular y original.
                                                                                                






El elemento narrativo por excelencia del filme es la superposición de los planos, que genera cambios de secuencia más sutiles, y “combinativos” a la vez, excelente recurso que dota de mayor expresividad los relatos de los personajes; este recurso tiene su máxima expresión en el relato del maestro de Fincher, Osborne (Esmond Knight), que narra la muerte del asesino, es un ejemplo estupendo donde su superponen hasta cuatro secuencias, parabrisas, fuego de explosión, travelling en retroceso del relato, y el anciano relatándolo todo, es excepcional este segmento, muy representativo. La película es delirante, Von Trier consigue dotarla de un ritmo y enfoque no convencionales, esto gracias a los mencionados y sorprendentes elementos narrativos, que él combina de manera que obtiene un resultado, un relato audiovisual integrado y consistente. Otro ejemplo de esto será la combinación de audios/sonidos en off de relatos de otros momentos pasados, mezclados con los presentes, todo contribuye a ese ambiente de densidad y extraña irrealidad.





Son remarcables asimismo las secuencias de un extraño viaje subterráneo, una biblioteca, siempre subterráneamente, siempre rodeados de ruinas, de descomposición, de suciedad; notable es también la secuencia de investigación en una playa, presenciamos un espectacular travelling desde un helicóptero, una observación monumental. Todos estos planos nos presentan el escenario, que no es completamente esclarecido con exactitud, se menciona vagamente Europa, una Europa decadente, descompuesta, anegada, podrida, que atormenta a Fincher, es un lugar atemporal, anacrónico, de ensueño, la visión extraña de Lars de Europa. Se inicia así Europa, la primera, y la más underground de todas las trilogías de Von Trier, el director que no conoce la narrativa convencional, que escapa de todo convencionalismo audiovisual, un muy buen representante de lo que es verdadero cine europeo contemporáneo.


domingo, 4 de septiembre de 2011

Corazón de perro (1976) – Alberto Lattuada

Humor anticomunista, ácido, surrealista, lleno de metáforas y de mensajes ocultos que se deben ir desprendiendo de la visión de una película que destila con sutileza una decidida critica y claro, mucho surrealismo. Cuando se ve una película de crítica hacia un sistema, ya sea político, religioso, o de cualquier ámbito, muchas veces se trata de transmitir ese pensamiento crítico y de repudio a través de un humor que satirizará las costumbres de lo criticado, este humor variará de acuerdo al contexto social del movimiento abordado (o criticado), y con frecuencia mientras más sutil pero a la vez clara y directa sea esa sátira, mayor será el éxito y mérito de la cinta, pues como se dice, a buen entendedor, pocas palabras. Es así en este caso, el humor se encarga de crear una suerte de satirización al comunismo, y hará mofa las costumbres sociales y algunos aspectos culturales de la Rusia de postguerra, que comienza a aplicar los principios económicos heredados de Lenin. Estamos pues frente a una cinta inusual desde muchas perspectivas, empezando por el realizador, Alberto Lattuada, uno de los nombres mayores de la cinematografía italiana, otrora colaborador del inmortal Fellini, de Monicelli, Antonioni, entre otros grandes cineastas del cine latino, prolífico y activo artistas que dirigiría a otro inmortal individuo, el mítico nórdico Max von Sydow intervendrá a su vez también en la cinta.



El filme nos narra la fantástica historia de un perro que se transmuta en humano luego de una operación quirúrgica. El gestor de esta disparatada operación es nada menos que el gran Max Von Sydow, ese genial sueco del que he tenido suerte de disfrutar no pocas películas dirigido por el inigualable maestro Ingmar Bergman; pues bien, las que sí he visto en muy pocas ocasiones son películas con el sueco Von Sydow hablando en italiano, lo cual a mi parecer da completamente otra aura y mística al personaje (no es ya el personaje frío, melancólico, introvertido e introspectivo de los filmes muchas veces existencialistas de su paisano Ingmar), una mística que no deja de atraer, de seducir al conjugarse dos naturalezas disímiles, la del frío nórdico y la del fogoso latino. Es así que vemos al italianizado Von Sydow interpretando al profesor Filipp Filippovich Preobrazenski, un doctor de renombre mundial, que lleva una vida en la sociedad soviética que está viendo cómo se aplican las políticas leninistas. Está realizando investigaciones para averiguar si es posible el rejuvenecimiento humano. En medio de sus actividades, conoce y se encariña con un perro callejero, al cual adopta y lleva a su casa a vivir, junto con su ayudante y su criada, la atractiva Zina (Eleonora Giorgi).



Es este el can que vemos desde el comienzo de la película, y en interesantes escenas lo veremos filosofar sobre el mundo de los humanos, lo ingenuos que son, la manera como se engañan, todo desde la perspectiva de un perro callejero. En determinado momento, el profesor Filippovich y su compañero realizan la novedosa (y descabellada) operación de trasplante de testículos y de glándula pituitaria de un humano al perro callejero adoptado. Los resultados son insospechados: el can perderá la cola, pelos, andará en dos patas, aprenderá a hablar y se transformará por completo en un humano (Cochi Ponzoni lo interpreta), se le colocan ropas y hasta se registra como ciudadano, adoptando el nombre de Poligraph Poligraphovic. Sin embargo, el can heredará todos los defectos del humano donador de los órganos, y nunca se desprenderá de sus costumbres e instinto animal. Se comporta como un perro, persigue gatos, es vago, irresponsable, no tiene modales, desarrolla una gran pasión por Zina, y tiene una marcada fijación revolucionaria. Termina inscribiéndose en el partido comunista, y después de mostrar conductas por demás inaceptables, el profesor decide volver a convertirlo en perro, lo cual hace, aunque no se aprecia el modo en que lo hace.



La película aborda también la controversia de los límites de la ciencia y tecnología, hasta llegar al punto de jugar a ser Dios, ilustrándolo con el decepcionado profesor, que clama frustrado que el “descubrimiento” no es un descubrimiento. Valiéndose del surrealismo, el italiano Lattuada presenta esta comedia satírica, mordaz, aguda, un tanto inquietante, nos muestra su crítica y mofa, que está magistralmente plasmada, pues es tan sutil como directa, está ahí tan presente, tan flagrante, pero a la vez escondida en su surrealismo, una de esas películas de critica a un régimen de mandato que cifran en su doble sentido y simbolismo todo su mensaje, y esta película pasa con nota esa misión. Un perro comunista, severa figura, el animal se hace humano, persigue gatos, es maleducado, holgazán,  sigue sus bajos instintos carnales, y... se inscribe en el partido comunista, delirante situación que ya va deslizando el mensaje y sentir del realizador. Representa además el escarnio en el paralelo entre el hombre acomodado, la clase rica, y el perro con sus instintos y costumbres animalescos, su falta total de maneras. Finalmente veremos al can como empezó, mirando todo desde abajo, y filosofando desde su particular perspectiva, que de cierta forma no es otro enfoque que el del propio Lattuada, que nos brinda un ejercicio fuertemente teñido de matices políticos, aderezado con toda su sapiencia, la de un todoterreno del cine italiano. Von Sydow no necesita mayores presentaciones, su presencia es otro de los atractivos del filme, un filme tan inusual como recomendable.



sábado, 3 de septiembre de 2011

Los inadaptados (1961) – John Huston

Probablemente nadie pensó, al momento de estrenar este filme, y menos después de verlo, que escasas tres semanas después, el mítico Clark Gable dejaría este mundo. Fue su última película, lo último que podemos ver del perfecto galán hollywoodense, del conocido Rey de Hollywood. Es agradable saber que para la impensada ocasión, tuvo tras las cámaras dirigiéndolo a otro mítico personaje, John Huston, que se encarga de crear una película soberbia, intensa, inmortal, que atrapa. Otro aliciente del filme es que reúne a Gable con el mito sexual Marilyn Monroe, que vio cumplida su fantasía de tener un romance en el ecran con el legendario Clark. Para completar un envidiable tándem, está el gran Montgomery Clift, completando un reparto que la da otra dimensión a la película, un buen reparto siempre realzará un filme. Era el papel de despedida de Gable, nadie lo sabía, cosa que no impidió que, con un gran director dando las órdenes, y un reparto de primer nivel, se configurara un clásico, sólido filme que sirvió para decir adiós al prototipo de galán de Hollywood. La complejidad de los personajes, la profundidad de su historia, la incomprensión en que están todos sumidos, crean un drama notable, potenciado por actuaciones excelentes, un verdadero disfrute.


          


La Monroe es Roslyn Taber, una más que atractiva joven que se está divorciando, apoyada por su experimentada amiga Isabelle (Thelma Ritter), y desea alejarse de todo para encontrar un nuevo rumbo, y encontrarse a sí misma. Conoce entonces al vaquero Gay Langland (Gable), quien con su amigo Guido (Eli Wallach), lleva una despreocupada existencia, libre de presiones, simplemente viviendo, como afirma Gay. Todos van a la casa de campo de Guido, donde se van conociendo mejor, especialmente Gay y Roslyn, que se conocen apartados de los demás, y claro, la atracción surge. Deciden Gay y Guido ir a buscar unos caballos para arrear, y en su camino recogen a otro vaquero, su amigo Perce Howland (Clift). Perce es un melancólico vaquero que se dedica a los rodeos, actividad que preocupa a la empática Roslyn, que tiene un acercamiento a Perce, similar a lo que ocurrió con Gay, y es que ella es una candente y constante atracción para todos. Gay, por su parte, extraña mucho a sus hijos, se siente solitario, y en una borrachera evidencia esa soledad. Después, todos van al desierto a buscar los caballos, van por aire y tierra, y logran capturarlos, lo cual turba mucho a Roslyn, dándose el poderoso clímax emocional de la película. Perce, conmovido, libera a los capturados caballos, acto seguido, en una espectacular secuencia, Gay lucha y captura él solo al semental, líder de los equinos, para después liberarlo, dando prueba de su indómita rebeldía, de que nadie le dice a él lo que debe hacer. Finalmente, Gay se va con Roslyn, ambos van ahora a iniciar una nueva vida juntos.


  
 



La película encierra una gran riqueza en sus personajes, y es que todos son unos desadaptados (misfits), cada cual a su manera: el solitario y triste Gay, que añora su familia y su compañía; el viudo Guido, a quien su soledad también atormenta; Perce, con sus recuerdos de infancia que no lo dejan en paz, tristes reminiscencias de sus padres; y claro, Roslyn, que se encuentra muy confundida de la vida, de lo que quiere, de lo que busca. Conforme avanza el filme, vamos explorando y viendo más a fondo esas historias. Todo gira en torno a Roslyn, arrebatadoramente hermosa, frágil, inocente, confundida, impresionable, extremadamente empática, que siente dolor y pena por todo lo malo que pudiese suceder, ella está ahí para cambiarlo todo, para hacer la diferencia, y despierta atracción en los tres hombres, Gay, Guido y Perce, que se ven todos atraídos por ella, y cada uno lo expresará a su manera. La Monroe logró materializar su sueño, estelarizar un filme con Gable, lo que ella no supo es que serían los últimos minutos en pantalla de él. Veremos al perfecto galán ya maduro, pero intacto, se despide de nosotros con esa antológica secuencia final donde se enfrenta al indomable semental en una inverosímil lucha mano a mano, es una poderosa escena repleta de salvajismo, de rebeldía, es lo último que veremos de Gable, es documental.

  
  



Algún insolente afirmó alguna vez que esta película era más un panteón de estrellas que un filme inmortal, quizás panteón no era la palabra, pero sí que esa era la idea, pues afirmaba que la película era más el escaparate de despedida de estas tres leyendas que un filme normal, que ese era su mérito, un filme de tres personajes que casi abandonaban el mundo. Es una afirmación infame, execrable, que no tiene lugar. Cierto es que las estrellas que figuran ya no están en su apogeo, que los excesos de sus vidas les han pasado factura, es innegable, pues veremos a los actores deteriorados; el alcoholismo, los escándalos, los años de excesos no pasaron en vano, Clift sólo haría unas pocas películas más después de ésta, la Monroe únicamente una más, los gigantes estaban en su ocaso, eso es cierto, y muy seguramente esa fue la razón de tan irresponsable comentario. Pero los que de verdad aprecian el cine, los que saben lo que significa ver a estos titanes juntos, seguramente sabrán apreciar mucho más que ese mero hecho, sabrán ver actuaciones de leyendas consumadas, más vivientes que nunca, es realmente el filme un escaparate pero no en el sentido de lo que afirmó esa persona, de decadencia y salida, sino el enorme escaparate final de tres inmortales, que están juntos para hacer una última grandeza, es una ocasión sin igual. El hecho de ser el filme final de Gable eleva ya al mismo a una categoría de imperdible, y resulta muy convenientemente enriquecedor que el encargado de llevarlo a cabo fuese el genial Huston, quien apoyado por un elenco estupendo, presenta este gran clásico del cine. Hasta siempre, Gable.

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viernes, 2 de septiembre de 2011

Moby Dick (1956) – John Huston

Huston presenta la adaptación del gran clásico de Herman Melville sobre la descomunal ballena blanca/cachalote asesina, y lo hace, cómo no, de gran manera, con una gran puesta en escena, respetando en muchos aspectos el libro, que le sirve de columna vertebral en el relato, asimismo cuenta con un excepcional reparto, teniendo al gran Gregory Peck, para encarnar al añejo capitán de barco a quien la ballena mutiló cortándole una pierna, locamente obsesionado con vengarse y liquidarla cueste lo que cueste, además de otro gigante de la dirección, Orson Welles, que en esta ocasión actuará interpretando a un miembro de la tripulación. Resulta muy interesante observar el filme desde la óptica de que hay un gran simbolismo anticristiano constantemente resaltado durante el desarrollo del mismo. Esto se inicia rápidamente con la descripción de un marino sobre el gigantesco ser, “si Dios quisiera ser un animal, sería una ballena”, “la ballena es más grande que una isla”, y así durante el filme veremos numerosas y evidentes alegorías blasfemas y de anticristianismo, un interesante aspecto en que se cuidó respetar el libro. La mayor alegoría sin duda es la terrible ballena representando a Dios, y el experimentado Ahab (Peck) es la persona que está dispuesta a batallar con Dios mismo, “lucharía contra el sol si pudiera insultarme” afirma él mismo.


          


La historia comienza con el marinero Ishmael (Richard Basehart) que llega al bergantín Pequod, un barco ballenero que contiene en su estructura partes hechas de hueso de ballena. Antes de partir, en otra alegoría religiosa, está también la curiosa reunión y ceremonia casi litúrgica (¡impartida desde un bote “suspendido” en el aire!), donde los marineros están frente a un pseudo sacerdote (Welles), y un evangelio/historia marina es impartido como un credo. Ahab es respetado e incluso temido por su tripulación, “Ahab es Ahab”, le definen. Él se encarga de estimularlos con promesas de grandes riquezas, y para recordarlo coloca un doblón de oro de Quito, Ecuador que los observa permanentemente. Inicialmente tienen mucho éxito cazando otras ballenas, se alimentan de su carne y obtienen otros beneficios como aceite, etc. Durante la travesía se encuentra Ahab con un camarada capitán que también ha sido mutilado por Moby Dick, el cual se horroriza ante la sola idea de perseguir e intentar capturar a la ballena, a Ahab en cambio lo impulsa su terrible odio por el pez, es el motor de su apasionada obsesión. Tienen un encuentro con un segundo capitán agraviado por Moby Dick, en este caso un capitán que perdió un hijo con el pez, al que se le niega colaboración para recuperarlo. La persecución continúa, y alcanzan a la ballena, y tras una soberbia secuencia de lucha contra el mamífero, la embarcación entera desiste, y la tripulación completa también, a excepción de Ishmael; tal como lo profetizó un personaje medio loco antes de zarpar, olieron tierra donde no la había (la ballena es una isla), Ahab moriría, y todos menos uno lo seguiría. El único sobreviviente finalmente es rescatado por el capitán que perdió a su hijo también por culpa de la ballena.


   
   


Es excelente la adaptación de Huston, apoyada en sólidas actuaciones. Remarcable la puesta en escena del director, logrando tomas definitivas, es decir la primera toma es la toma final, algo que ciertamente se dice, o en este caso, se escribe fácil, pero hacerlo es realmente tarea de un titán de este arte, algo muy pocas veces visto. Huston logra filmar todo en un solo intento, impresionando a su dirigido, al mismísimo Orson Welles (lo cual es ya decir suficiente), y cómo no, si la adaptación propiamente de un filme entre humanos batallando con una gigantesca ballena es de por sí severa tarea, hacerlo todo de una toma, bueno, habla ya bastante del realizador. Interesante también la escena cuando, cercano ya el enfrentamiento con Moby Dick, un extraño fulgor verde recorre las amarras del barco y el bastón de Ahab, el fuego de San Selmo se le llama, licencia tomada por el director. Mención aparte merece la secuencia definitiva y final, la espectacular batalla con la gran ballena blanca, representación del hombre contra dios, el hombre que enfrenta al titán, una pelea que está destinado a perder, pero que está destinado a librar, él lo sabe, y lo disfruta. Excepcional esta secuencia, en la que un incontenible Ahab batalla y acuchilla el lomo de Moby Dick, en una inverosímil lucha cuerpo a cuerpo, se le ve pegado al inmenso cuerpo del mamífero, moviendo el brazo para indicar a sus marinos que sigan la batalla (es este un detalle que surgió espontáneamente, sin ser planificado, durante el rodaje mismo), batalla que resulta en su muerte. Muy buena la adaptación de Huston de la novela inglesa, las mencionadas aportaciones actorales son más que buenas, una obra llena de matices relativamente ocultos, que convierten a esta película en muy interesante de ver y analizar.

        
       


jueves, 1 de septiembre de 2011

El halcón maltés (1941) – John Huston

Debut como director del mítico John Huston, así es, el multifacético y legendario realizador tiene con esta película su iniciación tras las cámaras y lo hace dirigiendo a un actor con el que repetirá cartel repetidas ocasiones en el futuro, una de las grandes colaboraciones de la era dorada del cine hollywoodense. El en ese entonces novel Huston dirige al querido Humphrey Bogart en esta película de aventura policial, de arrebatos, golpizas, intrigas, incertidumbres y engaños, búsquedas, todo apuntando a encontrar un valiosísimo ornamento que data desde las épocas de los caballeros templarios. Buen ejercicio para el debut del gigante director, dota de buen ritmo a su relato, de suspenso, sabe dirigir a otro futuro gigante como es Bogart, para obtener una película intensa, interesante y que deja buen sabor de boca, sobre todo sabiendo su importancia histórica por ser la primera película de este director.

         


Boggie interpreta al duro detective privado Sam Spade,  que recibe la visita de la intrigante Brigid O’Shaughnessy (bella Mary Astor), que llega con la historia de que desea dar con el paradero de su hermana, secuestrada por un peligroso sujeto que la tiene encantada desde hace unos días. La misión es aceptada, y  de inmediato surgen incógnitas, ante la muerte del compañero de Spade, a manos del sujeto que seguían, y la muerte del propio asesino. Todo esto genera un gran misterio alrededor del caso, y alrededor de la mujer que todo el tiempo sabe mucho más de lo que dice. Bogart interpreta aquí a un rocoso y duro detective privado, un sujeto que no le teme nada y que se enfrenta a todo, y se lleva todo por delante. Bogart es incontenible, es una fiera, domina todo y a todos en la película, interpreta perfectamente al detective que asombra a los hombres con su desenfado y asertividad, y enamora a las mujeres con su encanto y masculinidad. Toda la maraña de asesinatos, a la que se suma un tercer homicidio, es por la búsqueda del valioso halcón maltés del título, enviado por los caballeros templarios a España, pero que nunca llegó a destino. Tras seguir muchos rastros, colaborar con personajes estrafalarios, tras desenmarañar el complejo entramado de muertes, se logra dar con el rastro del ornamento, y se descubre al verdadero asesino y motor de todos los homicidios.




Muy buena película, muy buen debut del gran Huston. Interesante, atrayente, provocativa, crea una atmósfera de incertidumbre e intriga hasta el final, con lo que consigue captar la atención del público. Añade la dosis de romance y atracción casi animal que genera Spade en la mujer fatal, la que genera toda esa intriga y que está en el medio de todo, una trama que después se haría clásica en este género de película, era pues necesaria esa química entre dos personajes muy interesantes, muy intensos, era inevitable esa atracción. Buena puesta en escena la que tenemos aquí, la puesta en escena de un gran clásico del fim noir, una obra que se enaltece por los ilustres nombres que tiene, lo que le da unos créditos envidiables, entre los que por cierto se incluye otro memorable nombre del séptimo arte: el gran Peter Lorre, maestro camaléonico, exponente del cine negro y del expresionismo alemán, incrementa pues también los bonos de un filme muy atractivo. Inolvidable cinta de necesario visionado que no decepcionará a los espectadores, colmará las expectativas que se pueden tener ante tan prometedores avales, sobre todo a los admiradores de estas dos leyendas de Hollywood y del cine mundial, Humphrey Bogart y John Huston.


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