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jueves, 31 de enero de 2013

Hiroshima, mon amour (1959) – Alain Resnais


Uno de los movimientos más indelebles en la historia de la cinematografía mundial fue La Nouvelle Vague francesa, también conocida como la Nueva Ola, el movimiento que inauguraba lo que a la postre se conocería como cine moderno. Aportes como el montaje, la manera en que se manejaba la cámara, la recordada técnica de cámara en mano, narraciones en off, nutrieron el cine de los primeros lustros acabada la segunda guerra mundial. Tres fueron los filmes angulares del movimiento: A Bout de Souffle (1959), de Godard, Los 400 Golpes (1959), del genial Truffaut, y esta cinta, Hiroshima, Mon Amour de Resnais. Quizás el menos comprometido con los principales lineamientos y directrices mencionados, el presente filme se erige como una de las primeras fuentes de renovación cinematográfica, y rebosa asimismo de un poderoso mensaje pacifista, acorde con el momento histórico de entonces, y además repotenciado por una desbordante poesía, poesía audiovisual, invaluable efecto que se logra gracias al aporte de una fuente providencial en la solidez de esta excelente cinta. Me refiero al elemento primigenio, el elemento inicial, la obra literaria en que se inspira el filme, el libro homónimo de Marguerite Duras, el cual nos traslada a la historia de Elle, una actriz francesa que está grabando un documental sobre la terminada segunda guerra mundial en Hiroshima, escenario de la bomba atómica, y ahí tendrá efímero pero intenso idilio con un japonés, que le hará rememorar un anterior romance con un nazi durante la ocupación germana en Francia. Con esa vertiente como hilo narrativo, nos adentramos en el severo viaje que es la cinta.

       


El filme comienza con imágenes de amantes, amantes que entrelazan sus cuerpos, sus brazos, mientras una suerte de cristalina lluvia los acaricia. Una femenina voz nos habla de su visita al hospital de Hiroshima, mientras sórdidas imágenes nos dan fe de la barbarie generada por la guerra, y por la furia atómica. Mares de humanos cadáveres, mórbidos desfiles continúan y se suceden, mientras la protagonista continúa hablando en off, obteniendo sendas respuestas negativas a lo que dice de su contraparte masculina. Terminado ese preámbulo, los amantes están ya conversando directamente, en la cama, ella, una actriz llamada Elle (ellaEmmanuelle Riva) le cuenta a su amante japonés, Lui (él, Eiji Okada), que está en Hiroshima para rodar un documental, le dice que es originaria de la ciudad francesa de Nevers, en la cual experimentó en carne propia los terribles ataques e invasiones nazis, y rememora algunas de esas amargas vivencias, que incluyen un romance con un oficial alemán (Bernard Fresson). Recuerda al muerto nazi mientras prosigue su idilio con el japonés. Es hora luego de continuar su trabajo, y tras una noche de pasión juntos, Elle debe partir, parece hacerlo en medio de lejanía y ambigüedad hacia su compañero. El documental, por otra parte, va ya tomando forma.




Algunas delegaciones de filmación van desfilando por la desolada y abandonada tierra japonesa, Elle y Lui se juntan nuevamente, los amantes se reúnen, Elle responde algunas interrogantes sobre su antiguo compañero carnal, y los múltiples encuentros que tuvieron. Elle le profesa a Lui su intenso amor, y, a continuación, le dice que, consecuentemente a su pensamiento de lo necesario que es olvidar, está empezando en efecto ya a olvidarlo a él también. Elle prosigue con su narración de lo sucedido con el alemán y narra la muerte de éste, suceso tras el cual han pasado ya catorce años. La obsesión con olvidar todo lo sucedido no abandona a Elle, que conversa, pero está como ida, se separan, deambula ella con dejadez, una constante contradicción tiene lugar en su persona, pues está deseosa de quedarse en Hiroshima, de quedarse con su nuevo amor, amor redentor, con el que olvidará todo lo pasado, pero prima antes que nada un ambiguo desprecio hacia su japonés amante. Tras movilizarse separados, cada uno por su cuenta, van dar al mismo bar, donde Lui intenta abordarla, el japonés está tan expectante como ella de cómo irá a terminar su idilio. El asiático insiste, va a ver a Elle, y ya juntos, ella rompe en llanto, ha decidido quedarse en Hiroshima, los amantes se quedan juntos, y ambos han adoptado nuevos nombres, ella es Nevers, y él, Hiroshima.





Resnais alcanza con su filme algo sublime, algo que se dice fácil pero que no se realiza de la misma forma, es hacer al cine hablar, hacerlo hablar sin palabras, teniendo para ello invaluable aliado en el apartado musical, esto se vuelve patente sobre todo en los primeros segmentos del filme, resurgiendo en algunos pasajes posteriores. Así, la inicial mudez de los personajes habla a través de la música. Se abre paso, y se abre paso a través de la inserción del poderoso texto, el poema inicial de la francesa Duras es lo que rompe el hielo, poderoso meollo poético, cuyos versos nos introducen al atemporal mundo del filme. Los metafísicos versos de la Duras nos abren las puertas al espectáculo de imágenes que se avecina, la poesía se anexa a lo carnal, fundiéndose en una poesía cinematográfica que tiene su cimiento visual en las intensas escenas de los amantes, a quienes inicialmente no reconocemos como dos individuos separados, pues actúan como una unidad, fundidos el uno con el otro. Es esta característica la que escinde al presente trabajo de los otros dos mencionados filmes, a los que muy usualmente se hermana la comentada cinta, y es que, al margen del aporte o novedad técnica y narrativa aquí encontrados, tenemos el aporte mencionado líneas antes, y es la poesía, la forma en que el guión, obra y gracia de Marguerite Duras, va guiándolo todo. Resnais nunca se consideró a sí mismo un mecenas de la Nueva Ola, rechazó ese para muchos bien ganado lugar, y protestaba contra el rígido realismo psicológico imperante en las adaptaciones literarias al cine por parte de sus camaradas cineastas de entonces. Paradójicamente, Resnais, en este filme, más que realizar lo que reclamaba a sus colegas, esto es, aportar, más que traducir texto literario al cine, termina haciendo precisamente eso, darle espacio a los escritos literarios, deja que éstos imperen en la cinta, y la poesía se vuelve el hilo argumental, el hilo narrativo, la clave para entender la intencionalidad del filme, una suerte de bizarra oda al olvido; pero Resnais lo hace en pro de la cinta, y en efecto, al darle libertad al texto, al permitirle llevar la batuta narrativa, impregna a su trabajo de la intensidad, la nostalgia, la belleza y la autenticidad del testimonio poético de la Duras, testigo de primera mano de la pesadilla de la guerra. Esto se siente particularmente en el preámbulo, el inicial segmento del filme.








En esta primera secuencia, apreciaremos a una fémina siempre ávida de conocerlo todo, deseosa de haberlo visto todo ya, pero prontamente su amante revienta la burbuja, afirmándole que ella en realidad no ha conocido nada, que no ha visto nada. Pero aunque Lui, él, se esmera en ello, en tratar de borrar sus recuerdos, sin darse cuenta él mismo se vuelve humana y viviente prolongación de los mismos, él prolonga sus vivencias, se prolonga el amor por Elle, ella, experimentando, ahora en la forma de un japonés militar, y Resnais juega con la plástica para materializar la continuidad, la unidad de ambos hombres, particularmente con las imágenes de las manos de los oficiales; la continuación, la prolongación del amor para Elle es pues flagrante, y correcto es el recurso por el francés cineasta utilizado. Es poderoso el efecto que consigue Resnais, combinando la bella poesía francesa, con las más bizarras imágenes de la destrucción generada por la furia nuclear, ciertamente la realidad supera a la ficción, y así veremos sórdidas imágenes, mezclas de planos de un ojo vaciado, desfiguraciones varias, todo conciliado con las perennes imágenes de los amantes, y es que un amor está naciendo mientras nosotros recapitulamos, recapitulamos ayudados por ella. Severo claroscuro temático el que construye Resnais, al interminable desfile de desolación humana y las ruines consecuencias de la guerra, a las pilas de cadáveres y extremidades humanas cual carnicería de hombres, se amalgaman nuestros protagonistas, materializando su acto de carnal amor. Terminado ese mórbido collage, ese preludio -que, dicho sea de paso, es una de las representaciones de la devastada Hiroshima que más destacado realismo y crudeza tiene, sobre todo considerando lo reciente que estaba todo lo sucedido-, comienza Lui con el interrogatorio sobre su extinto competidor, comienza la doble narración, el doble hilo argumental se va articulando, cimentándose en los amargos recuerdos de Elle. Resnais abandona un ya bifaz mosaico narrativo, dos amantes en intenso coito, sumados a las purulentas imágenes de muerte, por la segunda narración a dos bandas, nuevamente los amantes, por supuesto, sumados ahora a los amargos recuerdos de ella.







Resnais, por supuesto, nos entrega un filme que no en vano, ni mucho menos, es considerado piedra angular de la Nueva Ola, con su cinta rebosante de saltos de un plano a otro, de pausados giros y travellings que nos permiten explorar todo el campo de la escena, y claro, la cámara en mano, además de algunos claroscuros, lumínicos, contrapicados, etc. Hablamos pues, formalmente, de un filme con una narrativa plena en todos los recursos técnicos propios de la corriente que representa. Lo antes mencionado se suma y refuerza con otra característica propia de la Nouvelle Vague, y esto es la reducción del número de protagonistas, pocos personajes, lo cual permite, claro, realizar una exploración mayor, más exhaustiva, de estos caracteres, desembocando esto en una cinta de mayor solidez, un trabajo más compacto en lo que respecta a tratamiento de los personajes. Así nos sumergimos en el particular universo de los amantes, veremos cómo, con actitud tan tozuda como repetida en el género masculino, Lui se obstinará en interrogar y averiguar sobre el anterior idilio de su amante, una intensa noche se enfrenta a todo un romance, un romance trunco, y así se van desenterrando las vivencias de Elle, la que, paradójicamente, va dejando flagrantemente evidenciado su ineludible deseo y necesidad de olvidar todo lo antes vivido. Y es que para ella, Hiroshima simboliza el final de la guerra, es el inicio de un miedo desconocido, miedo a la indiferencia, y por ello al final se concreta poderosísimo simbolismo, cuando la fémina, ya superado el susto de lo pasado, ya superado el temor que sus recuerdos le infunden, entiende que es Lui el humano que representa el fin de todo ello, la prolongación del sufrimiento finalmente también trajo un nuevo comienzo, y él, al final, adopta ese simbólico nombre, él es Hirosohima, y ella, es Nevers, la ciudad francesa donde el amor comenzó, pues ella es el comienzo, y él, el final que llevará de nuevo al comienzo. Severo el hecho de que al final, cuando el clímax ha llegado, es recién entonces que los personajes adquieren una identidad, simbólicas identidades, pues ya dejaron de ser meramente él y ella, ahora cada uno es viviente alegoría. Interesante trabajo apenas distanciado por cuatro años del inmediato ejercicio anterior del realizador, el documental Noche y Niebla (1955), crudo vistazo al exterminio nazi al conmemorarse el primer decenio de acabarse esa pesadilla. Era un tema pues que había dejado poderosa impronta en Resnais, como en toda esa generación de personas, y el cineasta añade ahora a esa visión aterrada, arte, intenso y bello arte cinematográfico. Tenemos un filme que explora temas complejos, atemporalidad, amor, olvido, y es quizás por esto por lo que el presente trabajo se escinde de lo otros filmes con los que tan a menudo forma significativa triada.







En efecto, cumpliendo ya todos los formalismos propios de la Nueva Ola, la cinta de Resnais va más allá, y claro, buena parte de esto se debe a la Duras, fémina que por cierto luego alzaría vuelo propio como cineasta -curiosa característica por un cinéfilo a mí hecha saber: más de un novelista, colaborador de Resnais como guionista, eventualmente toma su propio camino en el séptimo arte, bonito facto que nos va deslizando la forma en que debía trabajar entonces Resnais, haciendo a los literatos decidirse a explotar en el cine-. El olvido es uno de los temas capitales del texto de Duras, y, por ende, del filme de Resnais, pues nos sumergimos en una realidad atemporal, donde se fusionan dos líneas del tiempo, una en plena guerra, con el terror y la destrucción produciéndose, pero con el amor fluyendo ya; esta realidad se fundirá con la actual, lo que podríamos llamar presente, la mujer sobreviviente a la pesadilla, ha encontrado un nuevo amor, en otro tiempo, en otro espacio, otro continente, y su efímero encuentro los escinde a su vez del resto del mundo. Elle en realidad siente terror al olvido, aún cuando éste purifica, deja atrás indeseables reminiscencias, se habla sobre una necesidad de olvido, hermosa paradoja, pues cuando algo queda en el olvido, humanamente hablando, eso se ha perdido para siempre, desde cierto punto, algo lamentable; pero viene a tallar luego nuevamente, la llamada necesidad de olvidar, de purificarnos, de empezar de nuevo, y la poderosa idea de que inmediatamente después de la destrucción, puede venir el alivio, un eslabón de destrucción puede preceder a un eslabón de creación, pues el amor se prolonga, y está por encima de las propias personas. Resnais no alcanza todavía el incomparable dominio y nivel de su magna obra, la dos años posterior El Año Pasado en Marienbad (1961), no alcanza ese desenfreno formal, esa rebeldía brutal y obnubilante, pues en este caso, los personajes, y la trama, lo son todo. Eso sí, eventualmente, y con perfecto acierto, Resnais retomará el elemento distintivo de la cinta, la poesía audiovisual, los profundos versos de Duras, plagados de nostalgia, de aislamiento, de dolor, de goce, de horror, sirviendo de auditivo fondo a los hechos que presenciamos. Hermoso filme que, además, sirvió para la reflexión del caso en su momento, Resnais continúa, consecuentemente, la senda que había iniciado con sus cortometrajes Guernica (1950) y la citada ya Noche y niebla  (Nuit et brouillard, 1955), desnudando con pasmosa crudeza y veracidad los horrores fe la guerra y la catástrofe nuclear, a veces el humano sólo así entiende, y esto colaboró en cierta medida a su buena acogida entre público y crítica. Notable filme, Resnais va encontrando lo mejor de sí mismo, y de paso, ayuda a otros artistas a encontrarse a sí mismos. De lo mejor del cine francés.







viernes, 30 de septiembre de 2011

Asuntos Privados en Lugares Públicos (2006) – Alain Resnais

Una de las últimas entregas del cineasta francés Resnais, y muy celebrada por cierto, galardonado como mejor director del 2006 con el León de Plata en el Festival de Venecia, asimismo fue reconocido como mejor película nacional para ese año. Están justificados los reconocimientos pues Resnais presenta una interesante película sobre relaciones humanas, sobre la constante lucha por vencer la soledad. Es una historia presentada en cierta clave cómica, pero con un drama de trasfondo, que puede llegar a conmover por momentos. La película, cuyo título original en francés es Coeurs (Corazones), está basada en la obra del dramaturgo Alan Ayckbourn, "Asuntos privados en lugares públicos", y de ahí adopta el titulo para países foráneos. Utiliza interesantes elementos narrativos que también sirven indivisiblemente como elementos expresivos, y ahí radica siempre un gran atractivo de lenguaje audiovisual en una película. Además, tiene ciertas escenografías la cinta, que crean un ambiente completamente distinto al resto de los escenarios, comunica diferentes sentimientos, y crea otra atmósfera. Es una película agradable, que puede parecer ligera a un vistazo somero y superficial, pero encierra hermosura, y un drama humano que a todos toca enfrentar en algún momento. Buena selección la del reparto de Resnais, con algunos actores que repiten su presencia de anteriores títulos del francés, y que definitivamente no desentonan en sus interpretaciones.




Nicole (Laura Morante), está buscando apartamento para ella y su novio, es el frío Paris, donde también nieva. El vendedor es Thierry (correcto André Dussollier), un hombre mayor que trabaja con Charlotte (muy buena actuación de Sabine Azéma), una aún atractiva mujer madura, con quien comparten tiempo y algunos buenos momentos. Nicole está comprometida con Dan (Lambert Wilson), un ex soldado retirado recientemente y que se refugia de su improductiva e insatisfactoria vida en el alcohol. El barman que se encarga de suministrarle tragos es Lionel (Pierre Arditi), quien trabaja de barman por las noches, y de día debe cuidar a su procaz padre, que le hace la vida imposible a sus cuidadoras, una de las cuales resulta ser Charlotte, una mujer madura y sufrida, sola, pero profundamente determinada y religiosa. Thierry vive con su hermana Gaelle (Isabelle Carré), viven solos, y también libran su particular lucha por combatir la soledad. El holgazán e inútil Dan no consigue trabajo, vive a expensas de Nicole, mientras Thierry continúa su singular relación laboral con Charlotte, que le hace llegar unos videos con programas grabados, pero que contienen censurables imágenes de sí misma, mientras se sigue sometiendo a los maltratos y humillaciones del anciano padre de Lionel. No soportando la tensión, Nicole echa a Dan, y Thierry continúa su divertido entretenimiento erótico con Charlotte, quien tiene un acercamiento a Lionel y sus vivencias de niñez. Dan trata de empezar de nuevo, y conoce a la atractiva Gaelle, quien diariamente sale sola, en busca de compañía. Nicole vuelve y trata de enmendar su relación con Dan, pero es algo insalvable. Tras “intimar” con el anciano padre, Charlotte, que tiene un gracioso desencuentro con Thierry, tiene un interesante acercamiento final con Lionel. Al final, los seis personajes acaban solos.





Atractiva la propuesta de Resnais, seis variopintos personajes combaten algo que desconoce de edades: la soledad, y es que los protagonistas, ya sean jóvenes, maduros o ancianos, están todos solos, detestan esa soledad, y tratan de remediarlo, aunque ese remedio no sea precisamente la mejor opción. Estos personajes, sin saberlo, tendrán constantes encuentros y desencuentros, se relacionan, se distancian, comparten sus historias, en un enredado y entramado tejido amoroso que Resnais desgrana y nos presenta refinadamente. Muy interesante el trabajo que hace al utilizar la nieve como elemento transitivo, que nos transporta de historia a historia, de personaje a personaje; el constante y repetido uso de la nieve, ese elemento gélido, crea un efecto que refuerza la soledad de los protagonistas, el distanciamiento, la frialdad de sus situaciones. Asimismo, la nieve es utilizada como recurso omnipresente incluso dentro de una casa, cuando hablan Charlotte y Lionel, trasciende escenarios y situaciones, no hay duda, es un elemento profundamente expresivo, la soledad es fría, es gris, es triste. En medio de todo esto, el único escenario distinto es el bar donde Lionel trabaja, donde Dan acude diariamente, donde se conoce con Gaelle, y donde Nicole da el último intento por salvar su relación. Interesante la caracterización visual de ese escenario que sirve a más de un personaje, es intenso, es chillón, es sicodélico y misterioso. A ese respecto, alguna crítica he leído que esa caracterización es interpretada como un estética feísta, y que sirve para cuestionar la estética global del filme, algo que no comparto, para nada. Notables también los trabajos que hace Resnais con la cámara, movimientos de exploración, la cámara se mueve, acompaña la narración, es un sello inconfundible e inevitable para Resnais, y es que la película está dotada de momentos innegables de escenificación teatral. En más de una ocasión, Resnais aprovecha ese planteamiento escénico, pero a la vez aprovecha los recursos propios del cine, como unos excelentes planos cenitales en determinado momento. En un final tan incierto como agridulce, todos terminan solos, pero en cierta forma, para bien o para mal, siempre podrán contar con algo: al final del día, saben que encontrarán lo mismo con lo que empezaron.


jueves, 29 de septiembre de 2011

Mi tío de América (1980) – Alain Resnais


Una de las producciones de un ya maduro Resnais, y ciertamente una de las más complejas de este titánico francés. Profundo estudio conductual el realizado por Resnais, en lo que por momentos parece un ensayo o proyecto de hipótesis sicológico sobre la naturaleza humana, los motores y estímulos que impulsan su accionar, en un muy interesante filme que llega a desnudar con precisión quirúrgica la naturaleza del hombre. Tal es el interés por documentar, explicar y fundamentar el estudio de Resnais, que hace un paralelo del hombre con unas ratas de laboratorio, Resnais reduce el hombre a un animal de laboratorio, disecciona el pensamiento, y llega hasta el comportamiento, sus causales, sus consecuencias también, todo materializado -para facilitar su estudio apoyado en una praxis común-, en las conductas de tres individuos, a quienes se va a estudiar de inicio a fin. El reparto actoral está a la altura del director, que combinando todos sus recursos, presenta esta cinta que produce una sensación de ser mucho más que una película, es un auténtico estudio de la conducta humana, para verse con mucha atención y, sobre todo, reflexionar.

        

Comienza la película, y a modo de collage vemos numerosas imágenes, oímos muchas voces de personas, conversan, planean el porvenir, se define una básica concepción: la elemental búsqueda de supervivencia. Así, audiovisualmente nos adentra en los backgrounds de los tres personajes estudiados. René Ragueneau, un empresario en ascenso, Janine Garnier, una actriz, y Jean Le Gall, un exitoso político, los tres, sus historias son revisadas desde el nacimiento, paralelamente y sin descanso, cada uno en su entorno, intelectualismo, burlas, hasta una isla alejada. Los tres van creciendo, y, una vez adultos, René (Gérard Depardieu), deja todo atrás y viaja a Paris para expandir sus horizontes; Janine (Nicole Garcia) escapa para siempre de casa y se inicia como actriz; Jean (Roger Pierre), se va forjando su camino en la política. René encuentra una dificultad cuando los dueños de su empresa desean fusionarla, lo cual le desagrada, pero debe asimilarlo y tratar diariamente con sus futuros socios. Mientras, el político Jean va teniendo éxito, se conoce y se relaciona sentimentalmente con Janine, quien después recibe la visita de la esposa de él, que le dice que está muriendo y desea recuperar a Jean. Así, el ejecutivo tiene dificultades laborales, la actriz y el político se separan, pero luego se reencuentran en una isla propiedad de él. En un punto crítico, René intenta suicidarse, quedando delicado después de su intento, mientras Janine y Jean no solucionan sus problemas. Finalmente, los tres atormentados personajes terminan en situación incierta. A lo largo de las tres historias, la narración científica en off nos hará alcances que nos darán completamente otra perspectiva con que mirar esos acontecimientos.




Lo más notable en  el filme es la estricta y marcada observación científica, racional, es un estudio clínico aplicado y demostrado en los tres protagonistas. La voz en off narra y postula los enunciados médicos, que a modo profético hablan de antemano el accionar de la naturaleza humana, sustenta las causas de ese comportamiento con la misma facilidad con la que predice el comportamiento de unas ratas de laboratorio, otros sujetos de prueba. Sin embargo la mencionada voz en off también sale de los propios protagonistas, enriqueciendo aún más este estudio, sintiendo el espectador que ingresa al mundo de los personajes. Veremos cómo las múltiples clasificaciones conductuales que hace la voz en off se materializan e ilustran a través de los comportamientos de los tres personajes. Interesante y llevado hasta lo cómico el paralelo que hace Resnais en su estudio científico de los humanos con las ratas, experimenta con el comportamiento animal, en un ejercicio similar al condicionamiento clásico de Pavlov, Skinner, entre otros renombres de la psicología. Ahí yace lo interesante del filme, la disciplina casi quirúrgica con la que se demuestra, se ilustra, a través de los actos de los personajes, las razones de sus conductas, y lo sencillo de la valía de básicos principios conductuales aplicables no sólo a ellos, sino a todos los humanos, y a los animales. En el aspecto técnico, si bien Resnais se ha alejado ya de la preciosista y abrumadoramente simétrica presentación estética de otros ejercicios cumbres, El Año pasado en Marienbad (1961) por ejemplo, conserva aún la belleza de la fotografía de su leal colaborador, Sacha Vierny. En el mismo plano, cierta frescura muestra en su técnica narrativa, intercalando las acciones del filme con breves secuencias de clásicos filmes franceses, sintiéndose esos breves segmentos como extensiones del relato actual, pues los movimientos o acciones de las viejas glorias actorales francesas que veremos en blanco y negro -principalmente el gran Jean Gabin-, muchas veces son en efecto extensiones de los movimientos propios, o incluso sentimientos de los personajes estudiados, es atractivo el recurso esgrimido por Resnais. El estudio, la estructura del filme se vuelve tan poderosa que hasta el propio científico, el Dr. Laborit, aparece como tal, revisando sus anaqueles, leyéndonos sus textos, hablándonos directamente de sus teorías, incontestablemente plasmadas en sus sujetos de estudio, tanto las ratas, como los humanos del filme; exquisito el recurso, que alcanza delirante nivel con los antropomorfizados roedores ejecutando muchas de las secuencias de la cinta. El elenco actoral, como se dijo, está a la altura del cineastaGérard Depardieu es un peso pesado entre los actores galos contemporáneos, tan cumplidor como se le conoce, Nicole Garcia y Roger Pierre, asimismo, no desentonan, se muestran ambos sólidos en sus tragicómicos papeles. Se termina de configurar una cinta distinta, seductora, que en su momento numerosos galardones obtuvo, Resanais continúa su particular evolución artística, un cineasta siempre digno de atención. En el final, mostrándonos imágenes de suburbios marginales, nos indica que quizás los problemas humanos no tienen mucha esperanza de cambiar o solucionarse, y probablemente es por nuestra propia naturaleza. Muy interesante película que debe verse con todos los sentidos. 


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