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miércoles, 24 de agosto de 2011

Ten Minutes Older: the Trumpet (2002) - Aki Kaurismäki, Victor Erice, Werner Herzog, Jim Jarmusch, Wim Wenders, Spike Lee, Chen Kaige

Esta viene a ser una arriesgada colaboración, a mi parecer por dos aspectos básicamente: primero por agrupar tantos directores, siete, en lo que se podría definir más puntualmente como un grupo de cortometrajes. Segundo, un poco como consecuencia de lo primero, los segmentos de cada director tienen un espacio bastante reducido, diez minutos cada uno en promedio, lo cual limita los filmes. Esta colaboración presentará los siete enfoques de los directores sobre el tiempo, su significado e influencia, con distintos matices, todos con el símil de mostrar al menos una vez simbólicamente un reloj. Dicho esto, pasaré a un análisis que considero justo, analizar uno por uno los cortometrajes, lógicamente, serán análisis algo escuetos:



Aki Kaurismäki: Dogs Have no Hell, el reconocido finlandés Kaurismäki presenta su corto. Un maduro hombre nórdico decide ir a Siberia por motivos económicos. Veremos las acciones que toma para su partida, incluida la decisión de casarse con su mujer, una camarera. Aceptable y nostálgico corto que acaba con el tren que los transporta, avanzando, como el tiempo.





Victor Erice: Lifeline, a mi parecer, el más serio y rescatable trabajo de los siete. Utilizando el blanco y negro Erice dota de una solemnidad agradable a su relato. En la España fascista de los 40, la juventud y la vejez, el futuro y el pasado, conviven; el tiempo tiene una coyuntura en esa coexistencia, que se ve alterada después, cuando, ante la adversidad de la muerte amenazando a un bebé, todos acuden preocupados. Muy buen trabajo de primeros planos, al extremo de captar a un gato negro involucrándose en el drama, esto dota de intensidad al breve relato, que goza de un ritmo muy bueno. Muy completo este cortometraje, notable, impregnado de esa atmósfera que todo conocedor del arte de Víctor Erice sabrá identificar, reconocer y apreciar.





Werner Herzog: Ten Thousand Years Older, no podía fallarnos Herzog, un especialista en documentales. Junto con el anterior, los dos mejores cortos. Aquí nos relata la bitácora de una expedición británico-brasileña en la selva del país americano para visitar una tribu perdida en vías de extinción. Luego de un estudio inicial 20 años atrás, ahora se documenta esta visita, donde se verá los estragos del tiempo en los pocos sobrevivientes de la tribu, representados por el cuerpo tuberculoso de su líder. La escena final simbólicamente muestra al indígena perplejo sin entender el reloj, símbolo del tiempo que trajo el inevitable fin a su gente.





Jim Jarmusch: Int. Trailer. Night, este relato muestra a una actriz en su remolque, siendo retocada y acicalada para una secuencia, mientras conversa por celular con alguien. Blanco y negro, ritmo no muy definido para un cortometraje discreto.







Wim Wenders: Twelve Miles to Trona, Wenders presenta este entretenido viaje sicodélico de un hombre con sobredosis de una droga, no especificada cuál. La trama es su carrera contra el tiempo, el valioso tiempo que se le acaba para llegar a un hospital y tratarse. Veremos la doble travesía del hombre, el viaje por carretera, y el delirante viaje sicodélico producto de su intoxicación.






Spike Lee: We Wuz Robbed, definitivamente el menos atractivo. Cuenta, a través de relatos de todos los involucrados, la historia de las arregladas elecciones norteamericanas que acabará ganando Bush hijo.

         




Chen Kaige: 100 Flowers Hidden Deep, el asiático Kaige presenta este enigmático corto de un anciano aparentemente desequilibrado en busca de unos encargados de mudanza para mover sus muebles imaginarios. Ante las burlas de ellos, él sigue empecinado y hasta desea pagar por el servicio, cosa que se le rechaza por haber roto un trabajador un valioso jarrón, también aparentemente imaginario. El final es conciliador, coherente con el fino arte de Kaige, que francamente, encuentro difícil de “empaquetar” en 10 minutos, pero que logra conseguir nota aprobatoria.


Como se dijo inicialmente, una apuesta algo arriesgada, pero por eso mismo guarda algo de interesante, de distinto, y si bien la muy variopinta reunión de cineastas tiene resultados naturalmente dispares, era imposible que algunos directores no dejaran su sello, su clase y distinción, Reitero, mención con honra para el siempre apreciable ibérico Erice, Herzog asimismo por entonces todavía generaba ejercicios cinematográficos decentes, el asiático Kaige tampoco desentona. Una compilación que a su particular manera, mejor dicho, de siete particulares maneras, razona y medita sobre el tema central del tiempo, eligiéndose en este caso el instrumento de viento trompeta como símbolo compilador por llamarlo así. Habría una continuación con símil estructuración y orientación, pero eligiendo esta vez al refinado cello. Interesante el trabajo, interesante, distinto, genera más de un momento agradable, y algunos otros no tanto.

viernes, 19 de agosto de 2011

Grito de Piedra (1991) – Werner Herzog

Interesante película de Herzog donde nos muestra un duelo intenso entre una vieja escuela y la juventud, entre el brío juvenil y la serena experiencia. Todo esto enmarcado en un imponente nevado en territorio argentino. Nuevamente el trabajo paisajístico de Herzog nos brindará un agradable momento, al tiempo que nos sirve de marco para el duelo entre los dos escaladores, el duelo por conquistar a la naturaleza. Uno representando a la juventud, el otro a la experiencia, su enfrentamiento se trasladará también al plano sexual, rivalizando por la amante, la atractiva Mathilda May, quien tendrá el acierto de mostrar su desnudez, aunque sea fugazmente. Notaremos cómo, pese al empuje, brío e ilusión del joven -ilusión, pues después de todo él era un atleta televisivo, no un montañista verdadero, irrefutable y fatal verdad que ignoró testarudamente-, el alpinista experimentado tendrá siempre la situación, de alguna manera bajo control, sin perder nunca el dominio, y sabiendo lo que sucederá. Quizás una moraleja de que la vieja escuela, no en vano tiene ese nombre, y que más sabe el diablo por viejo, que por diablo. Herzog continúa su andadura artística, el tratamiento a los grandes y majestuosos escenarios naturales sigue siendo contundente en determinados momentos, y en el reparto actoral destaca el apreciable Donald Sutherland.


    

Siempre el imponente paisaje, siempre el notable escenario, siempre Herzog convirtiéndonos en parte de su relato con esos planos tan exquisitos de la naturaleza. La exploración de todo ese rico paraje, ese poderoso e indomable nevado, asimismo todo el territorio en su derredor, son bellamente documentados por Herzog, incluida una aparición de Chabela Vargas como una india lugareña. Una indómita naturaleza que de pronto se ve invadida no solo por los montañistas, sino por impertinentes medios de información, la tecnología invade la naturaleza. Interesante el detalle del personaje del aparentemente lunático individuo, enigmático sujeto que clama haber escalado ya el nevado, el mismo que le arrebató los dedos, que presencia todos los acontecimientos, y que ya conoce de antemano toda la experiencia.












Un maduro Herzog configura una cinta más bien a modo de moraleja, deja de lado temas históricos, épicos personajes del mito, para mostrar un aspecto más reflexivo, sereno, de alguna manera acorde al momento de su trayectoria. Pasado el brío y explosividad de sus inicios, el tema en esta ocasión refleja que el individuo ha madurado, se serena, su lenguaje audiovisual experimenta símil momento, pero no pierde su gran capacidad de generar momentos muy sublimes, monumentales. Es así que, luego de la batalla contra la invencible montaña, la experiencia termina por imponerse a la impetuosa juventud, que termina pagando su obstinación, y Herzog imprimirá ese sello suyo para darnos un final memorable. Acompañado por la hermosa melodía de Tristán e Isolda de Wagner, asistiremos al triunfo del montañista mayor, a su conquista del nevado, y a la vez descubrirá una verdad sorprendente, mientras la cámara nos transporta en un viaje etéreo para observar desde las nubes su gloriosa victoria, en un plano general que sirve de final perfecto, y la inclusión del gigante músico alemán es una novedad más que agradable en el ya conocido dominio del cineasta para esos planos generales, esos travellings notables. Quizás sin alcanzar la grandeza de otros ejercicios, la cinta es decente, Sutherland siempre serio actor, Mathilda May no deja de agradar, la acertada inclusión de Chabela Vargas, configura todo una cinta que si bien no es el pico como realizador del director, tiene destellos de su genio.

                   

Cobra Verde (1988) – Werner Herzog

Última de las cinco colaboraciones de la sociedad Kinski-Herzog, y una de las más poderosas visualmente hablando. Herzog es ya a estas alturas un viejo zorro, curtido, experimentado en casi todos los aspectos de un realizador, que estando ya en la quinta (y sin saberlo última) de sus colaboraciones con el irascible Kinski, sabe exactamente cómo extraer lo mejor de este temperamental actor, ese loco arrebatado, que retrataba perfectamente sus lunáticos personajes, y que moriría tres años después de estrenada esta película.








En esta ocasión, encarnará a un villano, el bandido brasileño conocido como Cobra Verde, en un filme con dos partes marcadamente distintas.  Una primera parte cruda, con escenas fuertes como la brutal amputación del brazo del operario de una de las máquinas azucareras, y donde el bandido da muestras de su indomable carácter, comportamiento casi animal que simplemente arrolla todo a su paso, subyugando todo lo que le salga al frente (idóneo papel para Kinski, ¿verdad?), tanto a su ocasional patrón, como a sus tres hijas. Ante la afrenta de poseerlas a todas, es desterrado por su patrón al África, donde espera que encuentre una muerte segura tratando de reinstaurar el comercio de esclavos en una inhóspita tierra donde ser blanco es sinónimo de muerte, y donde un desequilibrado rey manda despóticamente.

Pero con lo que no contaba el patrón es que Cobra Verde simplemente se impone donde sea, y como sea. Ya en la segunda parte de la película, Herzog nos introduce con su estilo y categoría en tierras africanas, y donde el protagonista dará su mayor prueba de carácter comandando un ejército de mujeres para destronar al loco monarca. La película nos asaltará con profundos y significativos diálogos y fuertes simbolismos. Como el hecho de utilizar mujeres en batalla, las mujeres son más letales que los hombres en ese territorio, son las asesinas de mañana, como las nombra el lugareño ayudante de Cobra Verde, que contra todo pronóstico logra imponerse en tierras africanas, alcanza títulos nobiliarios, triunfa. O como el diálogo donde Cobra Verde se da cuenta que ha sido abandonado por quienes apoyó, y ante la definición de su compañero de esclavitud, el peor error de la humanidad, él la define como un crimen, un inherente crimen innato al corazón del hombre, para su deshonra, significativa definición por parte de alguien que pasó los últimos tiempos lidiando directamente con ella. Pero todo el esfuerzo se acumula y termina pasando factura a un finalmente fatigado bandido, abandonado por la gente que ayudó, traición y esclavitud que lo acaban empujando hacia su final.









El final es tremendamente simbólico. Un agotado Cobra Verde decide abandonar todo, retirarse y dejar toda esa tierra, toda esa esclavitud, toda esa imperante enfermedad e inanición. En una secuencia profunda y muy rica, vemos a Kinski caminando por la bahía, seguido por un hombre enfermo de polio, que asiste silencioso a sus últimos instantes: Cobra Verde intenta llevar un bote al mar para así poder escapar de toda la podredumbre. En una simbólica imagen vemos a Kinski jalando el bote, tirando de las sogas con sus propias manos, en una tranquila alegoría al terrible yugo de la esclavitud del que no pudo escapar, una esclavitud con la que él inició traficando, pero que finalmente se apoderó de él y se convirtió en su condena; una esclavitud de la que él mismo no pudo liberarse, que lo arrastró a la muerte, cuando, completamente agotado, cae rendido, bañado por las aguas del mar, rozando solo superficialmente la libertad, tocando solamente la espuma del océano, incapaz de escapar de la esclavitud; incapaz de despegarse de esa tierra, expira. El cuadrúpedo testigo silenciosamente contempla todo, mientras se nos muestran los créditos finales teniendo de fondo a las mujeres guerreras cantando con una sonrisa que, con lo visto, resulta escalofriante, las mujeres guerreras, las mujeres asesinas son la imagen final de este crudo relato, con el que nos despedimos de la colaboración Kinski-Herzog. En la final colaboración del dúo, deja por supuesto Herzog patente todo su dominio como realizador en tierras indómitas, salvajes, visualmente potentes, y el director dota a su filme de toda la fuerza cromática que el escenario puede ofrecer, configura una cinta con su sello, que se siente hermanada a las otras cuatro, parte de lo que podríamos denominar una serie, la serie de cinco cintas juntos colaborando. Hasta siempre y gracias, maestros.


Aguirre, la Cólera de Dios (1972) – Werner Herzog

Al ver una película como Aguirre, debemos realmente sentirnos dichosos de poder contemplar tamaña obra. Disfrutamos de la primera de cinco colaboraciones de una alianza épica. Werner Herzog y Klaus Kinski, dos gigantes, trabajando mano a mano, en el inicio de algo que perdurará por siempre. Y lo prodigioso de este suceso se siente en cada imagen del filme. Ambos en su juventud, a plenitud de sus fuerzas físicas y espirituales. Kinski es aquí un jovencito comparado con otras etapas, pero es un jovencito desde ya demencial, lunático, pasional, lleno de furia, es ideal para esta película, en la que ambos probablemente descubrieron y sintieron que de ahora en adelante, sus mejores obras, sus mejores producciones se lograrían con la mutua colaboración entre ellos, su entendimiento era excelente, y acá tenemos a la primigenia piedra de ese entendimiento. Pese a que su relación fue sumamente tormentosa, este binomio alemán es responsable de algunas de las más memorables obras del cine contemporáneo germano, y es esta la primera de cinco joyas que el dúo nos obsequiaría, y además, es una producción ambientada en nuestra tierra, en la selva peruana, adicional aliciente.


El trabajo de Herzog para introducirnos en el ambiente, es excepcional, sus imágenes de la selva peruana, hace prácticamente hablar al paisaje, lo convierte en un personaje más dentro de la historia, algo característico en Herzog. Y es que Herzog siempre se caracterizó por lograr que el paisaje cobre vida, que nos transmita su sentir, y en esta película queda patente esa habilidad, destacando con furibundo ímpetu las escenas del poderoso río, que plasman la fuerza y el espíritu de la Amazonía. Asimismo los planos de las montañas, el trabajo de cámara, sello indiscutible de Herzog, que nos convierte en privilegiados exploradores de la Amazonía, nos facilitan mucho entender los momentos que atravesaba la expedición española encabezada por Gonzalo Pizarro (Kinski). Nos adentraremos en ella, y pasaremos por alto el hecho de una expedición española hablando alemán, para ver las relaciones y conflictos que tendrán lugar durante su ambicioso proyecto.





Pues bien, iniciada la travesía veremos un papel de Kinski con características que se harían también su santo y seña. El personaje completamente apasionado por su obsesión, la misma obsesión que lo terminará convirtiendo en un lunático; veremos que mientras se desarrolla la película, se desarrolla también el desequilibrio de Aguirre. El joven Kinski nos presenta una actuación soberbia, de esas que caen como anillo al dedo, impresionante ver y reconocer su persona artística, desde su juventud plenamente reconocible su sello. Y es que ese apasionamiento, esa locura de Aguirre, son exactamente el tipo de las características en un personaje que sacan lo mejor de este actor, son características que se complementan con la personalidad tan explosiva del irascible alemán, que le imprime una fuerza más que notable a su actuación, una sobrecogedora locura. Nos hará creer que estamos ante la presencia de un auténtico loco, cosa, que, ciertamente, no dista demasiado de la realidad. Una escena realmente estupenda es el momento en que Aguirre, sintiendo ya la presión de una empresa que no anda por buen camino, estalla en ira y es capaz de intimidar, y sacar de su camino a un caballo con un poderoso grito… ¡soberbio Klaus!



Pero su empresa está destinada a fracasar, los aborígenes van liquidando uno a uno, tanto a los miembros de la expedición, como a las ambiciones del español, veremos la gradual descomposición del grupo, y de la cordura de Aguirre. Los delirios finales del demente nos presentan su irremediable final, un final en el que el otro responsable de esta gran filme, Herzog, hace gala de su maestría, construyendo la historia de un modo más que creíble, en un ambiente más que hostil, notable el realismo y a la vez simplismo con que concreta el trabajo, la fuerza visual de su producción hace más épico el resultado. La secuencia final es excelente, memorable, la embarcación es invadida por unos diminutos simios, mostrándonos la perdición total del proyecto. Para cerrar el relato, Herzog nos regala un espectacular travelling del paisaje entero nuevamente, circunda el barco, a la vez que nos muestra, en ese mismo movimiento circular, la grandiosidad del escenario donde todo está tomando lugar. Herzog hace una última vez hablar y participar ese magnífico paisaje, lo convierte en un escenario parlante de la caída de Aguirre. Es un final estupendo, a una película estupenda. Agradezcámosles a estos titanes germanos tan deliciosa película. Para el que desee enriquecer su conocimiento sobre la relación de Kinski y Herzog, y del cine en sí, puede buscar y ver el documental de 1999 Mi Enemigo Íntimo - Mein Liebster Leind, excelente documental dirigido por Herzog y donde veremos de primera mano la dura relación de admiración-odio entre actor y director, con invaluables escenas y anécdotas de sus 5 películas juntos, y donde incluso registra uno de los famosos ataques de cólera de Kinski. Realmente enriquecedor y recomendable filme que nos ayudará a comprender y sentir más la genialidad de ambos artistas. Severo obsequio fílmico, nacería una alianza dorada. Filme necesario, ciertamente necesario.

 

jueves, 18 de agosto de 2011

También los Enanos empezaron Pequeños (1970) – Werner Herzog

Herzog, en su segundo largometraje nos presenta esta atípica historia, inquietante historia, una narración que llama a entrever más allá de la impresión inicial y ver su mensaje entre líneas. Historia de enanos, unos enanos morbosos, enanos bizarros, viven, ponen en práctica sus costumbres, unas más extravagantes que otras, unas más crueles que otras. En el aislado pueblo de Lanzarote, vive esta agrupación de enanos que gradualmente van a ir demostrando conductas cada vez más extrañas, prácticas paganas, prácticas de humillación, robo, destrucción, pero también escenas de juegos elaboradas minuciosamente por Herzog. Es este un mundo extraño, aislado de todo lo demás, un mundo aparte con sus propias reglas, un paraje surreal, un mundo sólo de enanos. Pero el mayor de los simbolismos es la gradual degradación, por así decirlo, de los enanos, que muestran su lado más cruel, y a la vez humano, conforme avanza el film, en una enseñanza de que el espíritu humano tuene una crueldad innata en él, y que no hay necesidad de ser grande para tener esos impulsos de malicia, libido, inherentes a nuestro espíritu. Quizás el mensaje final está en que al inicio los veíamos más civilizados, más controlados y mesurados, pero conforme avanza la historia, veremos su lado más bizarro, esto representaría el titulo, de que también los enanos empezaron pequeños.


              

La película comienza mostrándonos a los enanos viviendo tranquilamente, de una manera superficial iremos viendo al conjunto de enanos realizando actividades cotidianas, y veremos las características de cada uno, pero esto ambientado con una extraña música folclórica, digo extraña pues resulta llamativo el detalle de que la aguda voz femenina que escuchamos está en español, y esta melodía al inicio solo la veremos cuando figuran los animales de granja, gallinas, equinos, etc., salvo una excepción posterior. Se nos presentan prontamente dos extrañas situaciones. Primero el caso de un enano adulto, que está siendo hostigado por los demás, está recluido en una especie de recinto, donde tiene un prisionero, otro enano joven atado a una silla, y que no deja de reír ante la situación; veremos a los enanos repetidamente apedrear la locación y hostigar al raptor. La otra situación viene a ser una especie de pasatiempo que tienen los enanos, y esta es robar y fastidiar a unos enanos ciegos que también viven en el pueblo; les roban algunos comestibles pero también los molestan por el mero gusto de hacerlo, y los ciegos acaban agitando furibundos unos largos palos, en una casi danza rítmica donde quedan los dos ciegos solos, agitando las varas y defendiéndose del abuso. Sin duda una de las escenas que más perennes quedan en la mente es la del casi ritualista juego, cuando un enano mecánico repara una camioneta, y todos corren tras el vehículo, se suben en él, le arrojan objetos, festejan y ríen, y acá está la excepción antes mencionada, pues esta gran secuencia es ambientada con la melodía folclórica en español, dándole un toque de costumbrismo, de que esta actividad es toda una experiencia. A esto se suma un excelente trabajo de cámara para seguir la acción, en un travelling omnipresente de todo el ritual, un pestañeo de la maestría con la cámara que mostrará luego Herzog en posteriores filmes.




Sin duda el personaje más representativo viene a ser el enano más enano, un diminuto anciano, cuya limitación física le obliga a tener un rol testimonial en todas las actividades, su mera colaboración es una risa, constante y perpetua risa, y se nos presenta la imagen con un plano general del pequeño personaje. Su condición también lo condena a ser objeto de unas prácticas de tortura cruel, como cuando se le encierra con una enana, para que, según los demás, se acuesten. Ridículamente graciosa es la imagen del anciano enano incapaz de desempeñarse, pues es incapaz de subir a la cama, pese a sus intentos, pese a incrementar su altura subiendo en libros, finalmente el enano se ve impotente por no poder siquiera trepar al lecho. En las secuencias finales vemos el mayor grado de desenfreno, de destrucción, vemos unas actividades y marchas paganas, pseudo procesiones incinerando objetos religiosos, es el momento en que los enanos han alcanzado su mayor libertad, lo cual conlleva mayor desbande y descontrol. En una de las secuencias finales veremos también al enano raptor salir finalmente de su claustro, y simplemente pararse frente a un pequeño árbol e increparle cosas a la planta. Atípica película dentro de la filmografía de Herzog, donde aún no despierta el titán de las grandes producciones paisajísticas, pero que por su inusual contenido, por ser una rareza, y viniendo del alemán, se convierte en un atractivo e imperdible filme del gran Werner.



    
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