Mostrando entradas con la etiqueta Vittorio De Sica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vittorio De Sica. Mostrar todas las entradas

domingo, 12 de febrero de 2012

La Bella Campesina (1955) - Mario Camerini

Los 50 fueron los años en que empezó un meteórico ascenso de una de las grandes figuras femeninas en la historia del cine, una de sus divas más recordadas empezaba a esculpir su camino, la inolvidable Sophia Loren. Para el momento que esta cinta vio la luz, a mediados de la mencionada década, la voluptuosa y despampanante italiana ya había sido más que notada por importantes directores, por supuesto, principalmente sus paisanos italianos, que empezaron a explotar todo el potencial de esta curvilínea latina. En esta oportunidad es Mario Camerini quien dirigiría a la diva, acompañada por un personaje con el que conformó una de las parejas más célebres del cine italiano, otro grande entre grandes, el genial Marcello Mastroianni, con quien completaría una dupla muy chispeante, y también se incluiría al gran padrino artístico de ella, el inmortal Vittoria De Sica, mostrando sus dotes actorales en el filme. Situada en una singular época, fines del siglo XVII en Italia, donde por entonces imperaba el dominio español, otra vez la trama de la cinta descansa en todo el poderío e impacto de la candente Sophia encarnando a la campesina del título, casada con un molinero de la localidad, que se ve enormemente favorecido por las bondades físicas de su esposa, en la forma de numerosos privilegios y tratamientos especiales por parte de las autoridades, despertando envidia en el resto del pueblo, y naturalmente, envidia en las demás féminas por la atención masculina que despierta la bella campesina, especialmente, en el gobernador, don Teófilo, De Sica. Con semejante reparto y una buena dirección, tenemos una decente y agradable comedia italiana.

    


Nos situamos en Nápoles, fines de 1600, años de la dominación española, quienes fijan un impuesto hasta cuando llueve, que es solo uno de incontables tributos, y una de tantas responsabilidades de las que el campesino Luca (Mastroianni), se libra. En el pueblo lo envidian por ese tratamiento, pues hasta los religiosos los apoyan, esto debido a la hermosa esposa de Luca, Carmela (Loren), que tiene encantados a todos los hombres de la comunidad, y en especial al gobernador, Don Teófilo (De Sica), que está loco por ella, al igual que todos los hombres de la localidad en Nápoles. Carmela, por su parte, disfruta provocando a todos, despertando deseo en los hombres, y envidia e indignación en las mujeres. Hasta genera peleas la campesina, grandes trifulcas, mientras Luca ya está cansado. Sin embargo, en una oportunidad, Luca es encarcelado, y ajeno a la costumbre, después no es condonado de la pena, permanece enclaustrado, mientras su bella esposa se queda sola en el molino. Pero esto no es un accidente, pues es exactamente lo que Don Teófilo planeaba, y va al molino a abordarla, teniendo algún jocoso accidente en el camino. Luca se libera del claustro y burla a su vigilante, Gardunia (Paolo Stoppa), uno de los servidores del gobernador en todo lo que desee, y el molinero va a buscar a Carmela



Don Teófilo llega empero primero con Carmela, y el obsesionado gobernador la corteja intensamente, la abruma, pero ella hábilmente va dilatando su encuentro y va desvía de su objetivo, mientras Luca, ya liberado de un ebrio Gardunia, e investido en las ropas del gobernador, se acerca al molino. Llega entonces Luca, enceguecido por los celos, y su esposa no lo reconoce con la parafernalia de una autoridad, por lo que se desencuentran, pues ella va a liberar a su marido de su prisión. Posteriormente, disparatadas situaciones se generan por el inesperado intercambio de roles y hasta de vestimentas entre Luca y Don Teófilo, hay disparos, y es que Luca, investido como gobernador, tuvo un breve encuentro con la mujer de éste, y ella, enfurecida al saber que su esposo está con la mujer del molinero, pretende armar una charada. Y así se hace, pues Luca, al haber averiguado ya que el adulterio de Carmela nunca fue tal, se hace pasar por el gobernador, hecho de acuerdo con todos los presentes, y orquestado por la mujer de la autoridad, y le toman el pelo a Don Téofilo, pero el numerillo es roto por el propio Luca. Un año después, el gobernador está ridículamente dominado por su esposa, es el día de la celebración del Santo Patrón, la mayoría de los impuestos inauditos se han eliminado, y, para variar, Carmela es quien lleva la batuta de la vida marital con Luca, y la pareja se queda finalmente feliz.



Estamos ante un nuevo ejercicio situado en Nápoles con la Loren de elemento central, como ya habíamos visto un año antes en la magistral El Oro de Nápoles (1954), y como veríamos quince años después en Los Girasoles (1970), ambas con De Sica ya dirigiendo a su protegida. La cinta es un gran homenaje a la belleza de una radiante e irresistible Sophia Loren, que embelesa completamente a todos, sin excepción, con escenas para lucimiento y casi endiosamiento de la italiana, la oímos cantar plácidamente, la vemos quitándose y poniéndose las medias, luciendo sus bien contorneadas piernas, recostándose cómoda en el pasto, entre flores, volviendo loco a todo hombre, loco especialmente al gobernador, y es que ella es todo, no deja indiferente a nadie, despierta el deseo en los hombres, y la envidia y desprecio en las otras mujeres. De Sica, tras La ladrona, su padre y el taxista (1954), de Blasetti, ya ha conocido a su musa Sophia, y habiéndola dirigido ese mismo año con la cinta inicialmente señalada, sigue trabajando y conociendo al imponente símbolo sexual que, cabe mencionar, él encumbraría e inmortalizaría pero no solo por su avasallante y voluptuoso físico, sino por sus dotes actorales, sacando lo mejor de la candente latina. Acompañándola tenemos al gran Mastroianni, siempre preciso en la figura del galán italiano, en este caso específicamente napolitano, mostrando repetidas veces el pecho velludo, es el afortunado esposo de la mujer que todos desean, y su papel, si bien secundario, es correctamente interpretado por un siempre correcto Marcello, encarnando la enajenación del esposo. Y De Sica también es notable en su aporte, dando vida a un enloquecido gobernador, representante de la autoridad española, una cómica y caricaturizada versión de un gobernador completamente dominado por la beldad femenina de la campesina, acompañado por otro gran actor italiano, el siempre apreciable Paolo Stoppa, como su fiel servidor. Agradable trabajo de Camerini, donde retrata con belleza en ciertos pasajes el páramo napolitano, y con la correcta clave cómica nos presenta la historia de Carmela y un pueblo al que tiene encantado, ella siempre es el motor de todo, y el hecho de que la cinta sea a color incrementa naturalmente su impacto cromático, tanto para apreciar los decorados y su colorido, como para, claro, apreciar los distintos matices de la silueta de la protagonista. Divertida, liviana y típica comedia del campo italiano.






sábado, 11 de febrero de 2012

La ladrona, su padre y el taxista (1954) - Alessandro Blasetti


El italiano Blasetti pone en escena esta digerible y muy divertida comedia que tiene cuyo principal e indiscutible principal aliciente radica en la plana actoral de primer nivel que la estelariza, donde se combinan dos superestrellas del cine italiano, con un director que es leyenda en su oficio, pero que también supo entregar inolvidables trabajos como actor. Me refiero a la pareja central, Sophia Loren y Marcello Mastroianni, secundados por quien se convertiría en el principal avalador de la Loren, su protector y quien obtendría lo mejor de su trabajo, el genial Vittorio De Sica, que, como se dijo, veremos haciendo las veces de actor en esta oportunidad. La Loren se luce, se muestra esplendorosa  y en la plenitud de su belleza como una picara mujer que se dedica a robar junto a unos compinches, y es que ella proviene de una estirpe que se dedica al robo, como lo evidencia su padre, De Sica, que tiene más de una singular modalidad para aprovecharse de los descuidados, pero en una ocasión, una de las víctimas será el buen Mastroianni, sujeto persistente que obtendrá mucho más de lo que esperaba cuando intente detener a los facinerosos. Vale acotar que esta sería la primera colaboración entre De Sica y la Loren, posteriormente a esta colaboración, verían la luz las joyas inmortales como La Ciociara (1960), con la que la bellísima Sophia alcanzaría renombre y prestigio mundial. Divertida y disfrutable comedia ligera italiana, en la que la bella actriz, empezaría ya a forjarse la chapa de símbolo sexual.

         


Paolo (Mastroianni) es un hombre que trabaja como taxista, teniendo como pasajeros en una carrera a dos sujetos, acompañados de una atractiva mujer (Loren), con quienes acuerda una extensa correría, en medio de la cual se detienen para bañarse los pasajeros en una laguna. Paolo, intrigado y atraído por la seductora mujer, se aleja de su vehículo, pero se da cuenta a tiempo que está a punto de ser robado por los otros individuos, y lo evita. Ellos escapan, pero no así la dama, Lina Stroppiani, que Paolo considera obviamente involucrada, y pretende llevarla a la comisaría, mientras ella se mantiene fresca y relajada. Pero Paolo le pierde de vista y ella desaparece mientras la transporta, quedando inquieto con el asunto. Posteriormente, en el taller donde labora, conoce a Vittorio Stroppiani (De Sica), ignorando que es el padre de ella, y Paolo cuenta el infortunio, afirmando que la hará pagar los daños a su carrocería. Por azar del destino vuelve a encontrar a Lina en la calle, y otra vez pretende llevarla a la comisaria y obtener el dinero para la reparación, pero la situación termina en ella llevándolo a su casa, donde Paolo conoce a la familia de ella, y terminan pasando un buen rato. Nuevamente el señor Stroppiani hace una charada y queda como un hombre respetable, no advirtiendo Paolo que es una familia completa de ladrones, y cuando él narra la anécdota, la familia le convence de lo contrario, y Lina lo tiene completamente dominado.




Incluso es Lina la que lo busca la próxima vez, llevándole dinero de parte de su padre para la reparación, hasta terminan yendo al cine y pasándola bien otra vez, él ya está ligándose a ella sin notarlo, se preocupa por Lina, quien le da un obsequio al taxista. Pero después, cómicamente el dueño del taller donde labora Paolo reconoce el obsequio, una tabaquera, como suyo, extraviado hace unos días. Descubre entonces Paolo el inobjetable oficio de la familia, y, tras una situación siguiendo al señor Stroppiani, sufren un accidente, del que Paolo se ahorra los posteriores problemas por la influencia del padre de Lina, que tiene contactos en la embajada de la India, adinerados funcionarios que ahorran toda la engorrosa tramitación por el accidente. Lina vuelve a buscar a Paolo, en unas jocosas situaciones en las que Paolo está harto, quiere llevarla de una buena vez por todas con la policía, pero siempre termina desviándose a causa de ella, continúan las discusiones, pero también continúan formando lazos entre ellos. Paolo, favorecido por los indios diplomáticos, está feliz pues recuperará su empleo, pero todo es un engaño, de nuevo, y otra vez la busca y la encuentra, llevándola por fin, junto a sus compinches, a la comisaría. Pero allí, circenses situaciones llevan a que Lina, dominadora de todo, desbarate la denuncia, y termine quedándose con un Paolo con el que inevitablemente ya han madurado sentimientos.



Blasetti nos presenta una comedia atractiva y ligera, con innegables tintes de hilarante vodevil que nos hace delirar con su frescura, agilidad y espontaneidad de muchos de sus diálogos y secuencias, es una frescura que alcanza a todos los personajes, en un filme de liviano, sencillo y divertido humor. Mucha de la batuta cómica corre a cargo de la familia de timadores, generadores de las jocosas situaciones que sacan de quicio al pobre Paolo, incapaz de reconocer a los ladrones en su propia casa, no repara inicialmente en la singular estirpe de la familia, donde la propia madre le extrae la billetera, se crean situaciones verdaderamente divertidísimas, en las que una tras otra vez, ocurrencia tras ocurrencia, vemos a un Mastroianni que se vuelve loco en su taxi, repitiendo interminablemente que llevará a Lina a la comisaria, pero no ejecutándolo nunca, embelesado por ella. En el aspecto actoral están todos impecables, empezando con Marcello Mastroianni que muestra su mejor faceta cómica, perdiendo el control ante las impensadas y disparatadas circunstancias en las que se ve enfrascado, su histrionismo dentro del taxi en sus monólogos es excelente. De Sica, a quien ya se conoce por sus valorables trabajos como actor, también está notable en el papel del máximo timador, con su maleta especialmente diseñada para los robos, es un sujeto que se burla de todos, con una mujer igual de vivaracha que él, este personaje es alguien que, como se dice, se las sabe todas. Y claro, está la Loren, que en este filme ya se erige como una figura capaz de embobar a todos, de embelesar a quien quiera, y cómo no hacerlo, si luce sus contorneadas curvas en ceñidos y diversos vestidos, diseñados para ella, siempre resaltando su dotada figura, incluso pudiendo llegársela a ver en ropa de baño, la candente italiana empezaba ya a consolidarse como un innegable y arrebatador símbolo sexual, la gran causante del interminable desquicio de Paolo, pero con quien, en un final divertido y acorde a la cinta, termina quedándose felizmente emparejada. Divertida comedia, ligera y espontánea y por momentos ingeniosa, fresco humor en una cinta resaltada por sus estupendos intérpretes. Recomendable cine italiano.






viernes, 10 de febrero de 2012

Los Girasoles (1970) - Vittorio De Sica

De Sica dirige uno de las grandes historias de amor italianas, con una de las grandes parejas de esa nación, Sophia Loren y Marcello Mastroianni, soberbio dúo, dos grandes superestrellas que más de una vez compartieron pantalla, dirigidos por diferentes realizadores, pero con un resultado similar a menudo, logrando una excelente representación de una de las parejas italianas más célebres de las últimas décadas. En esta entrañable historia amorosa, el final feliz no será quien termine coronando a la cinta, pues un elemento, ya familiar para el cine de De Sica, la guerra, pondrá un obstáculo insalvable para un amor que parecía capaz de superar cualquier cosa. Esta es la historia de un soldado italiano, Mastroianni, que tiene un intenso romance con Sophia Loren, recia mujer napolitana, y durante la Segunda Guerra Mundial, habiéndose aliado Italia con Alemania, realizan el ataque a Rusia, siendo, como es sabido, vapuleados por los rusos en el enfrentamiento, y esto trae como resultado que el soldado se quede en Rusia durante años, alejándose de su amada. La Loren, que se erige en protagonista central de la película, se luce en el papel de la recia y determinada italiana que es capaz de cruzar miles de kilómetros para buscar a su esposo, pero que se dará con una sorpresa que pondrá fin a su felicidad, en uno de sus mejores y más logrados papeles, que alimentan esa chapa suya de mujer intensa a más no poder. Mastroianni también ofrece una actuación destacable, acorde a su categoría, mucho más introspectivo, pero también intenso. Inolvidable película, en la que la pareja está excelente, trágico y triste relato donde no siempre un final color de rosa espera.

        


Tras la visión de un gran campo de girasoles, se nos muestra a una mujer que sufre por la ausencia de su esposo. Es Nápoles, y ella, Giovanna (Loren) espera a Antonio (Mastroianni), que se ha ido a la guerra a Rusia. Recuerda la mujer su amor, de jóvenes, ella, hija de un barbero, y él, electricista, mantuvieron una intensa y feliz relación, terminan casándose. Tratan de orquestar una mentira, de que él está loco, para excusarse de ir a la guerra, pero son descubiertos, y él enviado a Rusia. Termina la reminiscencia, ahora ella lo espera, la guerra ya ha terminado, los combatientes regresan, pero Antonio no. Uno de los soldados que vuelven le da razones de él, estuvieron juntos con una gran masa que se movilizó a través del hielo ruso, pero Antonio, herido de una pierna, finalmente cedió y se quedó en el gélido escenario. Allí lo dejó, cojo e inmóvil; los años han pasado ya, la atormentada esposa se decide y parte a Rusia, a buscarlo ella misma. Llega hasta los campos rusos, con ayuda de un intérprete inicia la búsqueda sin muchas esperanzas, pero de pronto, unas mujeres parecen darle razón de él, le indican una casa.




En efecto, en esa casa vive Antonio, vive ahí con su mujer y una hija pequeña. Su mujer lo rescató con sus propias manos de una muerte segura en el hielo; él, según su esposa, no tenía recuerdos de nada, por lo que ella lo cuidó y atendió. Cuando al fin aparece Antonio, ella lo evade, se retira en tren, y de regreso a casa, herida y destrozada, destruye todo lo relativo a él. Es así que cada uno sigue su vida, Antonio con su familia en Rusia, aunque parece pensar en Giovanna, y ella avanza, trabajando en una fábrica de maniquíes, con un hombre que la encuentra atractiva. Pasan los años de nuevo, Antonio la llama, desea verla, y no la encuentra en casa, ahora Giovanna está viviendo en Milán, con otro hombre, ya es tarde. Antonio no tiene a dónde ir, debe quedarse esa noche, y es entonces ayudado por una más que solícita mujer, una mujerzuela que le da alojamiento. Vuelve a llamar a Giovanna, y ella, esta vez, accede a verlo. Ya reunidos otra vez, después de tantos años, constatan que continúan amándose, pero las cosas vuelven su amor imposible, pues ahora ella también ha engendrado descendencia, tiene un hijo. Muy a pesar de ambos, él se va, en tren, mientras ella solloza inconsolablemente su partida.






Todo un clásico italiano, que tiene la particularidad de ser probablemente la primera cinta occidental que se rodaba en tierras rusas después del conflicto global que mucho incidió en la historia que se nos presenta. La historia toma lugar, y no es primera vez con De Sica, en Nápoles, donde se materializa un idílico escenario para la primera parte de la película, en la que se nos narra la forma cómo maduró y tomó fuerza el romance entre Giovanna y Antonio. Momentos en que todo era felicidad, y en que nuevamente De Sica nos da una visión del contexto de su tiempo, de su querido Nápoles, que es el escenario en el que vemos toda esa suerte de introducción a la historia, los amantes que conocen y consuman su pasión. Pero esa parte pronto termina, y no demora en iniciarse el verdadero drama, contrastan las iniciales imágenes con los flashbacks de la guerra, que sin ser demasiado explícitos o crueles, ya cambian la tónica de la cinta, y después, con las vastas locaciones rusas, sus grandes campos, campos de girasoles, el ambiente rural y suburbano ruso es el ahora escenario para la búsqueda incesante de Giovanna. La cámara por lo general se mantiene parsimoniosa, sin excesivos adornos ni movimientos, planos medios y ocasionales primeros planos que se fusionan con los más vividos momentos de sufrimientos en los personajes. Únicamente se observa cierto momento de descontrol en la cámara, correcto descontrol, en la agradable secuencia del enfoque a los interminables campos de girasoles, el vasto campo ruso, observado ciertamente desde el tren, a bordo del mismo, como si se viera todo con los ojos de Giovanna, una perspectiva que salta, se mece a ritmo del tren, observa en silencio los girasoles, el bello símbolo del amor truncado en Rusia, de la muerte y destrucción de la guerra.





Es un papel en el que la Loren se luce completamente, interpretando esos papeles que tan bien se le dan, mujer de férrea voluntad, ahora retrata inquebrantable resolución para encontrar a un esposo que jamás da por muerto, y su interpretación es de las mejores que se le ha visto. La secuencia donde llora desconsolada al descubrir la verdad, está llena de sufrimiento, está destruida emocionalmente, y sus lágrimas se sienten más intensas que nunca, el fuego de la actuación de la Loren, mujer del cineasta en la vida real por cierto, no solo descolla en las secuencias de sexualidad o de furia, sino también potencia el dolor que transmite cuando Giovanna sufre, uno de los papales en los que mejor se le ha visto al símbolo sexual latino. Matroianni, por su parte, también está remarcable interpretando al esposo Antonio, que se va a otro mundo, y literalmente, pues, sin recuerdos, está iniciando totalmente otra vida, ajeno a su pasado, perdido, con una mirada distante y pensativa, como si siempre hubiera sabido que Giovanna existía, es un sufrimiento intenso también, pero sin palabras, pero con una expresión del mismo más mesurada. Una de las claves del éxito de la cinta reside en esa igualmente exitosa pareja, la Loren y Mastroianni que desprenden un química que se siente genuina, una pasión, un fuego netamente italianos, primero el fuego de la pasión y la felicidad, da lugar al sufrimiento, al desgarrador drama, cuando un amor que parecía poder vencerlo todo, vencer la distancia descomunal de un país a otro, vencer la imposibilidad de encontrar a alguien un país tan grande como Rusia, finalmente tiene que ceder al tener ya familia ambos. Entrañable la historia de amor truncado por la guerra, la guerra que modifica destinos y vidas enteras, pone insalvable obstáculo a los amantes, y queda todo representado en los bellos girasoles, vistos al inicio, en el medio, y al final de la película, simbolizando ese puro amor, que se deformó y finalmente se arruinó debido a algo más fuerte que ellos, la guerra. Notables actuaciones y una notable dirección para una gran película dentro de la filmografía del gigante De Sica. 


     



Posicionamiento Web Perú